Si Larra levantara la cabeza

Vale, es verdad que si la levantara iba a ser un espectáculo macabro, porque se la voló con una pistola, pero supongámoslo a modo de frase hecha metafórica.

 

El gran afrancesado, tildado de antiespañol por los definidores oficiales de la españolidad, hizo un dibujo implacabable de ¿aquellla? España reaccionaria y maleducada, que se comportaba en la diligencias como en el salón de su casa y en el salón de su casa como en un infierno doméstico.  Me acordé de él hace unos días en un restaurante muy concurrido.  Había personas de, por lo menos, tres nacionalidades (europeas), pero los que estaban armando el follón con voces y cánticos eran unos señores mayores franceses o belgas, que habrían bebido algo más que vasos de agua del grifo.

 

Aquellas críticas de Larra a la manera de comportarse de los españoles hoy día pueden seguir teniendo sentido, pero un sentido lato, no estricto.  Es decir, se comportan como españoles no sólo los españoles (y no todos), sino todo aquel que vive, come, duerme y paga parte de sus impuestos en España.  Porque me imagino muy fácilmente a todos esos francófonos en sus lugares de origen comportándose educadamente y sufriendo una metamorfosis ética en los aviones que los traen a estas "asoleadas" costas.  Fui testigo de una de esas transformaciones en un vuelo desde Amsterdam a Málaga, volviendo de Osaka.

 

No quiero unirme, vive Dios, al coro de quienes pretenden excusar todo lo malo propio minimizándolo o contrastándolo con los males ajenos.   Sé que la leyenda negra fue un invento anglofrancés para socavar los cimientos morales del imperio español,  pero es que entre que todo el mundo "espera a la inquisición española", famélicos lazarillos e invasiones más o menos heroicas, se lo pusimos a tiro o en bandeja de plata.

 

Más tarde Europa se arrepintió en el siglo XIX y decretó que todas esas cosas que nos hacían despreciables eran precisamente las más atractivas.  Y España se convirtió en el destino romántico de Byron y sus secuaces.  Buscaban el primitivismo rudo y sincero que Europa había perdido durante la Ilustración.  Ansiaban ser conquistados por cigarreras voluptuosas sevillanas, encontrar un tesoro de oro del moro en un castillo encantado, caballeros individualistas y utópicos con una escupidera en la cabeza...   Y el pobre Larra... buscando lo contrario.  Dicen que se dio un tiro por despecho amoroso, pero en esa cabeza que proponíamos levantar había más conflictos latentes.

 

 

 

 

 

Ética y estética del jurel

El jurel del índico (caranx ignobilis) tiene una extraña y hermosa costumbre.  En determinado momento del año remonta un río caudaloso del este de África y, al llegar a un punto concreto más remansado, se ponen a dar vueltas y a danzar sin ningún motivo conocido.  No van a aparearse, ni a desovar y morir como los salmones.  Simplemente se pegan una paliza de no sé cuántos kilómetros para bailar en agua dulce y volverse luego a la mar salada. 

 

Es el encanto hipnótico de las cosas inútiles, pero hermosas.  Hay inutilidades insidiosas y molestas  (que le pregunten a nuestros alumnos), lo mismo que existen hermosas y eficientes actividades en las ciencias exactas e inexactas.

 

La poesía quizá sea la máxima expresión de hermosa inutilidad practicada por el ser humano.  La danza ya sabemos que cumple varias funciones: cohesión social, mantenimiento físico y captación de posibles parejas.  La poesía, sin embargo, (salvo algunos casos de poetas maquiavélicos) no sirve para nada.  Esta falta de finalidad no implica que no tenga una causa.  En la universidad de Bangor (Reino Unido), el profesor Guillaume Thierry (que no parece, por cierto, muy inglés) ha descubierto una especie de mecanismo innato de disfrute de la poesía, al margen de su significado.  Los oyentes detectaban cacofonías y eufonías, sílabas que sonaban bien o mal, de forma inconsciente, sin poder explicar la razón.  El estudio concluía que el sonido de la poesía está relacionado con partes de nuestro cerebro, ajenas a la lógica del lenguaje comunicativo normal.  En otras palabras, que hay cosas que disfrutamos sin saber muy bien por qué ni para qué, cual si fuéramos jureles del índico.  

 

Cabría preguntarse cuánto de nuestro comportamiento corre tras algo y cuánto corre desde algo.  Esta reflexión que acabo de hacer puede ser un buen ejemplo de lo segundo, porque, la verdad, no sé para qué sirve saber que los jureles del índico son unos estúpidos estetas.  Como decían los Rolling Stones: "I know it´s only rock ´n´ roll but I like it".

 

 

 

 

 

Malabarismos semánticos

"La semántica es un arma de los rojos contra la libre empresa".  Creo que no es la primera vez que cito esta frase impactante que leí en un libro de Pierre Giraud, que,  a su vez, citaba al New York Times.   Última y curiosamente es otro sector político en España quien está también haciendo cuatro malabares léxico-semánticos para intentar parar la abrumadora adhesión de la sociedad al movimiento feminista.

 

1.- En primer lugar ha montado una falsa igualdad: feminismo es igual a machismo.  Es decir, según los proponentes, el feminismo intenta que la mujer tenga el mismo poder que ha tenido el hombre durante siglos, o más, cual erinias, gorgonas, sirenas o amazonas. Se salta así la definición del DRAE: "Principio de igualdad de derecho de la mujer y el hombre".

 

2.- Luego han procedido (al amparo, esta vez sí, de la RAE) a desmontar el sintagma "violencia de género".  Es cierto que la expresión no es muy afortunada.  El género es un concepto gramatical, el sexo no (la mesa es femenino, pero no es hembra y el cielo es masculino, pero no macho).  De modo que proponen "violencia doméstica" para sacar a la luz escasos casos de violencia infantil (activa y pasiva), violencia femenina (activa contra hombres) y violencia anciana (esta casi siembre pasiva).  Olvidan la violencia ejercida contra las mujeres fuera del ámbito doméstico, como, por ejemplo, en una encerrona durante los encierros de manadas de toros o humanos. Yo siempre he propuesto violencia machista, que creo que deja más claro de qué estamos hablando.  

 

3.- En paralelo han inventado el término "feminazi", derivado del tosco argumento retórico "ad hitlerum". Este consiste en atacar los argumentos del contrario diciendo que, por ejemplo, no lleva razón porque tiene bigote, como Hitler.  Y lo mismo vale para tener perro, flequillo, ser vegetariano, moreno o austriaco.  Este truco tiene unas altas dosis de hipérbole.  Si alguien prohíbe matar personas con un hacha, puedo rebatirlo diciendo que es un nazi dictador y como sigamos así, nos van a prohibir hasta comer jamón y cantar en la ducha.  De modo que si alguien propone vehementemente un cambio en las leyes por una flagrante indefensión de las víctimas, se le acusa de dictatorial, represiva, es decir, nazi.

 

4.- Y el último invento es el "feminismo liberal".  Aquí rige el principio de contaminación aproximativa.  Con él se intentan vincular las reivindicaciones femeninas a una tendencia política, con la consecuente creación de antónimos como "feminismo rojo", "feminismo comunista"..., que acaban por contaminar el término neutro y convirtiéndolo en algo negativo y no deseable.  Este fenómeno se estudió muy bien cuando en Estados Unidos la derecha empezó a llamar al impuesto de sucesiones, el "impuesto de la muerte", lo que hizo que muchos votantes lo vieran como algo funesto, en lugar de como una fuente de ingresos para la comunidad.

 

Se demuestra así que la semántica (y la lengua en general) es un arma de doble filo, que lo mismo sirve a tirios y troyanos para un roto que para un descosido.

 

 

 

 

 

Memoria y memorización

Una de las muchas polémicas que circulan en redes y barras de cafeterías de la educación es la gran (o pequeña) importancia de la memoria.

 

A poca gente le puede caber la menor duda de que si no sabes algo no podrás saber más cosas, ni hacer cosas con esas cosas que conoces.  Si no sabes qué es un destornillador no podrás ni sabrás usarlo.  Y dejemos de lado (por el momento) la infoxicación reinante, la abrumadura invasión de noticias que sólo buscan aturdirnos y no dejarnos ver el bosque.

 

El problema creo que se ha salido de madre.  No es que no haya que saber cosas; lo que no puede ser es que se aprendan (se memoricen) cosas por saberlas, sin saber para qué, por qué hay que saberlas, qué importancia tienen, ni nada que se le parezca. Y además se "explican" de una forma, vamos a decir, "inadecuada", mecánica a veces, no adaptada al universo mental ni al lenguaje de los receptores, sin relacionar lo explicado con lo que se vive día a día.   Unos ejemplos.  Hay que saber que la constitución de 1812 fue muy importante para la historia de España, que el ADN transmite la información genética a nuevas generaciones y que las palabras llanas llevan tilde cuando no terminan en vocal, en ene o en ese.  Saber hay que saberlo, el problema es cómo hacer que quienes tienen que saberlo sepan que hay que saberlo y no crean que estamos vendiéndoles motos antiguas, ajenas, abstractas, inservibles...

 

El quid de la cuestión está en que si una profesora o maestro llega a clase y suelta eso sin más (o el alumnado lo lee en un libro o en una web), incurrirá en una inocencia docente, que consiste en creer que, dado que tú crees (y sabes) que algo es importante, la muchachada y la chiquillada ya va a captar inmediatamente la relevancia (no digamos ya la belleza) de, por poner otro caso, la regla de tres o los sonetos de Garcilaso (perdón por el ripio, no lo he querido evitar). 

 

De modo que al final llegamos a la triste situación que vivimos gran parte del tiempo en gran número de lugares: el/la rapaz/a engullirá  esos conceptos o procedimientos (o los camuflará en una chuleta o pinganillo) y, llegado el momento, los regurgitará sobre el papel, cual madre de pingüino.  Posteriormente engullirá otros nuevos cruciales conocimientos, que nuevamente regurgitará y así (nunca mejor dicho) ad nauseam.

 

Por eso hay docentes que proponen construir una memoria significativa, basada en experiencias, en la diversificación de medios, en la implicación emocional, en la cooperación... En algo parecido a la vida, en suma, cualquier sistema que valide aquel viejo adagio atribuido a Benjamin Franklin: "Si me lo dices, lo olvido; si me lo enseñas, recuerdo; si me involucras, aprendo".

 

 

 

 

POETA 849

Mi bici bajo los cerezos. No es en Kioto, pero vale para el tema que se trata.
Mi bici bajo los cerezos. No es en Kioto, pero vale para el tema que se trata.

Hace una semanas contactó conmigo en una famosa red social Mónica Valencia Casal, quien me ofreció participar en un proyecto poético internacional.  Se llama Poetry Sound Library y consiste en un mapa interactivo en el que aparecen poetas de todo el mundo recitando sus propios versos.  El asunto tiene su epicentro en Italia, pero poco a poco se está extendiendo por toda la faz de la Tierra.  A un servidor le han asignado el número 849 y, además de un breve currículum, he subido la lectura del poema "Bajo los cerezos en Kioto".  Este es el enlace: https://poetrysoundlibrary.weebly.com/?fbclid=IwAR3k2E-FqwHqd_2bOtJcyPQm7aYZu3k_9YIXmIlgP7te14Kpab_8NR-2hSE .

 

Ni que decir tiene que agradezco que me hayan incluido en esta página y que se fomente la oralidad de la poesía, un tema del que no me canso de hablar en público y privado.  Y a mis amigos/as poetas les digo que ya he dado sus nombres para que pasen a formar parte de esta biblioteca sonora.