Tal vez dormir

Un grupo de investigadores de Austria, Finlandia y Hungría ha descubierto que los árboles duermen.  Al parecer, cuando decae la luz pierden presión de turgencia, es decir, el agua que contienen se va hacia abajo y lo árboles dejan de hacer el esfuerzo de mantener las ramas erguidas, en busca del sol.  No es que se echen a roncar como un gato o se pongan pijama o chanel como una humana, pero se inclinan diez centímetros.  Se puede decir que echan una "ramada" o cabezada, como, por otra parte, ya sabíamos que hacen los girasoles.

 

Las personas gastamos ingentes cantidades de energía, es decir, de dinero, en mantener la luz durante las cíclicas tinieblas del planeta.  A veces, los fines de semana sobre todo, usamos persianas, cortinas, antifaces y almohadas, para evitar lo contrario y seguir durmiendo.  Dicen los investigadores que estamos haciendo la puñeta a los árboles de las ciudades, ya que, debido a la presencia de luz constante, no pueden descansar y acaban como los presos de Guantánamo, estresados y derrotados.

 

Y ¿cuál es la moraleja de esta historia?  Que hay que dormir, que hay saber seguir el ritmo de la naturaleza, que hay que darse de baja de Netflix, que hay que ver amanecer, un espectáculo maravilloso que sucede demasiado temprano.  En estos días tan ajetreados para los que nos dedicamos a la administración educativa, se echa de menos especialmente esa cronosincronía.  Los días se agolpan con sus tardes y sus noches y todo es un continuum de tablas, pantallas, papeles y peticiones.  Un no parar, pero hay que parar.  Aunque sea para escribir textos como este, para vivir y luego, si Hamlet me lo permite, tal vez dormir.

 

 

 

¡Decimonónico!

Antes de usar alegremente el adjetivo decimonónico como insulto sinónimo de rancio, atrasado, anquilosado, etc., deberíamos recordar que en aquel siglo vivieron, entre otros y otras, Beethoven, Goethe, Mary Shelley, Van Gogh, Hegel, Byron, Pardo Bazán, Austen, Marx, Bakunin, Baudelaire, Puccini, Galdós, Bécquer, Wagner, Wilde, Poe, Nietzsche, Flaubert, Balzac, Dostoievski, Twain, Tolstoi, Mendel, Darwin... cuyas ideas, colores, palabras, historias y sonidos forman parte del pensamiento y arte vigésimoprimario (o como se llame o se vaya a llamar).


Y tres cuartos de los mismo podríamos decir de la Edad Media, de la que el personal apenas conoce cuatro generalidades peliculeras, cuando no francas falsedades.  Un ejemplo: la gente estaba todo el día lamentándose de la vida y deseando morirse para ir al cielo.  Pregúntenle al arcipreste de Hita, a Boccaccio o a aquellas muchachitas mozárabes que cantaban pronográfica y contorsionistamente:

 

     ¡Tanto te amaré

     solo con que juntes

     mi ajorca del tobillo

     con mis pendientes!

 

 

Otra vez el futuro

Siguiendo con mi línea de lecturas alternativas (léase no literarias, o sea, no laborables), he dado por casualidad con este Pasaje al futuro, de Santiago Bilinkis.   Es un repaso por los avances más importantes presentes, inminentes y futuros en el mundo de la tecnología, biología, transportes, comunicaciones...  Se lo recomiendo a quienes quieran estar al tanto de tanta innovación.  Tengo un montón subrayado, para que luego no me cojan desprevenido.

 

Hay alguna reflexión especialmente jugosa.  Por ejemplo, cuando se habla de los móviles y del ensimismamiento que aísla a padres de hijos, Bilinkis se pregunta si los padres del pasado eran tan "humanos" y afables como muchos nos quieren hacer pensar.  Más bien, dice el autor, la relación se establecía a base de frialdad, guantazos y despotismo.

 

Lo más interesante (para uno al menos, que es un docente recalcitrante) viene al final, en el capítulo dedicado a la educación.  Empieza con esa famosa parábola del que viaja con una máquina del tiempo y se presenta en la actualidad, proveniente del siglo XIX.  No comprende cómo funcionan las calles, los transportes, los teléfonos, las camas de los hospitales..., pero se refugia en un colegio y allí, por fin, respira aliviado.  En las aulas se sigue dando clase aproximadamente como en el 1875: bancas, pizarras, alumnos en fila, profesores vigilantes y tensos...

 

Como siempre, les dejo una selección de citas de este capítulo, para que ustedes opinen al respecto:

 

-"La brecha creciente entre la experiencia dentro y fuera del aula es una receta para el colapso: si no empezamos a trabajar en un cambio profundo, el sistema simplemente dejará de funcionar, será imposible la captación de los chicos".

 

-"La escuela tiene de por sí sus propios problemas para poner límites, sea en la forma de reprobaciones o sanciones.  Pero cuando algún profesor o director osado lo hace, es habitual ver a los padres "compinches" protestando e increpando a las autoridades escolares, cual jugador que recibió una tarjeta roja".

 

-"La mayoría de los adultos (sea en rol de padres o de profesores), tiene la convicción subyacente de que es bueno dar a los chicos lo mismo que funcionó para ellos, y actúa en consecuencia".

 

-"...disfrazada de acciones renovadoras sigue acechando la resistencia al cambio, fuerza conservadora feroz que domina la cabeza de la mayoría de nosotros.  Un dato más: las autoridades que tomas las decisiones en materia de educación suelen ser personas más grandes aún  que los docentes del aula, lo que profundiza y fortalece tanto la brecha como la resistencia al cambio".

 

-"Rápido, ¿cuál era el nombre de tu profesora de Geografía de segundo año del secundario?  Probablemente te cueste recordarlo.  Si en cambio te pregunto cuál era el nombre de ese famoso oceanógrafo francés que hacía fascinantes documentales, probablemente cualquier mayor de 30 años recuerde enseguida a Jacques Cousteau".

 

-"El rol del profesor tendría que ser similar al de un curador: más que transmitir todos los conocimientos de manera directa, debería articular diferentes fuentes para lograr la mayor efectividad del aprendizaje".

 

-"Ahora, ¿cuántas de las funciones sociabilizadoras de la escuela se cumplen si la mayor parte del tiempo el docente habla mientras los alumnos, en "completo silencio" se esfuerzan por reprimir todos los sentidos salvo la vista y el oído, no distraerse y prestar atención?".

 

-"La escuela es irremplazable como herramienta para promover la igualdad y la inclusión social de las personas menos favorecidas".

 

-"...la meta deber ser mejorar las escuelas, no eliminarlas".

 

 

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La venganza de Apolo

Molesto sin duda (cabreado incluso) por el desprecio de parte de la humanidad (una pequeña), que olvidó que fue él con su lira quien inventó la lírica cantando, Apolo, dios del sol, amenaza con asestarnos una tormenta.  Lo ha dicho el gran boss, el presidente de los presidentes.   Es el apocalipsis del mes, quizá del año.  

 

No soy nadie para negar la posibilidad, ni la probabilidad.  En 1859 el evento Carrington iluminó los cielos de medio mundo y cuentan que en Londres se podía leer por la noche el periódico sin vela ni quinqué.   (Por cierto, mi amigo José Francisco Martín Caparrós ambientó su magnífica novela Informe boreal en esos momentos.  No se la pierdan). 

 

Las medidas de seguridad que se aconsejan son lógicas y humanizadoras: nada de máquinas, nada de ascensores, ni carreteras.  Tranquilidad, amontonar los congelados, desenchufar(se),  atesorar agua en los pisos altos, dejar de ver series y... lo más fraternal: establecer previamente un lugar de encuentro físico donde quedar tras la tormenta con familiares y amigos, para jugar a las cartas y a la oca, para hablar, tocar el ukelele y acariciarse, para contar leyendas de blogs desaparecidos, en los que se hablaba de tormentas solares que nos iluminarían las noches y, quién sabe, quizá los corazones.

 

 

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Cuando me paro a pensar...

Playa de El Palo, ayer
Playa de El Palo, ayer

Cuando me paro a pensar que lo que pienso está hecho con información de fuentes tan diversas...  En los repliegues de mi cerebro conviven los cuentos de Andersen y los de Borges, las guerras púnicas y las de las galaxias, los anuncios de gazpacho y la novena de Beethoven, Hiroshima y Georgie Dann, el jabón de las manos y los sonetos de Garcilaso, el padrino y las pelusas de debajo de la cama, caricias e instancias, un tinto de verano y el acorde de mi menor en la guitarra, Treblinka y Torremolinos, Sancho Panza y John Travolta, las reglas de las tildes y las del fútbol callejero, los papas y los boquerones en vinagre, la quinta declinación y las quintas columnas, las leyes de Mendel y Gloria Fuertes, las Pléyades y orzuelos, las canciones del verano y un haiku de Issa, Marx y Groucho, Ortega y Manet, los partidos políticos y los de verdiales, Sansón y Manila, Kioto y La Palma, el vecino de la tos y los crepes que hacía mi madre, este blog y los huevos fritos con tomate...  

 

Cuando me paro a pensar en esto, no sé qué pensar.  Será el verano, que es como una apisonadora para el pensamiento.

 

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Impronta

Dicen los psicólogos y los etólogos que la impronta es ese aprendizaje que se lleva a cabo en ciertos momentos de la vida y que marca para siempre al sujeto.  El caso más famoso es el de los pollitos, patitos, pichones o similares, que se ponen a seguir lo primero que se menea delante de sus ojos, sea su madre, otro pájaro, un triciclo o un robot japonés.  

 

En estos días me da la impresión de que los españoles hemos sido "improntados" en nuestra más tierna infancia y seguimos a pie juntillas el modelo de la discusión, la bronca, la polémica, el insulto y la calumnia.   Imagino que ocurrió en algún bar de barrio, en algún debate, coloquio o trifulca conyugal.  No importa que seamos de la vieja o de la nueva derecha, izquierda, centro, arriba o abajo.  Allá que vamos a meter el dedo en la llaga y la llaga en la sal, o en la cal.  Los políticos, que deberían ser, como los docentes y los padres, modelo de ecuanimidad, equilibrio y mesura, se desatan por un quítame allá esas facturas y el presidente del congreso tiene que llamarlos al orden, como si fuera el patio de un colegio. 

 

Muchos han sido, de distinto signo político, los que han destacado en este marasmo parlamentario la intervención contenida y elegante de mi colega de alma mater, el diputado Alberto Garzón.  Me alegro de esto por varias razones: por patriotismo chico, porque exista gente que valora las formas a pesar de discrepar en los contenidos y porque, para una vez, el andaluz (1) no era el que hacía los chistes.  Que no es que no sepamos hacerlos, es que los hacemos cuando vienen a cuento o nos place. 

 

 

1.- Es verdad que nació en La Rioja, pero toda su educación desde los nueve años hasta licenciarse en la universidad transcurrió en Málaga.

 

 

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Bécquer y la física cuántica

Este librito de Sonia Fernández-Vidal es un intento muy, muy didáctico de explicar los vericuetos y polémicas de los infinitamente pequeño, eso que tanto se oye de la física cuántica.  No es el más profundo que he leído, dentro de los didácticos de esta materia.  Como ustedes comprenderán, un pobre filólogo como yo no se va a meter en faena con los manuales técnicos de este asunto.  La autora se vale de una trama casi narrativa para acercarnos a conceptos intrincados e inaprensibles, como aquel gato de Alicia y el otro del experimento de la caja y el veneno.  Consigue su objetivo y  el lector se lleva una idea clara de la confusión del mundo cuántico y, de paso, de las polémicas académicas que lo rodean.


Dos pasajes me han llamado especialmente la atención.  El primero habla de  que si el núcleo de un átomo fuera como una pelota de ping-pong en el punto central de un estadio, los electrones serían como cabezas de alfiler que estarían dando vueltas sin parar por las gradas más altas.  O sea, que en la materia el 99,9999999999 % es vacío.  Si juntáramos todos los átomos de toda la humanidad y les quitáramos el vacío, la especie humana cabría en un terrón de azúcar.  Da que pensar.  Aunque la autora nos recuerda que algo parecido ya escribió Lao Tse en el Tao Te Ching: "En el Ser centramos nuestro interés, pero del No-Ser depende la utilidad". 


En el segundo que me ha conmovido se cuenta que en el cuerpo humano tenemos veinte miligramos de Potasio 40, que es radioactivo y desprende millones de neutrinos al día, los cuales viajan sin fin por el espacio a velocidades cercanas a la de la luz.  O sea, que cada uno de nosotros y nosotras estamos emitiendo una radiación que llega literalmente hasta los confines del universo.  Si esto no es poético, que venga Bécquer y lo vea: 

         

                           Rima IV

          Mientras la humana ciencia no descubra
          las fuentes de la vida,
          y en el mar o en el cielo haya un abismo
          que al cálculo resista,
          mientras la humanidad siempre avanzando
          no sepa a do camina,
          mientras haya un misterio para el hombre,
          ¡habrá poesía!



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Aquella maldita medicina

Conocí a Luis González hace... puf, da miedo pensarlo... en el 89.  Coincidí con él en mi primer destino como profesor, en la pequeña y bonita ciudad de Medina-Sidonia.  Él daba griego y latín y yo, pues lo mío, Cervantes y el sintagma nominal.  No recuerdo cuál fue mi primera impresión del aspecto físico de Luis, porque de inmediato su personalidad alegre se impuso y las secuelas de la talidomida quedaron en un segundo o tercer plano.  Hicimos algunos viajes juntos (de estudios y de puro ocio).  Con los alumnos nos plantamos en la tan cacareada exposición de Velázquez en el Prado, pero no entramos por no hacer la no menos famosa cola.  Así que nos metimos en el resto del museo, que estaba casi abandonado.  Más tarde volvimos a Madrid (pasando por su casa familiar en Jaén) para ver a nuestros reverenciados Les Luthiers.  En aquella ocasión vimos, por recomendación suya, Bagdad Cafe en los cines Alphaville. En Medina Sidonia montamos un grupo carnavalesco que se llamó "Un negro en la corte del rey Arturo", en el que Luis hacía de Merlin y yo de Arturo, todo con un derroche hiperbólico de papel de aluminio.  Hay alguna foto por algún cajón, pero no es cuestión de airear deslices estéticos del pasado.

 

Luis y los suyos, los que sufrieron las consecuencias de aquella maldita medicina están intentado que, como ha pasado en otros países, se les indemnice.  Pero ya se sabe, las cosas en palacio van despacio... y en los de España lo van con saña.  Este pequeña entrada quiere ser una muestra de mi apoyo a las víctimas de la talidomida y a Luis González, ese amigo y profesor de Latín que un día fue Merlín.


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Verba volant

Ayer en un barrio de Málaga pasé junto a un trío de vecinas que rondaban los setenta años.  Dos de ellas oían atenta y silenciosamente a la tercera:

     --Hay personas que hacen más falta en este mundo que otras.

 

Ahí queda eso.  Los que quieran comentar la frasecita, que lean a Sir Francis Galton y aquel librito que escribió en la cárcel un cabo y pintor austriaco durante los años 20 del siglo ídem.

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Tornando la cabeça II

Aquí va (más tarde que nunca) la segunda entrega del viaje a Castilla.  

Como acabo de comentar en la anterior entrada, en Burgos y alrededores nos hemos sentido muy bien servidos en todos los momentos.  Incluso se dio el caso que el último día un grupo de camareros que (tautológica o sísifamente) estaban tomándose unas copas tras la jornada de trabajo, nos invitaron a cenar.  Habían pescado/capturado unos cangrejos de río y recolectado unos caracoles.  Con ellos habían cocinado sendos platos de la tierra en el cercano restaurante de un amigo.  Y allí que nos sentamos a comer y beber buen vino. Decían que su deseo era que no pensáramos que los del norte son gente huraña y poco hospitalaria.  Esfuerzo inútil, porque a esas alturas del viaje ya lo habíamos comprobado. 


El MEH

Junto con la catedral, el Museo de la Evolución Humana es lo mejor que se puede ver en Burgos capital.  Resumo diciendo que es uno de los mejores museos que he visitado (y no han sido pocos):  información suficiente sin excesiva erudición academicista, espacios amplios, magníficas maquetas, vídeos y reproducciones, itinerario bien organizado, edificio impresionante, interacción...  Para los amantes de las ciencias biológicas y de la prehistoria es un lugar indispensable.


Aquí van más fotos de Burgos y el MEH.


Albergue de peregrinos.
Albergue de peregrinos.
Los cangrejos de nuestros anfitriones.
Los cangrejos de nuestros anfitriones.
Edificio en la plaza de la Catedral.
Edificio en la plaza de la Catedral.
Al fondo se puede apreciar que ancha es Castilla.
Al fondo se puede apreciar que ancha es Castilla.
Museo de la Evolución Humana.
Museo de la Evolución Humana.
Arsuaga, uno de los directores de Atapuerca, en un vídeo del MEH.
Arsuaga, uno de los directores de Atapuerca, en un vídeo del MEH.
Reproducción de Lucy, la más famosa autralopitecus afarensis.
Reproducción de Lucy, la más famosa autralopitecus afarensis.
El muchacho Homo antecessor de Atapuerca.
El muchacho Homo antecessor de Atapuerca.
Miguelón, el heidelbergensis de Atapuerca.
Miguelón, el heidelbergensis de Atapuerca.
Vídeos en el MEH.
Vídeos en el MEH.
Cerebro real en primer plano y reproducción gigantesca hecha con cables.
Cerebro real en primer plano y reproducción gigantesca hecha con cables.
Reproducción de un entierro neanderthal.
Reproducción de un entierro neanderthal.
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