Cuando me paro a pensar...

Playa de El Palo, ayer
Playa de El Palo, ayer

Cuando me paro a pensar que lo que pienso está hecho con información de fuentes tan diversas...  En los repliegues de mi cerebro conviven los cuentos de Andersen y los de Borges, las guerras púnicas y las de las galaxias, los anuncios de gazpacho y la novena de Beethoven, Hiroshima y Georgie Dann, el jabón de las manos y los sonetos de Garcilaso, el padrino y las pelusas de debajo de la cama, caricias e instancias, un tinto de verano y el acorde de mi menor en la guitarra, Treblinka y Torremolinos, Sancho Panza y John Travolta, las reglas de las tildes y las del fútbol callejero, los papas y los boquerones en vinagre, la quinta declinación y las quintas columnas, las leyes de Mendel y Gloria Fuertes, las Pléyades y orzuelos, las canciones del verano y un haiku de Issa, Marx y Groucho, Ortega y Manet, los partidos políticos y los de verdiales, Sansón y Manila, Kioto y La Palma, el vecino de la tos y los crepes que hacía mi madre, este blog y los huevos fritos con tomate...  

 

Cuando me paro a pensar en esto, no sé qué pensar.  Será el verano, que es como una apisonadora para el pensamiento.

 

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Cumpleaños (otro)

Aquí dejo, como ya he hecho en otras ocasiones, un poema de A estas alturas, que viene a cuento en este día (tan señalado, que dicen los periodistas pedantes).

 

 

CUMPLEAÑOS

 

Un buen día lo precipitan a uno

desde no se sabe qué insondable altura

como a un saco lleno de sorpresas

y ese momento es ya una marca

en la falsa lista de los amaneceres.

 

Llegado ese momento  se cae

en la cuenta de que cada segundo

es como la bisagra

de la que sólo conocemos

una hoja o mejor

o peor aún, si me apuran,

que todos los minutos

son una broma tersa, brillante y resbaladiza

como este cuchillo de acero inocente

que divide el corazón de la tarta.

 

Sólo se piensa para atrás,

porque hacia adelante

en la parte de los dedos que señalan

la correcta dirección de nuestros pasos

no valen las nostalgias de talón,

que miren ustedes

por dónde murió aquel héroe.

 

Y uno ya está soplando

y es un céfiro de barraca de feria,

pues estas velas no mueven navío

ni buscan otro puerto que apagarse.

 

Y luego hacia los vasos,

como hacia la salida

y a través de sus cristales,

cuando se apuran los últimos sorbos

son tan feos los invitados,

que uno coge y escupe dentro

y simula un golpe de tos.

 

Pero al no verse luz alguna,

uno recuerda o inventa

que sólo se sale de donde

previamente se ha entrado

y que acaso no sea uno

ese saco de sorpresas

que los dioses tiraron a la tierra.

A lo más, la cuerda que lo ata

y de la que se vale el tiempo

para tirar con saña de las cosas

que ocurren o suceden.

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Proyecto Grecia

Antes de empezar, una advertencia: llevo años queriendo escribir este artículo, así que lo mismo me sale largo, denso y pedantesco.  Disculpen las molestias (a quienes aguanten hasta el final).

 

Después de muchos meses dándole vueltas al asunto, por fin pusimos a andar el Proyecto Grecia en el I.E.S. Al-Baytar, una experiencia de Aprendizaje Basado en Proyectos.

 

Quizá la educación sea una de las partes de la cultura que cuesta más tiempo y más esfuerzo cambiar.  Está basada en una larga tradición más o menos indiscutible y se arraiga en el miedo de lo malo conocido y lo malo por conocer.  El amigo, columnista y escritor Lorenzo Kraus ya lo ha dicho mejor que yo: "La de cosas que no se aprenden por culpa de las que nos enseñaron".  No obstante, desde el siglo XIX vienen planteándose reformas al estilo tradicional, aquel que se caracteriza por la clase magistral, el predominio de la memoria, la tiza, los deberes... y todo aquello que sigue siendo el grueso de lo que se entiende por educación, al menos en España.  Los métodos que propugnaban distintos caminos (Montesori, Steiner, Harkness, Robinson...) han quedado u olvidados o relegados a ciertos centros o países.  Y eso a pesar de que las leyes, desde la LOGSE, han recomendado dar un giro a la cuestión metodológica, sin mucho éxito, como vemos.  No quiero entrar a detallar más causas que las generales ya apuntadas arriba.  Como recordaba aquella parábola budista: de nada le sirve al soldado herido por la flecha conocer el nombre, la edad y la estatura del arquero que se la lanzó.

 

Pues bien, como decía, al fin hemos cerrado un proyecto interdisciplinar de cierta envergadura en 1º de ESO, animados por otros centros públicos que nos han precedido, sobre todo el I.E.S. Cartima, que dirige entusiastamente José Mª Ruiz, quien, además, ha contribuido a nuestra formación específica. 

 

Todo no hubiera sido posible sin la colaboración de muchos departamentos didácticos y, por supuesto, de los alumnos, que han dado, como casi siempre,  mucho más de lo que se les pedía: han construido relojes, han dibujado mangas, han hecho maquetas de sistemas planetarios, de barcos, de templos; paneles en inglés y francés sobre los juegos olímpicos... Y el departamento de Lengua Castellana y Literatura ha trabajado con la mitología.  Entre otras cosas, los grupos han escrito pequeñas obras de teatro que luego han representado con gran aparato de túnicas, espadas y alas de cera.  Nunca olvidaré un momento pseudovanguardista, movido por la desesperación por el atrezo de uno de mis alumnos, que usó, para representar la cabeza de Medusa, una fregona del Mercadona.  Muy limpia, sí, pero fregona.  

 

Espero que este primer paso no caiga en saco roto en años venideros y veamos más proyectos como este o parecidos.  A fin de cuentas se trataba de poner en funcionamiento la creatividad y la cooperación, dos cosas que escasean tanto por las aulas y se necesitan tanto (cada vez más) en la vida. 

 

Dicen que fue el gobernador del Pensilvania, inventor del pararrayos y cabeza visible de los billetes de cien dólares, Benjamin Franklin, quien dijo (o escribió) aquello de: "Dime y lo olvido, enséñame y lo recuerdo, involúcrame y lo aprendo".

 

 

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Initium

Uno de los primeros temas que compuse para Escarceos y simulacros.  Por el nombre que le puse, incluso podría arriesgarme a decir que fue el primero.

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Valle de los reyes

Este tema estaba tocado con un laúd que compré en El Cairo y un pandero (o así) que compré en Túnez.  

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Escarceos ("Cel-lie")

Hace unos años grabé un disco artesanal al que titulé Escarceos y simulacros. Amigos y familiares participaron en él cantando versiones (simulacros) de... quien cada cual quiso o gustó. Otros temas eran originales (escarceos) y los interpreté con guitarras, laúdes, panderos, instrumentos MIDI, bajo, etc.

Este que coloco aquí se tituló "Cel-lie" y es un tema instrumental con órgano Leslie, chelo, guitarra y bajo.  Denle al play que hay arriba a la izquierda.

 

 

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Página 216

En la página 216 de la nueva traducción de Martin Eden de Jack London, recién publicada por Akal, hay una nota en la que se me cita como traductor de los poemas que aparecen en el libro.  Esto hay que matizarlo.  La traductora traductora es Mª José Martín Pinto, compañera de faena en el instituto Al-Baytar, y el mérito es todo suyo.  Vaya por delante.  Y no parece que sea mera casualidad.  No paran de llamarla para traducir a los grandes.  Primero fue Huckleberry Finn, luego El gran Gatsby, ahora London.   Cualquier cosa.  Su trabajo es meritorio y de gran calidad.  Me consta su preocupación por los detalles y su afán por no dar por resuelto un enigma sobre un término en desuso con cualquier chapuza perifrástica.  

 

En su afán por pulir hasta lo mas cercano a la perfección su trabajo, me requiere esporádicamente para que versionee (más que traduzca) algunos poemillas que aparecen en las novelas.  Yo me limito a darle ritmo, rima y medida a lo que no puede tenerlo por razones evidentes.  Y ahí acaba mi contribución.  No voy a negar que no me desagrada (y acrecienta antibudistamente mi ego) aparecer en una nota a pie de página de uno de los grandes de la literatura con mayúsculas.  Gracias, Mª José, y enhorabuena una vez más.    

 

Como dije con ocasión de la publicación de El gran Gatsby, es un orgullo trabajar con personas que, contra viento y marea, a pesar de los recortes, el desánimo generalizado, el anonimato y demás avatares que unos conocen y otros intuyen, siguen manteniendo elevado el listón de la educación pública en España.  

 

Nota: me ha salido un final muy mitinero, será por tantas elecciones.

 

 

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La monja y el islam

Karen Armstrong era una monja católica, del Sagrado Niño Jesús, para más señas.  Pues bien, tras siete años enseñando como tal, abandonó la orden y se dedicó a estudiar, investigar y escribir sobre religiones con gran éxito.  El libro que quiero comentarles, al que llegué de manera casi casual, buscando otro del mismo tema, es impresionante.  El islam es una breve y clara historia, desde los tiempos del profeta hasta el 11S.  En sus páginas Karen Armstrong analiza meticulosa, pero amenamente, un hecho que ya conocemos de otras religiones: una cosa es lo que dijo el creador y otra lo que hacen los creyentes.   Desde el igualitarismo conciliador y pacífico de la primera umma (comunidad musulmana) hasta el racismo excluyente y violento del wahabismo saudí hay un abismo (valga el ripio).   Se pregunta la autora ¿cómo van a considerarse musulmanes personas que asesinan indiscriminadamente y beben alcohol antes de hacerlo?  

 

Me ha resultado especialmente interesante la idea central de que el islam es una religión práctica, que solo busca la felicidad y la justicia de las mayorías y que en esto consistiría precisamente la voluntad de Dios (o Alá, que no es otro Dios; es el mismo traducido).  Más "ortopraxis" y menos ortodoxia, o sea, menos predicar y más dar trigo. También son muy destacables la defensa de la mujer musulmana que hace una mujer católica, la revisión del término yihad y la reivindicación del sufismo y de pensadores conciliadores, como el marroquí Ahmad Ibn Idris, partidario de fomentar la educación entre los musulmanes, en lugar de la coacción y el sometimiento a reglas pretéritas que debieran ser renovadas o derogadas.

 

No es de extrañar que Karen Armstrong sea miembro de alto nivel de la Alianza de las Civilizaciones, un programa que propuso Zapatero en la ONU y que sigue funcionando, a pesar de los tiros, las bombas, los cabreos xenófobos y demás.   Es lo que tienen los libros, que se oyen menos que las ráfagas de ametralladoras y los tertulianos.

 

 

 

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Mitos, timos y mandarinas

Ayer vi una muy buena película, Mandarinas.  Un alegato antibelicista intenso, conciso, efectivo, bien filmado y magníficamente interpretado.  Estaba ambientado en las orillas del Mar Negro, en el Caúcaso, allá por donde los griegos situaban, más o menos, la Cólquide.  

 

Es bien conocida la historia de Jasón, que fue enviado  por su tío a robar el vellocino de oro, una especie de pellejo dorado, cuyo simbolismo ha sido ampliamente discutido.  Como a Teseo Ariadna, a Jasón lo ayudó Medea, hija del rey del lugar y hechicera malévola; se hicieron con la áurea piel y volvieron a Grecia.  Tras varias aventuras que no vienen al cuento, el asunto quedó en que Jasón se prometió con la princesa Glauca, hija del rey de Corinto, y Medea se agarró un enfado hiperbóreo o hiperbólico y asesinó a la princesa mediante una capa mágica que la incineró en cuanto se la puso sobre los hombros.  Así la cosas, la leyenda se bifurca y es a esta bifurcación es a la que quería llegar desde que empecé a hablar de mandarinas.  Dice la primera versión (la más verosímil) que los corintianos mataron en venganza a los hijos de Medea, pero hete aquí que la que conocemos popularmente es la segunda: que Medea mató a sus hijos.  Y todo porque , al parecer, para quitarse el intanticidio de en medio, los corintianos pagaron a Eurípides para que escribiera una tragedia que los exculpara.  Ah, la literatura, cuántos vellocinos sucios esconde. 

 

Las hechiceras, brujas y nigromantas siempre tuvieron (y tienen) muy mala fama.  Son restos o representantes de los poderes telúricos y matriarcales, de las religiones antiguas, anteriores a los dioses indoeuropeos, tan celestes, altivos y patriarcales.  Hasta hoy ha sobrevivido la ambivalencia de la Mater Poderosa Benefactora (Virgen del Gran Poder, Beatriz, la conductora de Dante, la Musa, la Amada...), junto a la bruja maléfica y pecadora (Eva, Circe, Salomé, la Madrastra, la Suegra Española...), con claro predominio literario y mítico de la segunda, por razones patriarcalistas que no hay que explicar demasiado.  De modo que la versión euripídica es la que coló por su alto poder dramático y por su mayor credibilidad religiosa y antropológica.  Ese sí que es un dinero público bien invertido y no lo de los aeropuertos fantasmas. 

 

Así que ya saben: coman mandarinas, pero del Valle del Guadalhorce, que nos pilla más a mano.  Y quien dice mandarinas, dice limones cascarudos, que pegan más con estas fechas apasionadas.

 

 

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Impronta

Dicen los psicólogos y los etólogos que la impronta es ese aprendizaje que se lleva a cabo en ciertos momentos de la vida y que marca para siempre al sujeto.  El caso más famoso es el de los pollitos, patitos, pichones o similares, que se ponen a seguir lo primero que se menea delante de sus ojos, sea su madre, otro pájaro, un triciclo o un robot japonés.  

 

En estos días me da la impresión de que los españoles hemos sido "improntados" en nuestra más tierna infancia y seguimos a pie juntillas el modelo de la discusión, la bronca, la polémica, el insulto y la calumnia.   Imagino que ocurrió en algún bar de barrio, en algún debate, coloquio o trifulca conyugal.  No importa que seamos de la vieja o de la nueva derecha, izquierda, centro, arriba o abajo.  Allá que vamos a meter el dedo en la llaga y la llaga en la sal, o en la cal.  Los políticos, que deberían ser, como los docentes y los padres, modelo de ecuanimidad, equilibrio y mesura, se desatan por un quítame allá esas facturas y el presidente del congreso tiene que llamarlos al orden, como si fuera el patio de un colegio. 

 

Muchos han sido, de distinto signo político, los que han destacado en este marasmo parlamentario la intervención contenida y elegante de mi colega de alma mater, el diputado Alberto Garzón.  Me alegro de esto por varias razones: por patriotismo chico, porque exista gente que valora las formas a pesar de discrepar en los contenidos y porque, para una vez, el andaluz (1) no era el que hacía los chistes.  Que no es que no sepamos hacerlos, es que los hacemos cuando vienen a cuento o nos place. 

 

 

1.- Es verdad que nació en La Rioja, pero toda su educación desde los nueve años hasta licenciarse en la universidad transcurrió en Málaga.

 

 

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Frivolidades

Mucho tiempo ha pasado desde la última entrada.  Hasta de una año a otro hemos saltado.  Las razones son muchas y variadas.  La primera quizá es que, por pura pereza o comodidad, me he pasado al microblogging, sobre todo en Facebook.  Además he estado de viaje por ese país que ustedes imaginan.  Hemos visitado Osaka, la querida Kioto y el monte Koya, lugar sagrado, donde está enterrado (otros dicen meditando eternamente) Kobo Daishi, una especie de Leonardo japonés, que inventó, entre otras cosas el silabario hiragana.  Sufrí un microtrauma cuando creí que estaba perdiendo mi escaso japonés, pero es que había una cantidad ingente de chinos por todos lados y, claro, no cogía nada.   Bueno, la vida sigue y ando metido en varios saraos artísticos y profesionales que ya les iré contando si viene al caso.

 

Lo que me ha hecho volver al blog ha sido el incidente que llamaremos "del comentario de texto".  Como quizá sabrán, unos titiriteros han sido encarcelados por apología del terrorismo, debido a que aparecía cierto cartelito (pequeñito) en una obra no apta para todos los públicos ni, al parecer, poderes públicos.  No soy nadie para juzgar a un juez, pero los Jueces por la Democracia sí.  Ellos son quienes han dicho que no concurrían las circunstancias para el encarcelamiento.  Al final los han soltado, pero, oh absurdo de los absurdos, los títeres siguen bajo custodia policial.  Como si fuera muy difícil coger un trozo de tela y pegamento y volverlos a hacer.  Y para dar un giro más a la espiral esperpéntica, la policía ha identificado a un joven que iba vestido (¡en pleno carnaval!) de los títeres o titiriteros de marras.  No quiero ponerme pedante y profesoresco, pero, para resumir, la presencia de un elemento en una obra de ficción puede cumplir funciones muy distintas.  ¿Incitaba Shakespeare al suicidio con la famosa escena de Hamlet? ¿Lo hacia al asesinato el orondo Hitchcock cuando lo de la cortina de la ducha?  A parecer, el cartelito apologista era colocado por la policía para incriminar a alguien, no para reinvindicar el contenido del mismo.  Dejémoslo ahí.  Mejor será.

 

Lo políticamente correcto está empezando a secar y socavar la creatividad.  Un ejemplo reciente me lo confirma.  El paisano Rovira en la gala de los Goyas hizo una broma sobre cultura y yates (que si él no tenía uno y no le importaba que subieran los impuestos que los gravan).  Pues se lo pueden creer: la Asociación Nacional de Empresas Náutica ha protestado.  Por frivolizar.  Que si mucha gente vive de eso, que si tantos millones se mueven a babor y estribor...  Pero, vamos a ver, estimados armadores, carpinteros de ribera, infladores de zodiacs y demás, ¿en qué momento del chiste se dice algo mínimamente crítico, sarcástico, apologético, denigrante o lo que sea contra este floreciente negocio de las quillas y los atracaderos?

 

De modo que frivolizar es malo.  Ser serio, racional y comedido es bueno.  Apolo, bueno; Dionisos, caca.  Si Nietzsche levantara la cabeza...

 

Aquí les dejó algunas fotos del viaje.

 

 

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Bécquer y la física cuántica

Este librito de Sonia Fernández-Vidal es un intento muy, muy didáctico de explicar los vericuetos y polémicas de los infinitamente pequeño, eso que tanto se oye de la física cuántica.  No es el más profundo que he leído, dentro de los didácticos de esta materia.  Como ustedes comprenderán, un pobre filólogo como yo no se va a meter en faena con los manuales técnicos de este asunto.  La autora se vale de una trama casi narrativa para acercarnos a conceptos intrincados e inaprensibles, como aquel gato de Alicia y el otro del experimento de la caja y el veneno.  Consigue su objetivo y  el lector se lleva una idea clara de la confusión del mundo cuántico y, de paso, de las polémicas académicas que lo rodean.


Dos pasajes me han llamado especialmente la atención.  El primero habla de  que si el núcleo de un átomo fuera como una pelota de ping-pong en el punto central de un estadio, los electrones serían como cabezas de alfiler que estarían dando vueltas sin parar por las gradas más altas.  O sea, que en la materia el 99,9999999999 % es vacío.  Si juntáramos todos los átomos de toda la humanidad y les quitáramos el vacío, la especie humana cabría en un terrón de azúcar.  Da que pensar.  Aunque la autora nos recuerda que algo parecido ya escribió Lao Tse en el Tao Te Ching: "En el Ser centramos nuestro interés, pero del No-Ser depende la utilidad". 


En el segundo que me ha conmovido se cuenta que en el cuerpo humano tenemos veinte miligramos de Potasio 40, que es radioactivo y desprende millones de neutrinos al día, los cuales viajan sin fin por el espacio a velocidades cercanas a la de la luz.  O sea, que cada uno de nosotros y nosotras estamos emitiendo una radiación que llega literalmente hasta los confines del universo.  Si esto no es poético, que venga Bécquer y lo vea: 

         

                           Rima IV

          Mientras la humana ciencia no descubra
          las fuentes de la vida,
          y en el mar o en el cielo haya un abismo
          que al cálculo resista,
          mientras la humanidad siempre avanzando
          no sepa a do camina,
          mientras haya un misterio para el hombre,
          ¡habrá poesía!



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Superficiales

¡Cuánto me gustaría ser un apocalíptico! Es tan simple.  Uno va y dice: "¡Cielos, qué horror! ¡El mundo actual es un desastre! ¡Igualito que antes, cuando éramos así y asá! ¡Todo el mundo es tan esto y tan lo otro! ¡Después de mí, el diluvio!, ¡etc!".  Pero parece que las cosas son un poco más complicadas.   Acabo de pasar las últimas páginas electrónicas de un libro interesantísimo sobre uno de los problemas principales de la cultura contemporánea: la influencia de las nuevas tecnologías en el cerebro humano.   

 

El autor, Nicholas Carr, que, según cuenta, no es sospechoso de ser un recalcitrante tecnofóbico, hace un repaso por otras máquinas que modificaron la mente (y por ende la vida) del ser humano, como el reloj o los mapas.  Basándose en serios estudios de campo, se pregunta cómo y cuánto está cambiando nuestra manera de leer, de escribir, de investigar, de concentrarnos... a partir de la generalización de internet en esta primera década del siglo XXI.  Los resultados son, por lo menos, inquietantes.  Ganamos información, velocidad, flexibilidad, pero estamos perdiendo la paciencia, la profundidad, la memoria, la constancia, puede que la creatividad, incluso la atención.  O sea, que, como siempre, cualquier avance técnico acarrea consecuencias buenas y malas.  El día que se comenzó a usar el arado, se empezaron a debilitar los brazos; con los primeros zapatos, los pies se hicieron más sensibles...

 

Así que lo que toca es aceptar lo que viene y procurar no perder lo que no queramos perder.  En algún momento del libro se habla de que estamos delegando demasiado pensamiento en las máquinas y esto puede llevar a cualquier cosa no muy buena.  Podríamos acabar con una inteligencia artificial de mayor calidad que la natural y a partir de ahí, bueno, pues ya lo dijeron Asimov y Matrix y Kubrick.  Aunque a lo mejor todo esto no es más que otra hipérbole apocalíptica, de esas que luego acaba en agua de borrajas, como pasó con la imprenta, el tren de vapor o los libros mismos, que Sócrates consideraba una herejía que iba a acabar con el pensamiento y la memoria.  

 

 

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Funestas casualidades

Esta mañana un pianista se ha puesto a tocar "Imagine" en la puerta de la sala de conciertos Bataclan de París.  Esta mañana también (ignoro por qué serendípica razón) ha circulado por las redes la foto de los guardias civiles fallecidos en el atentado de la Plaza de la República Dominicana, ocurrido el 14 de julio (día de la fiesta nacional de Francia) de 1986.  El día después de la muerte de  John Lennon (8 de diciembre de 1980) iba yo al instituto y me junté por el camino con Andrés Fernández Pertierra.  Así como de pasada le comenté la noticia, sin saber él lo que había pasado, y sin saber yo que él era un fan grandísimo de Lennon y los suyos.  Se quedó casi en estado de shock, pero se fue reponiendo, entró en clase y aguantó hasta el final de la jornada.  


Seis años después, Andrés murió en aquel atentado y hoy alguien pone su foto en mi pantalla, mientras en la tele suena la música que trata de mitigar otro atentado, obra de un músico cuya muerte le comuniqué a Andrés hace ahora treinta y cuatro años.  Una rueda siniestra de casualidades.



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Baby-Lonia

Los que esperen objetividad en esta entrada, ya pueden seguir navegando por otros blogs, porque voy a reseñar la obra de teatro que dirigen, producen y protagonizan mi hermano Monti Cruz y mi cuñada Susana Fernández.  

 

Se trata de una pequeña maravilla para bebés.  Todavía no había empezado y ya era un espectáculo en sí ver entrar a los niños y niñas con sus padres.  Se trata de un público difícil, el que más, que si se aburre, opta por gritar o interactuar con sus iguales.   Pánico y risa me estaba dando la perspectiva.

 

Pero empezó la obra y la magia fluyó.  De pronto todos se quedaron embelesados ante la interpretación y la manipulación de objetos y títeres.  De pronto era el público perfecto, dispuesto a creerse que un conejo va montado en un cohete, o lo que se tercie.  Esto no quita para que de vez en cuando alguno pidiera pipí u otros gatearan hasta entrar en el espacio escénico, dispuestos a llevarse (por delante) el atrezo. 

 

La obra en sí evita el diálogo, el monólogo y casi la palabra.  Arropados por la música de Antonio Meliveo, y solo a base de gestos y sonidos, Monti y Susana consiguen mantener la atención de los pequeños (y creo que aún más de los mayores), con una profesionalidad que no quiero encomiar más para no parecer familiarmente pesado e imparcial.

 

Al final, la idea que he sacado de todo esto es que hay teatro para rato.  Esta mañana he visto plantar las semillas del futuro público o del público del futuro.

 

Ah, están este mes y parte de diciembre en el Teatro Cánovas de Málaga.  Alquilen un niño si hace falta para ir a verla.



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Ya lo dijo Spiderman

El argumento de autoridad pasó una mala racha hasta la llegada de las infografías con citas de Paulo Coelho, Einstein y Gandhi.  Quedaba mal en una tertulia decir cosas como "eso es así porque lo dijo Aristóteles/Freud/Marx/Nietzsche" o "ya lo dijo Tertuliano" (de ahí vienen precisamente las tertulias).  Se consideraba que el que esgrimía semejantes argumentos era incapaz de demostrar lo que pretendía de forma rigurosa, científica y mensurable.  


Luego, como digo, llegó el tsunami Coelho y las aguas volvieron a su cauce.  Ahora cualquier idea bien infografiada, tenga o no tenga consistencia o faltas de ortografía y puntuación, puede ser esgrimida en las redes sociales sin el menor pudor.


Pero lo que he oído esta mañana sobrepasa los límites de la banalidad.  En un programa de radio daban un reportaje sobre los youtubers y una de ellas va y hace no sé qué declaración cargada de muletillas y remata la faena con un "ya lo dijo Spiderman ¿no?...".  No me he enterado de lo que dijo Spiderman porque mi cerebro ha sufrido un cortocircuito instantáneo.  Vale que los nuevos medios y las nuevas gentes tengan otros modelos de comunicación, otros referentes menos sesudos y polvorientos, más ligeros; vale que citen a Coelho sin haberlo leído más que en Twitter, pero de ahí a colocar a Spiderman como argumento de autoridad.  No sé.  Me ha parecido demasiado hipersuperultrapostmoderno.  Ahora bien, como dijo don Hilarión en aquella vieja zarzuela: "Los tiempos cambian que es una barbaridad".



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Las puertas del infierno y las del paraíso

Allá entre los siglos XVII y XVIII vivió Hakuin Ekaku, que reformó las enseñanzas del zen Rinzai, haciendo hincapié más en los enigmáticos koan que en la meditación zazen.  De él se cuenta esta anécdota.


   Un soldado llamado Nobushige vino a ver al maestro Hakuin y le preguntó: "¿En verdad existen un paraíso y un infierno?".  

   Hakuin le preguntó: "¿Quién eres tú?".  

   "Soy un samurái", explicó el guerrero.  

   "¡Un soldado!, ¡pues pareces un mendigo!", exclamó Hakuin.

   Nobushige enfureció y sacó su espada para matar al monje.

   "Aquí están las puertas del infierno", dijo Hakuin tranquilamente.

   En ese momento el samurái comprendió el mensaje del maestro y envainó su espada.

  "Aquí están las puertas del paraíso", sentenció Hakuin. 



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Aquella maldita medicina

Conocí a Luis González hace... puf, da miedo pensarlo... en el 89.  Coincidí con él en mi primer destino como profesor, en la pequeña y bonita ciudad de Medina-Sidonia.  Él daba griego y latín y yo, pues lo mío, Cervantes y el sintagma nominal.  No recuerdo cuál fue mi primera impresión del aspecto físico de Luis, porque de inmediato su personalidad alegre se impuso y las secuelas de la talidomida quedaron en un segundo o tercer plano.  Hicimos algunos viajes juntos (de estudios y de puro ocio).  Con los alumnos nos plantamos en la tan cacareada exposición de Velázquez en el Prado, pero no entramos por no hacer la no menos famosa cola.  Así que nos metimos en el resto del museo, que estaba casi abandonado.  Más tarde volvimos a Madrid (pasando por su casa familiar en Jaén) para ver a nuestros reverenciados Les Luthiers.  En aquella ocasión vimos, por recomendación suya, Bagdad Cafe en los cines Alphaville. En Medina Sidonia montamos un grupo carnavalesco que se llamó "Un negro en la corte del rey Arturo", en el que Luis hacía de Merlin y yo de Arturo, todo con un derroche hiperbólico de papel de aluminio.  Hay alguna foto por algún cajón, pero no es cuestión de airear deslices estéticos del pasado.

 

Luis y los suyos, los que sufrieron las consecuencias de aquella maldita medicina están intentado que, como ha pasado en otros países, se les indemnice.  Pero ya se sabe, las cosas en palacio van despacio... y en los de España lo van con saña.  Este pequeña entrada quiere ser una muestra de mi apoyo a las víctimas de la talidomida y a Luis González, ese amigo y profesor de Latín que un día fue Merlín.


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Miel en la punta de un cuchillo

Un viejo monje, que había vivido una vida muy activa, fue nombrado capellán de un convento de muchachas.  

     Durante las discusiones en grupo a menudo el amor se convertía en el tema central.  El monje advirtió esto a las jóvenes:

     --Debéis comprender el peligro que hay en el exceso en cualquier aspecto de la vida.  El exceso de ira en el combate lleva a la imprudencia y a la muerte. El exceso de ardor en las creencias religiosas conduce a la cerrazón y a la persecución.  El exceso de pasión en el amor lleva a construir una imagen de la persona amada, que poco tiene que ver con la realidad, lo que acaba en ira y frustración.  Amar demasiado es lamer miel en la punta de un cuchillo.

     Una de las muchachas le preguntó: 

    --¿Cómo es que un monje célibe como tú puede saber tanto del amor entre un hombre y una mujer?

    --En algún momento, queridas niñas, --respondió el anciano-- os contaré por qué me hice monje.

 

 

(cuento zen traducido de The Daily Zen, Charlie Ambler)

 

 

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La rana y la perspectiva

Una sabia rana zen estaba explicando a sus discípulas el equilibrio de la naturaleza:

   --¿Veis cómo esa mosca se come a un mosquito? Pues ahora yo me como a la mosca.  Todo es parte del gran orden de las cosas.

   --¿No es malo matar para vivir?-- preguntó una de las ranas pensativa.

   --Depende... --respondió la rana sabia, justo cuando se la tragaba una serpiente de un bocado antes de que terminara la frase.

   --¿De qué depende? --gritaron las discípulas.

   --Depende de si las cosas se ven desde dentro o desde fuera. --fue la apagada respuesta de la rana desde dentro de la serpiente.

 

                                        (cuento de Charlie Ambler, traducido y extraído de Daily zen)


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Las rebecas

Algunos años, como este, coincide la llegada de nubarrones y chubasquillos con los temidos e inútiles exámenes de septiembre (otro día explicaré uno de esos adjetivos).  Cuando eso pasa, viene a cuento que traiga aquí un fragmento del poema "Consagración del verano" (Múltiplos de uno), el cual, con el tiempo, me he dado cuenta de que trata más del otoño.  Eduardo Retamero así lo entendió también cuando musicó solo esta parte.


No ignoro que nos quedan calores hasta que aireemos las rebecas, pero entonces ya estaremos hablando de turrón y espumillones.



           A la sombra rayada de un cañizo

      oímos una tarde de septiembre

      callar a la juke‑box del merendero.

      Un nativo moreno fue plegando

      las hamacas y los hidropedales

      pusieron sus dos proas rumbo al cielo

      para así despedirse de sus primas,

      las bicis, que al revés sobre las bacas

      volvían a hibernar a los desvanes.

 

      Olor a sacapuntas y a libretas

      nos trajo desde tierra un viento triste

      que nos puso la carne de gallina

      nos hizo apetecer un buen caldito

      y aireó las rebecas del armario.


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Gallina de huevos de oro en escabeche

Se me ha ocurrido un chiste muy retorcido.  Si matamos a la gallina de los huevos de oro y nos dormimos en los laureles, podemos hacer escabeche con ella.

 

Explicación.

Tras el viaje a Burgos y tras varias conversaciones con personas que han salido/escapado de Málaga como turistas (sí, los habitantes de las zonas turísticas también podemos ser turistas), he llegado a la conclusión de que la Costa del Sol está explotando su situación como lugar puntero en el turismo español, europeo y mundial y no está demostrando la calidad que debiera.  No digo que no haya establecimientos ecuánimes que ofrecen lo que dicen ofrecer, cada uno en su nivel de campechanía o sibaritismo, pero en muchos otros dan gato por liebre y vinagre rojo por caldos con denominación de origen.  Hablo (y no es siempre, pero sí muchas veces) de porciones pequeñas, de productos mediocres a precio de exquisiteces, de escasa o tardía atención al cliente, de plantillas escuálidas con diez mesas por camarero, de recalentamientos masivos en el microondas...  Pongo un ejemplo reciente: hace unos días en un bar de barrio (que estaba vacío) tuve que decir tres veces tres que quería el bocadillo con aceite.  Tres.

 

Muchos son los que piensan que a la Costa va a seguir viniendo gente, cuesten lo que cuesten los tres boquerones con pan de ayer que emplatamos por diez euros.  Los aviones no paran de aterrizar a pares (y en paralelo con la nueva pista). Es el tiempo de arrasar, de vender a (valga la redundancia) toda costa.  Pan para hoy.

 

A los costasoleños que se hayan sentido dolidos y dolidas con esta entrada, les recomiendo que se den una vuelta por cualquier lugar de España (excluidos Madrid y Barcelona) y verán que una tapa puede ser media ración.  Y las ponen gratis con la bebida.

 

No entiendan que intento boicotear antipatrióticamente nada.  Lo que anhelo es hacer ver que si no cuidamos a la gallina, puede levantar el vuelo, rumbo a Agadir, a Matalascañas o a algún sitio de esos que, para nuestra suerte y su desgracia, siempre están en guerra.


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Verba volant

Ayer en un barrio de Málaga pasé junto a un trío de vecinas que rondaban los setenta años.  Dos de ellas oían atenta y silenciosamente a la tercera:

     --Hay personas que hacen más falta en este mundo que otras.

 

Ahí queda eso.  Los que quieran comentar la frasecita, que lean a Sir Francis Galton y aquel librito que escribió en la cárcel un cabo y pintor austriaco durante los años 20 del siglo ídem.

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Tornando la cabeça II

Aquí va (más tarde que nunca) la segunda entrega del viaje a Castilla.  

Como acabo de comentar en la anterior entrada, en Burgos y alrededores nos hemos sentido muy bien servidos en todos los momentos.  Incluso se dio el caso que el último día un grupo de camareros que (tautológica o sísifamente) estaban tomándose unas copas tras la jornada de trabajo, nos invitaron a cenar.  Habían pescado/capturado unos cangrejos de río y recolectado unos caracoles.  Con ellos habían cocinado sendos platos de la tierra en el cercano restaurante de un amigo.  Y allí que nos sentamos a comer y beber buen vino. Decían que su deseo era que no pensáramos que los del norte son gente huraña y poco hospitalaria.  Esfuerzo inútil, porque a esas alturas del viaje ya lo habíamos comprobado. 


El MEH

Junto con la catedral, el Museo de la Evolución Humana es lo mejor que se puede ver en Burgos capital.  Resumo diciendo que es uno de los mejores museos que he visitado (y no han sido pocos):  información suficiente sin excesiva erudición academicista, espacios amplios, magníficas maquetas, vídeos y reproducciones, itinerario bien organizado, edificio impresionante, interacción...  Para los amantes de las ciencias biológicas y de la prehistoria es un lugar indispensable.


Aquí van más fotos de Burgos y el MEH.


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Tornando la cabeça

(apuntes de un viaje a Castilla) I

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Las flores que salimos de su cabeza

La primera vez que Talycual se subió a un escenario fue para versionar una versión que Javier Krahe hizo de una canción de George Brassens.  Éramos menores de edad y era primavera.  Anticipándose casi cuarenta años a su imperfecto futuro, Eduardo Retamero olvidó unas cuantas estrofas y en menos de un minuto la bella, la traidora de Marieta ya estaba muerta.  Y yo con mi guitarra (y José Miguel con su pandereta en la cabeza) como sendos gilipollas.

 

Pasaron los años y la casualidad y nuestra osadía nos volvieron a acercar al maestro Krahe.  Fue una feria de agosto de Málaga. Para homenajear su canción "Nembutal". yo busqué en un vademécum medicinal que había por mi casa la fórmula del medicamento y nos hicimos un pancarta con la que nos plantamos en la caseta municipal.  Reventamos el concierto de la pobre Mari Trini y al final fuimos a los camerinos y le firmamos la pancarta que rezaba (lo recuerdo perfectamente) "ciclopental perhicroferantreno".  La pancarta tenía gracia pero más gracia tenía la cara de la gente con la que nos cruzábamos en el real.

 

Pasaron los años y volví a encontrarme con Krahe en un concierto en Algeciras.  Por alguna misteriosa (luego no tan misteriosa) razón, en el descanso del concierto se vino a hablar con nosotros.  Yo le recordé lo de la pancarta malagueña y él simuló recordarlo.  Luego Javier y su guitarrista se dedicaron a tirarles los tejos a nuestras mujeres de manera poco sutil.  De modo que hay quien va contando por ahí: soy amigo de un poeta malagueño, a cuya mujer le tiró los tejos un cantautor madrileño, a cuya mujer (canadiense) le tiró los tejos un cantautor (judío) canadiense.  Pelillos (cada vez menos) a la mar.

 

Pasaron más años todavía (parece mentira) y ya más maduros, seguimos haciendo tonterías.  Ahora era que Eduardo había compuesto una canción dedicada al maestro y se plantó en mi miniestudio casero para grabarla.  Yo le hice arreglos de fondo, ecualicé y edité un vídeo que (como corresponde) no fue trending topic ni prentendía serlo: https://www.youtube.com/watch?v=6LndCsAZtD8.  Ahí se explica en parte la fascinación que siempre ejerció sobre nosotros su sarcasmo, su inteligencia, su preciosismo verbal y su guasa trascendente.

 

Así que en este día en el que el maestro ha cogido su maleta de piel (para colmo), tengo que discrepar de las declaraciones que ha hecho su amigo Wyoming en el sentido de que "no ha dejado sustituto ni escuela".  Lo primero pase, pero lo segundo, no.  Hay muchas flores saliendo su cabeza.  Y más que saldrán.


 

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Publicación en Japón

Hace unos meses, casi un año ya, el recientemente fallecido profesor Yamazaki me ofreció participar en un libro que conmemoraba el cuarto centenario de la publicación de la segunda parte del Quijote.  No tardé nada en aceptar.  Había distintas posibilidades de formato y género y al final propuse escribir un relato.  Me centré en un suceso posible, probable, pero no probado: el hipotético encuentro entre Cervantes y Hasekura Tsunenaga, responsable de la embajada Keicho, que visitó al rey Felipe III en Madrid en febrero de 1615.  Lo titulé de forma pendante, barroca o cervantina "Donde se refieren apócrifamente algunos tropiezos, diálogos y ocurrencias que acontecieron a don Miguel de Cervantes y otro suceso de felice recordación". 

 

Dado que el libro se pensó para la venta en Japón, el relato lo tradujo el profesor Yamazaki y ahí está, sin que lo entienda cabalmente ni el propio autor que les habla.  La editorial es Ronso Sha de Tokio y por lo que que he logrado traducir toscamente se titula La época de don Quijote.

 

No es mi primera publicación en Japón.  Al margen de varias colaboraciones en Acueducto y el blog Paralelo 36º, escribí unos artículos para un libro colectivo sobre España, que salió a la venta en 2013.  Pero este relato tiene un valor especial por tres razones: por ser creación literaria, por ser un homenaje a la segunda parte del Quijote (en mi opinión y en la de muchos, mejor que la primera) y por haber sido traducido por el profesor Yamazaki.

Aquí les dejo unas fotos al respecto:  

 

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