De la poesía a los zombies

Esta entrada relata el osado viaje desde Juan Ramón Jiménez y Luis Cernuda hasta los zombies. Paso a explicarme. 

 

Hace un par de días en clase de bachillerato andábamos comentando dos textos de estos autores, "El viaje definitivo" y un fragmento de Ocnos.  Tras el análisis formal, más o menos aburrido y mecánico (tiene una estructura en tres partes, aquí hay una metáfora, allí hay un quiasmo), incité al alumnado a bucear en los posibles simbolismos implícitos en algunas palabras (pozo, túnel, serpiente, pájaros...) que aparecían desperdigadas por la prosa y la poesía.  Al principio andaban un poco parados, inexpertos en dar su opinión en un lugar donde pocas veces se la pedimos, y también recelosos de excederse en las interpretaciones.  Pero poco a poco fueron envalentonándose y aportando puntos de vistas interesantes.  La cosa fue a más y me animé a hablarles del psicoanálsis literario de Freud y sus famosos símbolos fálicos.  De ahí pasamos a los combates masculinos con espadas láser de La guerra de las galaxias (ahora conocida como Star Wars).  Y ya puestos, salté en el vacío y les pedí que intentaran interpretar el boom del vampirismo literario y cinematográfico de hace unos años y el de los zombies actuales.  Coincidimos en muchas opiniones y les expuse la mía: los zombies son un símbolo (casi una metáfora) de los desarrapados, malolientes y balbuceantes inmigrantes, que vienen del "más allá" a comernos vivos y a acabar con nuestro statu quo, por miserable que este resulte.  Una alumna replicó de inmediato, un tanto ofendida, que a ella le gustan las películas de zombies y los inmigrantes al mismo tiempo.  Le expliqué que los imaginarios colectivos son más sibilinos y potentes que las opiniones personales y que ocultan (o evidencian) ideas, sentimientos, temores, que ni siquiera sabemos que tenemos.

 

No sé si los convencí totalmente, pero al final de la clase varias alumnas y alumnos me propusieron hacer más comentarios, porque es una cosa sorprendente y, creo recordar que dijeron, "rayante".

 

 

Cada día que pasa en esta carrera de fondo docente por la que transito desde hace ya casi treinta años, confirmo la vieja cita del sabio Plutarco: "La educación es el encendido de una llama, no el llenado de una vasija".  Si hay que invadir la generación del 27 con zombies y espadas fálicas láser, se invade.  Cernuda y Juan Ramón aguantarán el tirón.  La cultura con mayúsculas lo resiste todo, o no es cultura, sino mera erudición academicista.

 

 

 

 

Lengua Castellana y Anatomía

Un día de esta pasada (y pesada) semana me ocurrió algo sorprendente, interdisciplinar, insospechado, mágico, curioso... Bueno, califíquenlo ustedes cuando termine de contarlo.

 

Llegué a la clase de 1º de Bachillerato de ciencias, de la que soy profesor de Lengua Castellana y Literatura.  El alumnado estaba terminando un examen de matemáticas.  Unos escribían a toda prisa las últimas operaciones, otras repasaban signos y otros ya se habían levantado y se dirigieron a mí: "Profe, ayer estuvimos leyendo tus poemas en clase de Anatomía".  Se rieron al ver mi cara de asombro.  Me contaron que la profesora estaba explicando el cerebro y las supuestas dos mitades, la analítica y la creativa, y le pareció adecuado ponerme como ejemplo de alguna de las dos (o de las dos).  Se llevó mi primer libro serio (Múltiplos de uno) y algún que otro alumno o alumna leyó en voz alta un poema.  No sé si llegaron a comentarlos a fondo, porque para eso iba yo precisamente ese día, para darles los instrumentos retóricos, genéricos, estructurales, simbólicos y demás que se usan para tal fin.   

 

Cuando la clase empezó y las cosas se asentaron les pregunté si es que yo tenía que impartir, a cambio, clases de anatomía.  Más tarde le di las gracias a la compañera y le dije que yo ya había explicado un poco de anatomía cuando hablé del funcionamiento del aparato fonador  (dientes, alveolos, cuerdas vocales)...  ¿Acaso no se llama mi asignatura como una parte de la anatomía humana, esa que sirve para paladear, besar y pedir la comida o que te besen?

 

 

 

 

 

Bisílabos

Facha, rojo, guiri, progre, jipi, choni, pijo, carca, chusma, indie... ¿Notan algo curioso en esta lista de calificativos del español? 

 

Son palabras bisílabas llanas que usamos para clasificar a la gente.  En teoría poética se llaman pies trocaicos o troqueos, es decir, un conjunto de dos sílabas que tienen acento en la primera.  

 

Con motivo de la pasada campaña electoral he notado esta tendencia del español al troqueo (al menos en el español de España), hasta el punto de que a veces oímos que la sílaba anterior al acento (pretónica) casi desaparece: "Paña" por "España", "quillo" por chiquillo, "ñoras" por señoras...  Otras veces se esfuman las posteriores (postónicas), como en los ya citados "progre" (progresista), "carca" (carcamal) o "finde" (fin de semana).  Y últimamente se recurre al anglicismo: "indie", "fashion", "runner".  Hace décadas ya que el fútbol (foot-ball) remató al balompié y (más recientemente) el basket, al baloncesto.

 

Muchos y muchas recordarán el soniquete trocaico que se producía en las "manifestaciones" de fervor patrio, cuando el pueblo repetía incansablemente el apellido del Jefe del Estado español hasta 1975.

 

No ignoro que en nuestra lengua hay insultos bisílabos agudos terminados en -ón, de enorme dureza y contundencia.  También tenemos un símbolo rotundo de españolidad, el jamón, que ya propuse que se incluyera en el escudo del estado, en lugar de ese potaje de leones, cadenas, barras, frutas y castillos. 

 

Pero creo que la tendencia al trocaico es imparable y proviene de la influencia secreta de palabras básicas con esa estructura acentual: madre, padre, patria, cielo, agua, tierra, aire, sangre, casa, cama, calle, muerte, vida, pasta, mucho, poco, novia, boda, ojo, ajo, mano, dedo, cosa, niño, suegro, guerra, sopa, olla, fuego, blanco, negro, dame, toma, calla, caca, culo... 

 

Fascista, comunista, librepensador, progresista y conservador suenan demasiado... largos.  Mientras terminas de decirlos, el contrincante, como quien agarra un buen guijarro al borde del camino y lo coloca en su honda, te ha podido lanzar un "rojo" o un "facha" que, como a Goliat, te deja cao (1).

 

 

 

 

1.- Cao no existe en el DRAE.  Lo pongo para hacer otro trocaico.

 

 

 

 

 

Atención al pasaje

Carteles electorales en la estación Senri-Chuo de Osaka.
Carteles electorales en la estación Senri-Chuo de Osaka.

Me fui a Japón el sábado antes del domingo de Ramos y me encontré en medio de otra campaña electoral, elecciones locales en este caso, si no he entendido mal a los candidatos que iban por Osaka en sus diminutas caravanas electorales.  No me voy a poner pesado con el civismo japonés y la forma de hacer las cosas allí, porque no quiero tentar la paciencia patriótica de parte de mi "lectorado".  Quien quiera, que vaya y lo vea.

 

La cosa es que, a pesar de las muchas veces que he visitado Japón en general y Osaka en particular, todavía he encontrado rincones y actitudes que me sorprenden.  Sólo voy a contarles una de ellas.  En los autobuses de línea del norte de Osaka hay un cartel luminoso que se enciende y se apaga casi continuamente.  Yo pensaba, en mi cuasianalfabetismo, que era el aviso de petición de parada.  Pero resulta que no.  El conductor lleva un micrófono inalámbrico y, aparte de dar las gracias cualquier persona que sale del autobús (y la mayoría de las veces se apean unas diez o quince personas), se dedica a decir frases que hasta ahora no entendía.  Poco a poco mi nivel de comprensión oral ha ido creciendo y, en un momento dado, entendí una palabra, hidari, que significa izquierda.  Más tarde creí oír migui, que significa derecha y me percaté de que cuando las decía, el autobús giraba en esos sentidos o direcciones.  Y decía también que íbamos a parar o que íbamos a arrancar...  Esta costumbre tiene un efecto inmediato en la seguridad de los pasajeros, pero también obedece a una técnica/hábito llamada shisha kanko, que consiste en verbalizar lo que se está haciendo.  La usan desde hace décadas los maquinistas de tren. Al parecer proviene de la meditación zen y con ella se consigue reducir el riesgo de error en un 85%.  Cuando vayan a Japón y monten en un tren, procuren ir al vagón de cabeza para observar al conductor. 

 

En esta jornada de meditación electoral, mi objetivo era concentrarme en pensar el voto, pero no voy a malgastar mis energías en ello, porque ya tengo el sobre cerrado y colocado en el mueble de la entrada desde hace días.  Lo que importa mañana es hacia qué lado queremos que gire el autobús (¿migui?, ¿hidari?), o si queremos que arranque, o que dé un frenazo brusco y nos estrellemos todos y todas contra el cristal del futuro.  Y, como decían Tip y Coll, la semana que viene, ya hablaremos del silencio.

 

 

 

 

 

Si Larra levantara la cabeza

Vale, es verdad que si la levantara iba a ser un espectáculo macabro, porque se la voló con una pistola, pero supongámoslo a modo de frase hecha metafórica.

 

El gran afrancesado, tildado de antiespañol por los definidores oficiales de la españolidad, hizo un dibujo implacabable de ¿aquellla? España reaccionaria y maleducada, que se comportaba en la diligencias como en el salón de su casa y en el salón de su casa como en un infierno doméstico.  Me acordé de él hace unos días en un restaurante muy concurrido.  Había personas de, por lo menos, tres nacionalidades (europeas), pero los que estaban armando el follón con voces y cánticos eran unos señores mayores franceses o belgas, que habrían bebido algo más que vasos de agua del grifo.

 

Aquellas críticas de Larra a la manera de comportarse de los españoles hoy día pueden seguir teniendo sentido, pero un sentido lato, no estricto.  Es decir, se comportan como españoles no sólo los españoles (y no todos), sino todo aquel que vive, come, duerme y paga parte de sus impuestos en España.  Porque me imagino muy fácilmente a todos esos francófonos en sus lugares de origen comportándose educadamente y sufriendo una metamorfosis ética en los aviones que los traen a estas "asoleadas" costas.  Fui testigo de una de esas transformaciones en un vuelo desde Amsterdam a Málaga, volviendo de Osaka.

 

No quiero unirme, vive Dios, al coro de quienes pretenden excusar todo lo malo propio minimizándolo o contrastándolo con los males ajenos.   Sé que la leyenda negra fue un invento anglofrancés para socavar los cimientos morales del imperio español,  pero es que entre que todo el mundo "espera a la inquisición española", famélicos lazarillos e invasiones más o menos heroicas, se lo pusimos a tiro o en bandeja de plata.

 

Más tarde Europa se arrepintió en el siglo XIX y decretó que todas esas cosas que nos hacían despreciables eran precisamente las más atractivas.  Y España se convirtió en el destino romántico de Byron y sus secuaces.  Buscaban el primitivismo rudo y sincero que Europa había perdido durante la Ilustración.  Ansiaban ser conquistados por cigarreras voluptuosas sevillanas, encontrar un tesoro de oro del moro en un castillo encantado, caballeros individualistas y utópicos con una escupidera en la cabeza...   Y el pobre Larra... buscando lo contrario.  Dicen que se dio un tiro por despecho amoroso, pero en esa cabeza que proponíamos levantar había más conflictos latentes.

 

 

 

 

 

Ética y estética del jurel

El jurel del índico (caranx ignobilis) tiene una extraña y hermosa costumbre.  En determinado momento del año remonta un río caudaloso del este de África y, al llegar a un punto concreto más remansado, se ponen a dar vueltas y a danzar sin ningún motivo conocido.  No van a aparearse, ni a desovar y morir como los salmones.  Simplemente se pegan una paliza de no sé cuántos kilómetros para bailar en agua dulce y volverse luego a la mar salada. 

 

Es el encanto hipnótico de las cosas inútiles, pero hermosas.  Hay inutilidades insidiosas y molestas  (que le pregunten a nuestros alumnos), lo mismo que existen hermosas y eficientes actividades en las ciencias exactas e inexactas.

 

La poesía quizá sea la máxima expresión de hermosa inutilidad practicada por el ser humano.  La danza ya sabemos que cumple varias funciones: cohesión social, mantenimiento físico y captación de posibles parejas.  La poesía, sin embargo, (salvo algunos casos de poetas maquiavélicos) no sirve para nada.  Esta falta de finalidad no implica que no tenga una causa.  En la universidad de Bangor (Reino Unido), el profesor Guillaume Thierry (que no parece, por cierto, muy inglés) ha descubierto una especie de mecanismo innato de disfrute de la poesía, al margen de su significado.  Los oyentes detectaban cacofonías y eufonías, sílabas que sonaban bien o mal, de forma inconsciente, sin poder explicar la razón.  El estudio concluía que el sonido de la poesía está relacionado con partes de nuestro cerebro, ajenas a la lógica del lenguaje comunicativo normal.  En otras palabras, que hay cosas que disfrutamos sin saber muy bien por qué ni para qué, cual si fuéramos jureles del índico.  

 

Cabría preguntarse cuánto de nuestro comportamiento corre tras algo y cuánto corre desde algo.  Esta reflexión que acabo de hacer puede ser un buen ejemplo de lo segundo, porque, la verdad, no sé para qué sirve saber que los jureles del índico son unos estúpidos estetas.  Como decían los Rolling Stones: "I know it´s only rock ´n´ roll but I like it".

 

 

 

 

 

Malabarismos semánticos

"La semántica es un arma de los rojos contra la libre empresa".  Creo que no es la primera vez que cito esta frase impactante que leí en un libro de Pierre Giraud, que,  a su vez, citaba al New York Times.   Última y curiosamente es otro sector político en España quien está también haciendo cuatro malabares léxico-semánticos para intentar parar la abrumadora adhesión de la sociedad al movimiento feminista.

 

1.- En primer lugar ha montado una falsa igualdad: feminismo es igual a machismo.  Es decir, según los proponentes, el feminismo intenta que la mujer tenga el mismo poder que ha tenido el hombre durante siglos, o más, cual erinias, gorgonas, sirenas o amazonas. Se salta así la definición del DRAE: "Principio de igualdad de derecho de la mujer y el hombre".

 

2.- Luego han procedido (al amparo, esta vez sí, de la RAE) a desmontar el sintagma "violencia de género".  Es cierto que la expresión no es muy afortunada.  El género es un concepto gramatical, el sexo no (la mesa es femenino, pero no es hembra y el cielo es masculino, pero no macho).  De modo que proponen "violencia doméstica" para sacar a la luz escasos casos de violencia infantil (activa y pasiva), violencia femenina (activa contra hombres) y violencia anciana (esta casi siembre pasiva).  Olvidan la violencia ejercida contra las mujeres fuera del ámbito doméstico, como, por ejemplo, en una encerrona durante los encierros de manadas de toros o humanos. Yo siempre he propuesto violencia machista, que creo que deja más claro de qué estamos hablando.  

 

3.- En paralelo han inventado el término "feminazi", derivado del tosco argumento retórico "ad hitlerum". Este consiste en atacar los argumentos del contrario diciendo que, por ejemplo, no lleva razón porque tiene bigote, como Hitler.  Y lo mismo vale para tener perro, flequillo, ser vegetariano, moreno o austriaco.  Este truco tiene unas altas dosis de hipérbole.  Si alguien prohíbe matar personas con un hacha, puedo rebatirlo diciendo que es un nazi dictador y como sigamos así, nos van a prohibir hasta comer jamón y cantar en la ducha.  De modo que si alguien propone vehementemente un cambio en las leyes por una flagrante indefensión de las víctimas, se le acusa de dictatorial, represiva, es decir, nazi.

 

4.- Y el último invento es el "feminismo liberal".  Aquí rige el principio de contaminación aproximativa.  Con él se intentan vincular las reivindicaciones femeninas a una tendencia política, con la consecuente creación de antónimos como "feminismo rojo", "feminismo comunista"..., que acaban por contaminar el término neutro y convirtiéndolo en algo negativo y no deseable.  Este fenómeno se estudió muy bien cuando en Estados Unidos la derecha empezó a llamar al impuesto de sucesiones, el "impuesto de la muerte", lo que hizo que muchos votantes lo vieran como algo funesto, en lugar de como una fuente de ingresos para la comunidad.

 

Se demuestra así que la semántica (y la lengua en general) es un arma de doble filo, que lo mismo sirve a tirios y troyanos para un roto que para un descosido.

 

 

 

 

 

Memoria y memorización

Una de las muchas polémicas que circulan en redes y barras de cafeterías de la educación es la gran (o pequeña) importancia de la memoria.

 

A poca gente le puede caber la menor duda de que si no sabes algo no podrás saber más cosas, ni hacer cosas con esas cosas que conoces.  Si no sabes qué es un destornillador no podrás ni sabrás usarlo.  Y dejemos de lado (por el momento) la infoxicación reinante, la abrumadura invasión de noticias que sólo buscan aturdirnos y no dejarnos ver el bosque.

 

El problema creo que se ha salido de madre.  No es que no haya que saber cosas; lo que no puede ser es que se aprendan (se memoricen) cosas por saberlas, sin saber para qué, por qué hay que saberlas, qué importancia tienen, ni nada que se le parezca. Y además se "explican" de una forma, vamos a decir, "inadecuada", mecánica a veces, no adaptada al universo mental ni al lenguaje de los receptores, sin relacionar lo explicado con lo que se vive día a día.   Unos ejemplos.  Hay que saber que la constitución de 1812 fue muy importante para la historia de España, que el ADN transmite la información genética a nuevas generaciones y que las palabras llanas llevan tilde cuando no terminan en vocal, en ene o en ese.  Saber hay que saberlo, el problema es cómo hacer que quienes tienen que saberlo sepan que hay que saberlo y no crean que estamos vendiéndoles motos antiguas, ajenas, abstractas, inservibles...

 

El quid de la cuestión está en que si una profesora o maestro llega a clase y suelta eso sin más (o el alumnado lo lee en un libro o en una web), incurrirá en una inocencia docente, que consiste en creer que, dado que tú crees (y sabes) que algo es importante, la muchachada y la chiquillada ya va a captar inmediatamente la relevancia (no digamos ya la belleza) de, por poner otro caso, la regla de tres o los sonetos de Garcilaso (perdón por el ripio, no lo he querido evitar). 

 

De modo que al final llegamos a la triste situación que vivimos gran parte del tiempo en gran número de lugares: el/la rapaz/a engullirá  esos conceptos o procedimientos (o los camuflará en una chuleta o pinganillo) y, llegado el momento, los regurgitará sobre el papel, cual madre de pingüino.  Posteriormente engullirá otros nuevos cruciales conocimientos, que nuevamente regurgitará y así (nunca mejor dicho) ad nauseam.

 

Por eso hay docentes que proponen construir una memoria significativa, basada en experiencias, en la diversificación de medios, en la implicación emocional, en la cooperación... En algo parecido a la vida, en suma, cualquier sistema que valide aquel viejo adagio atribuido a Benjamin Franklin: "Si me lo dices, lo olvido; si me lo enseñas, recuerdo; si me involucras, aprendo".

 

 

 

 

POETA 849

Mi bici bajo los cerezos. No es en Kioto, pero vale para el tema que se trata.
Mi bici bajo los cerezos. No es en Kioto, pero vale para el tema que se trata.

Hace una semanas contactó conmigo en una famosa red social Mónica Valencia Casal, quien me ofreció participar en un proyecto poético internacional.  Se llama Poetry Sound Library y consiste en un mapa interactivo en el que aparecen poetas de todo el mundo recitando sus propios versos.  El asunto tiene su epicentro en Italia, pero poco a poco se está extendiendo por toda la faz de la Tierra.  A un servidor le han asignado el número 849 y, además de un breve currículum, he subido la lectura del poema "Bajo los cerezos en Kioto".  Este es el enlace: https://poetrysoundlibrary.weebly.com/?fbclid=IwAR3k2E-FqwHqd_2bOtJcyPQm7aYZu3k_9YIXmIlgP7te14Kpab_8NR-2hSE .

 

Ni que decir tiene que agradezco que me hayan incluido en esta página y que se fomente la oralidad de la poesía, un tema del que no me canso de hablar en público y privado.  Y a mis amigos/as poetas les digo que ya he dado sus nombres para que pasen a formar parte de esta biblioteca sonora.

 

 

 

 

Teoría del aplauso

El aplauso es un hecho extraño: comunica la opinión organizada de un colectivo, pero es el resultado de la desincronización de palmadas individuales.  El respetable manifiesta su alegría o asentimiento mediante un ruido seco y brusco que casi nunca se hace de forma individual.  No voy a definir la palmada en sí porque no soy Julio Cortázar.  Aplaudimos porque los demás aplauden.  

 

Hay aplausos tibios y protocolarios que enmascaran y disimulan un silencio que resultaría demasiado cruel para quien canta, habla o baila.  

 

Cuando el público entiende que el aplauso no es suficiente, se pone en pie y grita palabras en italiano (sobre todo en la ópera).  En estos casos el aplauso se prolonga hasta un momento indefinido más allá de los tres o cuatro minutos y se le llama ovación.

 

De un tiempo a esta parte se está difundiendo el aplauso mudo en solidaridad con las personas hipoacústicas, que se realiza moviendo azarosamente las manos en alto.

 

 

En algunas zonas de España el aplauso pierde su naturaleza anárquica y acaba sincronizándose de forma mágica o instintiva en un ritmo dactílico (PLAS plas plas / PLAS plas plas / PLAS...) que amaina cuando el/la artista vuelve al escenario a hacer un bis.

 

Lo contrario del aplauso es el abucheo.  El abucheo se realiza sin palmadas.  En su lugar se emiten sonidos graves (con preferencia la vocal cerrada velar "u") entre los que sobresalen algunas interjecciones como "fuera" u otros insultos que dependen de la naturaleza del espectáculo o el contenido de la exposición, tales como "aficionado", "mamarracho", "hereje", etc.  El equivalente a la ovación en el abucheo carece de nombre, pero se caracteriza por el lanzamiento de objetos variados al escenario o estrado.  En tiempos de Lope y Shakespeare el público era muy de eyectar hortalizas.  Dicen que cuando se estrenó La consagración de la primavera, la mitad del público ovacionó a Stravisnky y la otra mitad lo abucheó.

 

Por lo que a mí respecta, sólo espero que esta entrada no sea motivo, como dijo Cervantes de sus entremeses, de una "ofrenda de pepinos".

 

 

 

 

 

De La Palma a Connecticut II

Aquí va la segunda y última entrega de las traducciones de cuatro de mis poemas que amablemente ha hecho Lucía Rodríguez García, aunque salga una entrada un poco larga: no quiero estirar más la cosa porque son piezas breves.

 

Pertenecen al libro A propósito, un término que en inglés se puede traducir como "by the way", cuando queremos meter un inciso en un discurso propio o ajeno, pero que también se puede trasladar como "about", que es la opción que ha adoptado con muy buen criterio la traductora, ya que ese es el sentido que tiene en este contexto.

 

Una vez más tengo que agradecer a Lucía y a su mediador padre que llevaran mis versos allende los mares y las lenguas.  Luego me darán los remordimientos budistas antiegocéntricos y me rasgaré las vestiduras.  Pero ya mañana si eso.  O el lunes que viene.

 

 

 

A propósito del sol entrando por la ventana

 

Más tarde o más temprano

todos los poetas,

acaban hablando del sol

que entra por sus ventanas,

metáfora, sin duda, de la inspiración

o metonimia, quizás,

de lo que hay fuera

y desdeñan.

 

 

About the sun that comes in through the window

 

Sooner or later

every poet

will end up writing about the sun

that comes in through their window,

a metaphor, no doubt, of their inspiration

or maybe a metonymy

of what is outside

which they disregard.

 

____

 

 

A propósito de un día cualquiera

 

Un día cualquiera

que estabas cortando ajos

o viendo una película antigua

o facturando maletas

en cualquier anodino aeropuerto,

nació un niño cualquiera

al que nunca conocerás

en cualquier hospital del mundo.

 

 

Tú no lo sabes, ni nunca lo sabrás,

pero será una de las personas

más importantes de tu vida

pues será el encargado

de sellar con silicona

tu tumba un día cualquiera.

 

 

 

About any given day

 

Any given day,

when you were cutting up garlic

or watching an old film

or checking in luggage

in a dull airport,

an ordinary child whom you

will never meet was born

in any old hospital in this world.

 

You do not and will never know,

but they will be one of the most important

people in your life

as they will be the one

to seal your coffin with silicon

any given day.

 

 

____

 

 

A propósito de las gloriosas batallas del pasado 

 

 

La sangre o los genes

de algún soldado victorioso

en Salamina o Waterloo

en Maratón o Guadalete,

corre por tus venas,

da forma a tu nariz

al color de tu pelo,

al timbre de tu voz.

 

Somos hijos de derrotas ajenas.

 

Nuestra vida se alza sobre los cadáveres

de aquellos a quienes asesinaron

nuestros crueles ancestros.

 

 

 

About glorious battles

 

The blood or the genes

of victorious soldiers

in Salamis or Waterloo

in Marathon or Guadalete,

runs through our veins,

give shape to our nose,

color to our hair,

and pitch to our voice.

 

We are the children of other’s defeats.

 

Our lives rise above the dead bodies

of those killed

by our cruel ancestors.

 

 

____

 

 

A propósito de la metafísica

 

Me pone de los nervios la metafísica.

 

¿Qué insolente despropósito es

querer saber qué se oculta

más allá de lo que ya existe?

 

¿Es que les parece poco

el misterio de una risa,

de una rosa, de un beso,

de un filete empanado,

de una canción tarareada

mientras se pasa la aspiradora?

 

¡Que no hay nada tras la pantalla!

 

¡Cómanse sus palomitas

y disfruten de la película!

 

 

 

About metaphysics

 

Metaphysics gets on my nerves.

 

What insolent nonsense it is

to want to know what is hidden

beyond what already exists.

 

Is the mystery of

a laugh, a rose, a kiss,

a breaded fillet,

a song being hummed

while hoovering

not enough?

 

There is nothing behind the screen!

 

Eat your popcorn

and enjoy the film!

 

 

 

 

 

Virus, luego existo

Dos artículos aparecidos en la revista Cell demuestran, argumentan, proponen que hay un virus dentro de nuestro cerebro que puede ser el causante de... ¿la degeneración neuronal? ¿la esquizofrenia? ¿el terraplanismo?  No, del pensamiento, del mismísimo pensamiento, ese que hace que esté tecleando estas palabras.  No me digan que no es inquietante.

 

Todavía se ignora el tipo de información que envía el virus Arc (que así le han puesto a la criatura) en unos paquetes de ARN que van de neurona a neurona. En la universidad de Utah y en la de mi querida Kioto hay dos investigadores dándole vueltas al tema.  O sea, ellos no, los virus que los dirigen. 

 

Ya sabíamos que tenemos millones de bacterias que nos ayudan a digerir lo que comemos, pero de ahí a que pensemos gracias a unos virus...  Ríanse ustedes de la invasión de los ladrones de cuerpo y de la niña de El exorcista.  Es que no hacen falta ni mutaciones.  Con infecciones nos conformamos.

 

El yo, la conciencia de ser lo que creemos ser, igual es una especie de patología, un resfriado mal curado.  Lo dijo Buda y por ahí van los tiros de la neuroquímica.  Descartes estará removiéndose en su tumba al enterarse de que lo infectaron, luego existía.

 

 

 

 

 

Se le secó el cerebro

Dice Cervantes en el primer capítulo del Quijote que al protagonista, "del poco dormir y del mucho leer, se le secó el cerebro".  Era Alonso Quijano un hombre "seco de carnes" que vivía en un lugar igualmente reseco.  

 

A fe mía que no era esta una idea original de don Miguel.  No era él hombre de ciencias y menos de las de la mente.  Su padre no pasó de barbero,  una mezcla extraña de peluquero, dentista y enfermero, que lo mismo entablillaba un brazo, que hacía una sangría para bajar la tensión.  La teoría de la sequedad venía dando vueltas desde Galeno, pero seguro que él la conoció gracias a Juan Huarte de San Juan, que en su Examen de ingenios para las ciencias escribió: «la vigilia de todo el día deseca y endurece el cerebro, y el sueño lo humedece y fortifica». 

 

Me acabo de encontrar con una charla TED, en la que el neurocientífico Jef Illif presenta un descubrimiento que corrobora esta idea de Galeno, Huarte de San Juan y Cervantes.  Al parecer, cada noche durante el sueño, el líquido cefalorraquídeo inunda como una marea cada rincón del cerebro rodeando los vasos sanguíneos.  Así se elimina la basura que generan las neuronas durante su actividad diurna.  Todas las células del cuerpo necesitan eliminar desechos.  Fuera del cráneo esta función la cumple el sistema linfático, pero la proteína beta amiloide que sueltan las neuronas sólo desaparece tras el baño balsámico del que hemos hablado.  Una vez sabido que el Alzheimer se debe a la acumulación de esta proteína, se está estudiando si la enfermedad puede estar relacionada con la falta de sueño o con el sueño de mala calidad.

 

Si no dormimos, el cerebro se amojama en su propia porquería, lo que traducido al "galenés" sería que no se moja, se seca y empezamos a ver míticos gigantes, relucientes castillos y refinadas princesas, en lugar de molinos de trigo, ventas de pueblo y burdas campesinas.  

 

 

 

 

 

La ventura de leer

No entiendo esas incitaciones que nos llegan por parte de editoriales y educadores: "vive mil aventuras con un libro".  Da la impresión de que tuviéramos que estar todo el día con un libro de Salgari o Stevenson en las manos y, al cerrarlos, con los ojos entornados, revivir incruentas batallas en los mares del sur, que ni siquiera sabemos muy bien por dónde caen.  De hecho en mi niñez, viendo el nombre del periódico que se publica en mi ciudad, creía que los Mares del Sur eran los que estaban enfrente de la Costa del Sol.

 

Pero volviendo al tema.  ¿Es que los libros sólo tienen que servir como evasión?  Me temo que el cine, la televisión y las drogas cumplen ya esa misión con mayor éxito.  La lectura debe aspirar a más: al llanto, al desgarro trágico, al desvelamiento de la fina cáscara de lógica que hay tras nuestra cómoda visión del mundo, al desamparo sin límites, al minucioso escudriñamiento del alma humana, a la denuncia de las maldades de esta sociedad y de las pasadas, al deleite en el poder evocador de las palabras y en su mera musicalidad...

 

Cuando veo esos anuncios de televisión y prensa en los que aparecen unos niños rubios y bien peinados, sentados en el suelo con la boca abierta, mientras de las páginas del libro surgen hadas, guerreros, piratas y duendes, me acuerdo de don Quijote, o sea, de Cervantes, que criticó ese tipo de literatura fantasiosa, escapista y perniciosa de finales de la Edad Media.  El viejo don Alonso se volvió majara.  Esperemos que las siguientes generaciones no se estrellen contra el molino de la realidad, que no para de moler principios y esperanzas para hacer el pan nuestro de cada día.

 

 

 

 

La primera golondrina

Quizá por influencia de Bécquer, siempre he sentido un vínculo sutil y estacional con las golondrinas. Este se reforzó en el instituto, cuando leímos en inglés (plano) "The Happy Prince", un relato de Oscar Wilde que cuenta la peligrosa relación de una golondrina con la estatua de un príncipe.  Ahí debajo hay todo un mensaje subliminal sobre la situación socio-sexual del autor.

 

No soy ornitólogo, ni siquiera ornitófilo, pero hace poco, tras un reportaje de la BBC, fui plenamente consciente de algo que todos sabemos superficialmente: las golondrinas migran cada año desde Nigeria hasta mi balcón, donde sus nidos vuelven a colgar.  Cruzan el Sáhara y se paran a beber en un oasis donde el sol ha concentrado el agua hasta el punto de hacerla venenosa.  Por suerte, un ejército de moscas sí puede beberla y filtrar sus tóxicos.  Así que las golondrinas se las comen y ya de camino se hidratan.  Podemos decir, pues, que las golondrinas beben moscas.

 

Justo al lado de mi ventana hay tres nidos.  Todavía están vacíos, pero ayer, mientras miraba distraído el atardecer, vi pasar a una de ellas, una avanzadilla de sus hermanas, que vendrán a ayudarnos contra moscas y mosquitos estivales.  Son innmigrantes incomprendidas, cuyos nidos derriban pintores o albañiles y cuyas heces nos molestan al caer sobre nuestros geranios.  Pero, como todos los inmigrantes, vienen por algo y para algo.  Huyen del infierno de África y nos ayudan a dormir sin las ventanas cerradas ni repelentes electroquímicos.

 

Dice el adagio que una golondrina no hace verano, pero esta exploradora nos asegura que el ciclo continúa.  Poetas y cuentistas del futuro tendrán a su disposición este símbolo fugaz, una superviviente que nos ayuda a sobrevivir.

 

 

 

 

Risa y política

Me confieso confundido con este tema desde siempre.  En un principio yo creía que la risa era revolucionaria.  Removía el cuerpo entero con sus convulsiones y, en consecuencia, se incitaba al cambio social y político.  Los adustos guardianes del poder recelaban de la popular risa del carnaval, que rompía las barreras de clase o estamento.  Bueno, no digo más de este tema, que para eso ya Eco se hizo ídem en El nombre de la rosa.  

 

Pero luego hubo un vuelco.  Lo mismo fue en los setenta o por ahí.  "Yo era un niño en los setenta" (como rezaba aquel poema del compi de facultad Álvaro García) y no estaba en esas disquisiciones.  Bastante tenía con aprenderme el Catecismo para hacer la comunión y vestirme de marinero en tierra.  Luego me di cuenta de que el poder más reaccionario se había apropiado de la bandera de la risa y que la izquierda se había vuelto adusta, seria y comprometida.  No estaba el horno para chistes.  La gente sufría en las cárceles, el pueblo era acallado con gases lacrimógenos, no "risógenos".  "¿De qué te ríes, camarada? Mira este moratón; mi novia está en Yeserías".  Y mientras tanto, en la televisión repartían fútbol, pan y risas para que la gente aturdida no anhelara, ni por asomo, el fin de la opresión.

 

Entiendo que para cambiar las cosas hay que ponerse serio, como Llamazares, como Stalin, como el mismo Hitler, un hombrecillo iracundo que no entendía las bromas de las vanguardias artísticas y las consideraba "arte degenerado":  "Un ojo para acá, una pechá de manchas sin sentido... ¡Seamos serios, señores arios!".  Cuando uno se pone dogmático, es fácil que le salgan antibufones como setas.  Por eso el liberalismo es más listo: deja hacer,  deja contratar con sueldos irrisorios, deja construir en primera línea de playa... Y si te enfadas, pues se ríen de ti.  

 

Así que la risa no es de derechas ni de izquierdas.  Es como la lanza o los misiles: un arma de ataque contra las firmes fortalezas de la moral, la certeza y la ortodoxia.  Nada hay más gracioso que un príncipe altivo resbalando con una cáscara de plátano. 

 

Pero no me gustaría terminar zanjando este asunto, como si estuviera en posesión de la verdad.  Eso provocaría las chanzas del personal y de mí sólo me río yo (y solo).

 

 

 

 

De La Palma a Connecticut I

Esta es una historia de las buenas.  Tengo un amigo desde la juventud ochentera, José Luis Rodríguez Escalona, que se fue a Granada a estudiar traducción y, por cosas de la vida, acabó instalado en Escocia con su familia.  Su hija, Lucía Rodríguez García, como todas las hijas suelen hacer, creció y, como pocas, se fue a estudiar biomedicina (sic) a la Universidad de Edimburgo.  Hasta aquí puede parecer una historia casi prototípica de los muchos españoles y españolas que se han visto obligados a ejercer su excelente preparación fuera de este país que ahora mismo no quiero ponerme a calificar.  Lo más curioso viene ahora.  Lucía se va un semestre de intercambio a una universidad de Connecticut, uno de los cincuenta Estados que se encuentran Unidos en América del Norte.  Y la cosa tiene más gracia, porque, dentro del plan de estudios, se le ofrece la posibilidad de una materia de traducción de poesía.  Y va y se mete.  Va el padre, como homme de lettres que es,  y le recomienda algunos poemas y va e incluye algunos míos en el cesto.  Y heme aquí, tras esta serie de casualidades, traducido al inglés como quien no quiere la cosa.  Y bien traducido, en mi modesta opinión de usuario de inglés de "nivel medio".  En esta entrada sólo voy a presentar un poema, que lo poco gusta, pero lo mucho cansa.  Otros días pondré el resto.

 

 

 

 

 

 

 

 A estas alturas 

 

 

 

“Al mediar la carrera de nuestra vida…”

 

Dante Alighieri, Divina Comedia, Canto I

 

 

 

A estas alturas,

 

a más de diez mil pies

 

de nuestras más sublimes expectativas,

 

a treinta y pico de años del despegue,

 

con las esperanzas al aire,

 

las pistas perdidas

 

y el alma inflada

 

como un globo aerostático,

 

muy por encima de océanos y calamidades,

 

de huracanes y remordimientos;

 

a punto de traspasar

 

la invisible barrera de lo sórdido;

 

con las bodegas atestadas

 

de trienios y alopecia;

 

con la radio oxidada,

 

la brújula imantada

 

y sin más rumbo que la inercia,

 

a estas alturas,

 

a estas vertiginosas alturas

 

justo ahora que iniciamos

 

las arduas, las tristes,

 

las siempre inevitables

 

maniobras del descenso…

 

 

 

 

 

 

At this high time

 

At this high time,

over ten thousand feet

above our most sublime expectations,

thirtysomething years from take-off,

with our hope in the air,

our track lost

and our soul swollen

like a hot air balloon,

way above oceans and catastrophes,

hurricanes and remorse;

about to cross

the invisible barrier into vulgarity;

with the hold jam-packed

with seniority and alopecia:

with a rusty radio,

a useless compass

and only inertia to guide us,

at this high time,

at this inevitable time

the very moment that we commence

the strenuous, the miserable,

the always inevitable

descent procedure…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Leer

La Secretaría de Estado para la Cultura publicó los resultados de la encuesta sobre hábitos lectores de 2017.  Siempre me gusta moverme por esa selva de gráficos y porcentajes a ver si encuentro alguna pepita de oro.  He aquí la más llamativa.  En un dato pequeñito que hay abajo a la izquierda en la página 124, se recoge que el 19,1 % de los niños de 10 a 14 años ha salido de copas en el último mes.  ¿No es revelador este dato?  Apenas me cuadra con el 98,8 % que dice haber leído un libro en ese mismo periodo.

 

El estudio ofrece más datos interesantes para docentes, familias y escritores/as.  El más interesante (y no sorpresivo) es que los jóvenes de 14 a 18 años invierten el 99,7 % de su tiempo en internet en mensajería instantánea.

 

El índice de lectura de libros es de 86,4 % en los jóvenes hasta 24 años, más de 20 puntos  que la gente de 40 para arriba, quienes no nos podemos mojar la barriga, pero que estamos todo el santo día hablando del apocalipsis cultural que se avecina.  Y las mujeres, por supuesto, leen un 10% más que los hombres, cosa que no me extraña lo más mínimo.  En la infancia niños y niñas se mantienen más o menos a la par, pero conforme avanza la edad, ellos se escoran más hacia el fútbol (supongo) y ellas mantienen alta la bandera de la cultura, hasta el punto de que hay más mujeres lectoras de 45 a 54 años que niñas.

 

El libro más leído en 2017 ha sido Patria, de Fernando Aramburu, quien, como autor, ha quedado en tercer lugar, pero cuatro por delante de la autora de Harry Potter, que todo hay que decirlo.  Y yo que me alegro. Viva la Patria.

 

Andalucía sigue por debajo de la media en casi todos los parámetros, pero mejorando un 10,1 % desde 2010 en "lectores de libros en tiempo libre", mientras la media de España sólo ha crecido un 3,1 %.  Menos da una piedra.

 

Quienes leemos en formato papel y digital leemos cinco libros más al año que quienes sólo lo hacen en papel.  Por cierto, en las poblaciones pequeñas crece el número de lectores digitales, que no pueden acceder a puntos de venta especializados.  Ni que decir tiene que los lectores de libros digitales han crecido desde un 47,8 % en 2010 hasta un 76,3 en 2017, aunque el total de lectores/as que usamos ambos medios seguimos siendo un cuarto del total.

 

Entrando ya más en materia literaria, vuelve a ganar por goleada la narrativa (novela y relatos) con un 62,9 %, frente a los pírricos 3,6 % para el ensayo,  1,1 % de poesía y 0,2, % para el teatro.  El único rayo de luz que nos queda a los poetas es que en 2012 leía poesía sólo el 1 %.  Ese 0,1 de incremento alguien tendría que enviárselo (vía güija) al amigo Bécquer:

 

    No digáis que, agotado su tesoro,

    de asuntos falta, enmudeció la lira;

    podrá no haber poetas, pero siembre

    habrá poesía.

 

 

 

Pozos y poesía

Poemas y campos están horadados de pozos.  El pozo es siempre inquietante; es como una lluvia invertida: sacar agua de abajo cuando no viene de arriba.  En clase de literatura de vez en cuando nos tropezamos con alguno.  Entre los más famosos está aquel de Poeta en Nueva York, "Niña ahogada en un pozo".  También se hizo popular hace unos años aquella otra niña japonesa de la película The ring, que salía de uno con los pelos vueltos hacia adelante y que atravesaba la pantalla para ¡matarnos a todos!...  Pozo y muerte son sinónimos en el imaginario del arte.  En la vida cotidiana el pozo es fuente de agua que nos da vida, pero en el in-subconsciente, el pozo da miedo.

 

Muchas veces hemos comentado en clase este poema de Juan Ramón Jiménez en el que el pozo no es el protagonista, pero aparece como sospechoso atrezo en un supuesto locus amoenus.

 

    El viaje definitivo

    … Y yo me iré. Y se quedarán los pájaros
    cantando;
    y se quedará mi huerto, con su verde árbol,
    y con su pozo blanco.

    Todas las tardes, el cielo será azul y plácido;
    y tocarán, como esta tarde están tocando, 
    las campanas del campanario.

    Se morirán aquellos que me amaron;
    y el pueblo se hará nuevo cada año;
    y en el rincón aquel de mi huerto florido y encalado, 
    mi espíritu errará nostáljico…

    Y yo me iré; y estaré solo, sin hogar, sin árbol
    verde, sin pozo blanco, 
    sin cielo azul y plácido…
    Y se quedarán los pájaros cantando.

 

Cuando les pido los/as jóvenes que analicen los elementos simbólicos de este aparentemente fácil poema, llegamos al pozo y nos tenemos que parar.  Cielo y pozo son casi antítesis de verticalidad ascendente y descendente.  Instalado en medio del huerto encalado, como en la adivinanza infantil, es blanco por fuera, pero negro por dentro.  Es el símbolo de la amenaza latente.  Todo está bien, hasta que deja de estarlo.  Es un cisne negro en medio de un estanque de blanca quietud.  Es la serpiente escondida entre la hierba: latet anguis in herba.  El pozo, más que dar, reclama, traga, engulle, mata.  Por su negro abismo se va el alma del poeta hacia el otro mundo.  Suerte que se quedan "los pájaros cantando", es decir, que sobreviven los poemas, "la obra", lo único que a Juan Ramón le importaba de verdad.

 

Casi siempre son los niños los que caen (o salen de) en los pozos.  Y no basta una piedra inestable para sellar su oscura energía centrípeta.  Hacen falta cien ingenieros para contrarrestar su poder.  Y suerte, mucha suerte.

 

 

 

Movimientos de tierra

Tal día como hoy en 1995 la tierra tembló en Japón con más intensidad de la normal.  Se le llamó el Gran Terremoto de Hanshin.   La ciudad de Kobe, cosmopolita y portuaria (en cierto sentido parecida a Málaga por la cercanía de las montañas a la costa) quedó devastada y murieron más de 5000 personas.  Hace unos años la visité por primera vez con unos amigos japoneses, que fueron testigos de aquel desastre.  Era de noche, se despertaron, salieron al exterior y la calle, tal como la conocían, casi había desaparecido.  Murakami (que vivió mucho tiempo en Nishinomiya, un pueblo cerca de Kobe) escribió más tarde una colección de seis magníficos relatos titulada Después del terremoto, cuya lectura recomiendo a todos/as ustedes.  

 

Y mientras tanto, por aquí se suceden también los movimientos telúricos, desagradables todos ellos.  Hay un cálculo renal que me tiene en estado de reclusión y hay un seísmo político muy relacionado con la tierra, esa cosa que está bajo nuestros pies y que algunos piensan que es suya por la única razón de haber nacido en ella, como si semejante acto tuviera algún mérito.  Más lo tienen los que arriesgan su vida en mares procelosos para llegar a estas montañas, llanos, mesetas y valles que llamamos nuestros.  

 

Es como si la tierra misma se hubiera enfadado con nosotros por patearla, ignorarla o usarla como estandarte y hubiera decidido llevarse a sus entrañas a un niño inocente provocándonos una angustia constante.

 

Les dejo un viejo poema de Múltiplos de uno, que quizá viene al caso.

 

 

    OCIO TELÚRICO

 

   La madre que nos parió

   esconde a veces secretos

   entre sus cantos rodados,

   o en el curso de las ráfagas

   de arena de los desiertos,

   o en los colores cambiantes

   de las rocas que se oxidan.

 

   Si escribimos, por ejemplo,

   nuestro nombre sobre el suelo

   calizo de una meseta

   y a los tres días volvemos

   y está completo o legible,

   es buen augurio.

   Si, en cambio,

   las letras han permutado

   sus puestos, esto es indicio

   de que la tierra no está

   contenta con nuestros pasos

   sobre su faz

   y nos requiere en sus minas,

   en sus cavernas profundas,

   para que le devolvamos

   el préstamo de la cal

   de nuestros huesos y el polvo

   en que nos convertiremos.

 

 

 

 

 

Ya a la venta

Hoy, 16 de enero, se acaba de poner a la venta un libro que recomiendo a todo el mundo.  A pesar de llevar apenas varias horas vivo, ya está siendo un éxito de público, de crítica no tanto.  Ya irán cayendo los sabios.

 

No voy a reventarles el argumento, pero sí les diré que es, antes que nada, un libro de risa, de mucha risa.  Te partes ya desde el título, que  expliqué en otro post de este mismo blog.  El personaje central es un loco delicioso y su compañero de aventuras, tal para cual.  Hay golpes, discursos, palizas, malentendidos, más golpes, promesas de futuras riquezas, polvo, sesudos discursos, vómitos, monstruos falsos, pequeñas historias que cuentan o viven los protagonistas... ¡Hasta sale el mismo autor haciéndose autopropaganda de otra novela suya! Qué cara más dura.  Mucha gente había leído algo de los primeros capítulos.  De hecho se dice que el novelista no tenía pensado continuarlos, pero que, visto el éxito, se animó a seguirla.  No se sabe muy bien si el resto lo escribió en la cárcel y tampoco se sabe exactamente el lugar en el que nació el protagonista.  

 

Puede que haya una segunda parte, pero si la hay, puede que sea mejor.  Este escritor va a más. Se ve que sus peripecias por Italia, la guerra y el secuestro de cinco años han servido para hacerlo madurar en el buen sentido de la palabra.  El éxito le ha sonreído en la última parte de su vida.  Más vale tarde que nunca.  

 

Pero dejen ya de leer esto y salgan corriendo a comprar El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. Lo vende en Madrid el librero Francisco de Robles, pero lo mismo se puede pedir por Amazon. 

 

(Pido perdón.  Me he equivocado de siglo, hoy es 16 de enero de 2019, no de 1605.  No importa: todo lo que he dicho vale para cualquier día que lean esto).

 

 

 

 

Caos, cosmos, cajones y poetas

Quizá hayan oído hablar de ella o la hayan visto incluso en su serie de Netflix. La frágil y educada Marie Kondo está siendo sometida a ataques desproporcionados por parte de un sector del público, sobre todo en las redes sociales.

 

Esta japonesa debutó hace unos años con un libro en el que presentaba su sistema para ordenar una casa.  Nada del otro mundo.  No es una filósofa, ni (como la llaman) una gurú, ni mucho menos una ideóloga.  Sólo dice cómo hay que tirar las cosas que nos sobran y cómo hay que guardar las que nos quedamos.  Así de simple.   Pues bien, ya he leído que esta actitud delata una especie de criptofascismo que explica la alianza de Japón con los nazis en la Segunda Guerra Mundial.  Una periodista española, por ejemplo, se veía impulsada a citar a Baudelaire para contrarrestar las ideas "kondianas".  De pronto hemos visto una reivindicación del caos, que no se veía desde los mejores tiempos del anarquismo decimonónico.  

 

No digo yo que el TOC (trastornos obsesivos compulsivos) del orden y la limpieza excesivos sean recomendables.  Tampoco creo que el caos que precede a los momentos creativos de ciertos artistas sea algo intrínsecamente malo.  El asunto aquí radica en que el éxito de Marie Kondo no se lo ha dado gente que se lava las manos cada cinco minutos o que pone las macetas en orden alfabético.  El meollo de todo esto es la conjunción de consumismo, falta de tiempo y casas menguantes.  Los cajones no cierran, las barras de los armarios se comban por el peso de tantas camisas y chaquetones, los salones se convierten en centros de almacenamiento semiprovisionales, los paragüeros esconden bastones de montañismo, las alacenas guardan platos para montar una cena en el palacio de Buckingham...  Y las sillas, las pobres sillas, apenas resisten el peso de la ropa de ayer, de anteayer y de hace dos o tres semanas.  Es así.  No lo neguemos: las cosas nos van a acabar echando de las casas.  

 

La danza dialéctica del caos y el cosmos es tan antigua como la humanidad.  Los antiguos griegos la personificaron con dos dioses: Apolo y Dionisos.  El primero auspiciaba el orden y la claridad; el segundo, lo orgiástico y descontrolado.  En Delfos se adoraba alternativamente a uno y a otro en distintas épocas del año. Así se mantenía el equilibrio universal.  Demasiado caos equivale a la muerte; demasiado orden, también.

 

De un tiempo a esta parte a los poetas se nos ha colocado en el lado oscuro de la balanza, con la absenta, Baudelaire, el rapto inspirador y demás, pero se olvida que el poeta tiene que medir sílabas, calcular posiciones de los acentos, escoger palabras de forma consciente y colocarlas al final de los versos para que rimen.  Un soneto es como una cajonera en la que no puede sobrar ni faltar ni un calcetín.

 

Así que, caófilos de toda índole, no la toméis con Marie Kondo, que en algún sitio habrá que meter ese muñeco diabólico que suena cuando lo pisas y que siempre está en medio del pasillo.  Siempre.

 

 

 

 

Trincheras

Monti Cruz en un fotograma de "El ambidiestro".
Monti Cruz en un fotograma de "El ambidiestro".

Entre quienes se la cogen con papel de fumar y la brocha gorda estamos salvados.  o sea, estamos aviados, que decía mi abuela.

 

Conviven en nuestros días, codo con codo, las opiniones de barra de bar y las de quisquillosos/as de toda índole, extremos que no se tocan porque andan atrincherados en sus respectivas ideas, ideologías o creencias. 

 

A los/as brochagordistas hay que alabarles el gusto por la simplificación contra una realidad confusa y demasiado líquida (en su opinión), pero cuando la simplificación deriva en simplicidad, muta a  imbecilidad.

 

A quienes abogan por el detallismo hay que aplaudirles su búsqueda de la verdad y la justicia, pero esta búsqueda puede incurrir en el ridículo y derribar todo lo conseguido.  Un último ejemplo.  En Alemania se ha prohibido el uso de un artilugio muy cómodo, que permite enviar órdenes a una web de compras cuando se acaba el papel higiénico o la pasta de dientes.  El problema es que en el contrato se habla de "pagador" no de "comprador" y eso acarrea que se pierdan los derechos del consumidor.

 

Hace años el director de cine Nono Palomino escribió y dirigió un magnífico cortometraje titulado El ambidiestro, que,  a la sazón, protagonizaba mi hermano Monti Cruz.  El argumento aborda la situación de un campesino desmemoriado por una explosión, que se encuentra atrapado entre dos trincheras de la Guerra Civil española.  Su imparcialidad amnésica lo convierte en enemigo de ambos bandos. 

 

En estos tiempos de violencia (sobre todo verbal) es más cómodo estar en la trinchera, al amparo de los tuyos, antes que exponerse al fuego cruzado de tirios y troyanos.

 

A pesar de que esta dicotomía no es exclusivamente hispana, vienen aquí pintiparados los versos del maestro Machado.  Él y su hermano también fueron víctimas de estas polarizaciones maniqueas (y que me perdone Mani, que en realidad no era tan maniqueo como cuentan).

 

     Españolito que vienes

     al mundo te guarde Dios.

     Una de las dos Españas,

     ha de helarte el corazón.

 

Hay quienes dirán que por qué "españolito" y no "españolita".  Otros dirán... Bueno, quizá no digan nada, porque no habrán llegado a leer a esta altura y ya se habrán atornillado a la barra del bar a hablar mal de los poetas y de los inmigrantes.  Y he aquí un ejemplo de lo que precisamente estaba argumentando. Quod era demostrandum.

 

 

 

 

 

 

Con papel de fumar

No cabe duda: vivimos un tiempo extraño.  No sé si es el mejor de los tiempos, no sé si es el peor de los tiempos, tomando palabras prestadas de Dickens.

 

En español castizo existe esta expresión un poco escatológica y cuasi soez: cogérsela con papel de fumar.  Alude a actitudes excesivamente pulcras, puristas, remilgadas, puntillosas, legalistas, pseudopuritanas...  

 

En este mundo digital (o no) del insulto instantáneo y de la reivindicación hiperbólica la primera baja ha sido el humor.  La irreverencia es políticamente incorrecta.  No se puede uno reír ni de su propia sombra.  Si bien es cierto que muchos chistes y expresiones partían de una situación pretérita, cargada de estereotipos rancios, que los cambios sociales han ido dejando atrás.  Los humoristas tienen que hacer un esfuerzo triple para buscar motivos de risa que no atenten contra ningún colectivo.  Todo el mundo quiere respeto, pero el respeto cuesta, como decían de la fama en Fama.  Lo que cuesta es que si no quieres que se rían de ti, pues no puedes reírte de nadie y, ya puestos, de nada.  

 

Esta búsqueda incansable de la comodidad y de la dignidad puede llevarnos a lugares insospechados.  Ahí están los que se molestan porque la gente hable como le han enseñado sus madres (de ahí lo de lengua materna) sea un idioma de los varios que se hablan en un país o un dialecto, que es una forma como cualquier otra de hablar una misma lengua.  

 

Hace poco vi una magistral película, Roma, de Alfonso Cuarón.  A mucha gente no le ha gustado y puede que lleven razón desde su punto de vista.  Quizá le sobren diez o quince o treinta minutos, sobre todo al principio.  No está el tiempo para derrocharlo viendo el agua de fregar (por poner el ejemplo de la toma inicial) yéndose por un sumidero, como nuestro propio tiempo.  Gustos aparte, lo interesante es que en cierta plataforma de vídeo y en algunos cines se ha presentado subtitulada en español "¡de España!".  Cuando la vi on line, no se me pasó por la cabeza que esa película necesitara subtítulos: hablaban en mexicano y si entendimos a inentendible Cantinflas, por qué no vamos a entender a gente normal de los años sesenta.  Antes debieran subtitular a algunos actores patrios que vocalizan deficientemente y que están sonorizados a veces de forma no completamente satisfactoria.

 

Y no es que yo esté en contra de la mejoras.  Lo que vengo a decir hoy es que sólo vamos a querer ver y oír lo que nos resulte más fácil y conforme a nuestros parámetros e imaginarios.  Sólo vamos a poder comer caviar en un cruasán de importación, regado con agua de las islas Fidji.

 

 

 

 

 

Un adjetivo para la violencia

En el BOE se ha instalado la expresión "violencia de género" y ya va a costar mucho trabajo cambiarla.  Los filólogos advertíamos hace tiempo que el género es un concepto gramatical, que no hay que confundir con el sexo.  La mesa es femenino, pero no hembra.  El crisantemo es masculino, pero no macho.  La auténtica violencia de género consistiría en decir, por ejemplo, "el cuchara" o "la tenedor".   Pero, como digo, esta batalla está perdida.

 

Ahora que ciertos sectores políticos y sociales están poniendo en tela de juicio la efectividad, legalidad y conveniencia de esta ley, cabe preguntarse si no hubiera sido mejor llamarla como algunos queríamos: violencia machista.  De este modo no cabría ninguna duda de a qué estamos refiriéndonos.  Incluiría así ataques en manada y demás violaciones y asesinatos cometidos por hombres contra mujeres, aprovechando la fuerza física o numérica.  Llamarlo doméstica o familiar sería otra opción, pero quedarían libres los asaltos callejeros o laborales.

 

Dejo para otros/as los análisis numéricos sobre cuántos asesinatos cometen las mujeres, los ancianos/as o los niños/as contra hombres, niños y ancianos.  Pero con los números, como con las palabras, también se puede mentir, dar a entender, tergiversar...  Hay que prestar atención, que el patio se está llenando con una legión de trileros vendedores de humo, himnos y rabia.

 

 

 

 

En caso de despresurización...

Una de las instrucciones de seguridad que se dan en los aviones siempre me pareció un poco extraña.  Normalmente va acompañada de un vídeo una animación en la que se ve a una madre con su hijo/a.  El texto viene a decir que la madre debe colocarse su mascarilla de oxígeno antes de ponérsela a su vástago.  En esos momentos siempre me imagino los instintos maternales saltando y mandando un mensaje, algo así como: "Ja, que te lo has creído.  Yo aguanto la respiración un ratito y le pongo la mascarilla antes a mi hijo.  ¿Qué tipo de inahumanos desaprensivos son estos técnicos en seguridad?".  La verdad es que la razón para dar esa recomendación contra natura es obvia: si te asfixias tú, no podrás ponerle la mascarilla a tu hijo, ergo ambos moriréis. 

 

Este es un asunto ético-pragmático que se puede extender a las religiones.  Algún que otro clérigo cristiano airado (desconocedor contumaz de otros credos) va por ahí predicando en YouTube que el budismo y todas esas creencias orientalizantes son egoístas porque anteponen la salvación o iluminación propias a las de los semejantes.  Lo primero que parece desconocer este hombre de Dios es que el propio cristianismo es una religión oriental que se coló en el sistema límbico del imperio y triunfó, una vez despojada de judaísmo por el caedizo Saúl de Tarso.  Después olvida que Buda, una vez conseguida la iluminación, se dedicó a procurársela a los demás.  ¿Cómo iba a hacerlo si no la había experimentado él mismo en sus, por entonces, escasas carnes?  Y lo mismo hizo el propio san Pablo, que primero vio la luz desde las patas de su caballo y luego intentó difundirla entre los demás a base de viajes y epístolas (palabras viajeras).  Y qué decir de nuestros místicos, que se encerraban en celdas en noches oscuras y a base de penitencias y oraciones veían a Dios y se quedaban "entre las azucenas olvidado"(s).  Más tarde, ya repuestos del éxtasis, se tiraban a la calle y a los pucheros de la monjas (Santa Teresa dixit) a proponer sus técnicas e ideas para mejorar la Iglesia y el mundo, con el consiguiente mosqueo de la Iglesia, que en el caso de San Juan de la Cruz, le costó la cárcel.

 

En otras palabras, todos estos líderes religiosos primero se pusieron la mascarilla y luego se la intentaron poner a los demás, sin que nadie los tildara de egoístas.

 

En su libro Preguntas a un maestro zen, Taisen Deshimaru lo explica mejor que yo:

"PREGUNTA:

¿No es egoísta la búsqueda personal de la liberación comparada con la búsqueda de la liberación colectiva?

RESPUESTA:

Las dos son necesarias.  Si no puedo resolver mi problema, no puedo ayudar a los demás a resolver los suyos.  (...)

Los occidentales siempre quieren ayudar a los demás.  Los católicos también quieren ayudar a los demás para su propia salvación, para su propio bien.  El Mahayana también quiere ayudar a los demás, pero antes debemos comprendernos a nosotros mismos".

 

 

 

 

El año que vi las ballenas

Fotograma del vídeo en el que capté la salida a la superficie de la ballena de Minke.
Fotograma del vídeo en el que capté la salida a la superficie de la ballena de Minke.

El año que vi las ballenas ha sido este, el que está a punto de acabar.

 

Han pasado más cosas, casi todas buenas y un par (o tres) de ellas menos buenas.  Estas, como han ocurrido en el ámbito privado y en el último cuarto, como dicen en el baloncesto, pues me las guardo en la baúl de los esfuerzos.

 

Este verano (lo aludí en otro texto) fuimos a Hokaido, para huir del cargante calor que ha hecho este año en Osaka.  Durante la estancia en Abashiri, a orillas del mar de Ojostsk, cogimos un par de veces un barquito que lleva a ver cetáceos.  Después de casi una hora alejándonos de la costa, el capitán dijo algo y viramos bruscamente hacia estribor (¿o era a babor?).  Pero no había ballenas: eran delfines del Pacífico, blancos y negros como las orcas.  Un grupo de unos veinte saltaba a lo lejos.  El capitán fue haciendo maniobras hasta que los tuvimos delante de la proa y, a veces, debajo de la quilla.  Un rato más tarde de nuevo giramos y aceleramos.  Y de nuevo los delfines.  Supongo que eran los mismos que andaban circulando por la zona.  Pasaron los minutos y el capitán puso rumbo al este, hacia los majestuosos volcanes de la península de Shiretoko (nombre ainu que significa "fin de la tierra").  Entonces, a unos veinte metros a las dos (es decir a mano derecha delante del barco) vimos salir un chorro de aire y agua, enseguida, un lomo gris oscuro casi negro y por último una aleta, pequeña en comparación con el resto del cuerpo.  Era una pareja de ballenas de Minke, un tipo de rorcual (balaenoptera acutorostrata) muy extendido por todo el hemisferio norte.  Parece que hay incluso hay en el mar de Alborán y alrededores.  No hubo saltos espectaculares, ni tocamos el lomo, ni nada de eso que se ve en los documentales que usamos como somníferos en la siesta.  La naturaleza es más conmovedora y menos espectacular.

 

Para un poeta procetácico como yo, fue un momento emotivo que hubiera sido casi imposible vivir sin la persona que me llevó tan lejos, al fin del mundo, donde los volcanes vigilan témpanos de hielo a la deriva.  Ojalá 2019 empiece mejor que está terminando 2018 y podamos volver a ver brillar el lomo de las ballenas en el mar de Ojotsk.