1937, 1984, 1997

George Orwell (el más alto de la foto) en la Guerra Civil española.
George Orwell (el más alto de la foto) en la Guerra Civil española.

El Gran Hermano estuvo a punto de no llegar a existir una madrugada de 1937.  George Orwell lo cuenta con detalle en su Homenaje a Cataluña.  Un francotirador fascista acertó a meterle una bala en el cuello durante el cerco de Huesca.  Detalles escabrosos aparte, lo evacuaron y uno de los médicos le dijo que había faltado exactamente un milímetro para que la bala le hubiera destrozado la carótida, lo que habría provocado una hemorragia masiva y forzosamente mortal.

 

Si Orwell hubiera muerto en 1937, en 1949 no habría publicado 1984 (cuya idea central se basa en la fuerte represión estalinista que se dio en aquella España múltiplemente dividida y radicalizada), por lo que en 1997 los holandeses de John de Mol Produkties tendrían que haber buscado otro título para ese programa de teleirrealidad que en España conduce (y el círculo se cierra) una presentadora catalana.

 

 

 

Visitas

Las visitas son una ancestral costumbre humana.  Supongo que empezarían hace millones de años en las míticas gargantas de Olduvai, allá en Tanzania.  Un clan "x", asentado en un refugio vería acercarse a un clan "y".  Se husmearían, se hablarían (o lo que fuese), tal vez se tocarían y luego alguien de la tribu "x" sacaría una escoba y simularía barrer alrededor del fuego.  A continuación un miembro anciano del clan "y" diría en su protodialecto: "Bueno, va siendo hora de que nos vayamos, que esta gente se querrá acostar".  Y, si no albergaban algún gen español, se irían inmediatamente hacia su pétreo sweet home.

 

Más tarde la historia siguió su curso y ya los sapiens se fueron de visita por todo el mundo, los judíos visitaron la tierra que les prometieron; los aqueos, la ciudad de Troya; Odiseo, medio Mediterráneo; Napoleón, los alrededores de Cádiz; Hitler, Varsovia, etc.  Durante ese tiempo también se dieron visitas más protocolarias y no tan violentas.  Entonces se inventó el turismo.  Puede que el primer turista fuera Heródoto.  En la Edad Media hicieron lo mismo Marco Polo e Ibn Battuta, aunque algunos de estos viajes eran más de trabajo que de ocio.  Los románticos sí que ya establecieron las bases del turismo moderno: ese Washington Irving en la Alhambra, ese Byron en los lagos, ese Goethe en Roma...  Cuando la cosa fue a más, algunos turistas, movidos por un afán claramente elitista, se autoproclamaron "viajeros" y aplicaron el término "turista" a las masas de japoneses con banderitas o de ingleses saltadores de balcones, por ejemplo.  Cuestión de orgullo.

 

Y luego están las otras visitas, las de personas que no pueden permanecer donde vivían porque las están bombardeando, matando de hambre o ambas cosas.  A esas visitas las llamamos "refugiados".  Cuestión de semántica.

 

En estos tiempos, a quienes nos ha tocado vivir en los lugares "turísticos", tenemos un evidente conflicto de intereses: necesitamos que vengan las visitas con su dinero, pero no las que no lo tienen o lo gastan poco.  Y además queremos que no vengan todas a la vez y a los mismos sitios.  Cuestión de seguridad casi, de higiene también.  Hay quienes incluso han sacado la escoba insinuadora, aunque la gallina de los huevos de oro es grande y pesada y no se va así como así.  Y para colmo está el asunto de las ganancias.  Piensan muchos que estas visitas masivas solo benefician a unos cuantos empresarios y a unos cientos o miles de camareros explotados, que tardan una eternidad en traerte el tinto de verano.  Y entre los enfados del vecindario y la falta de calidad del servicio, al final lo mismo la gallina, que a la par de grande es volátil, se va a poner sus áureos huevos a Cancún, a Croacia, o al Norte de Marruecos. Cuestión de gustos y de agencias.  

 

Para terminar quiero señalar la existencia de un tercer o cuarto tipo de turista, mezcla de dos de los anteriores: el "refugiado turístico", es decir, aquel que se va de turismo porque en su ciudad hay ya demasiados turistas.  Muchos malagueños, por ejemplo, entramos en esa categoría.  Lo malo es que salgamos de Guatemala para meternos en guatepeor.  Deberíamos reservar hotel en esas ciudades abandonadas, cuyos habitantes invaden nuestras playas y chiringuitos: Madrid, Nueva York, Córdoba, Bonn, Manchester... Cuestión de presupuesto.

 

 

 

De Ulises, toallas, poesía y cintas de vídeo

En el conciertal del Ateneo, el amigo Eduardo Retamero me hizo entrega de un suvenir muy especial: una bolsita de piedras de las playas de Ítaca.  El regalo tenía su aquel, porque detrás de él estaba el asunto que hoy tocamos en el blog.

 

Resulta que, una vez alcanzada la playa de aquella famosísima isla, mi guitarrista y compositor tuvo el detalle de acordarse de mí y de leer el poema que cierra Múltiplos de uno, "Ulises monologa en las playas de Ítaca".  Tendrán que convenir conmigo que el detalle fue grandioso.  

 

No contento con leerlo, dado que vivimos en este mundo icónico, entrelazada y virtual, se envolvió en unas toallas de ciclópeas dimensiones (permítaseme el guiño pedante), se colocó sus gafas y se hizo grabar este vídeo que aquí les dejo.

 

Muchas gracias a Eduardo y a Penélope, perdón, Rocío.

 

https://www.youtube.com/watch?v=AjOvOAZe0Qs

 

 

 

Jaleo en el Ateneo

Pasado un par de días del conciertal del jueves 20 toca hacer reseña y recapitulación.  Como dije allí, puede que sea el último de esta serie.  Desde que comenzamos a principios de mayo en el Centro Internacional de Español de la Universidad de Málaga hasta hoy, han sido cuatro conciertales, cada cual distinto al anterior en formato, poemas o acompañantes.

 

Este último ha contrastado con el anterior, que fue en petite comité.  Aquí rozaban las doscientas personas y había gente en los pasillos de pie.  Tengo que agradecer a Inés Guzmán y al Ateneo su colaboración en estas fechas tan extrañas a los eventos culturales.  Parece, como rezaba aquella canción de Eduardo Retamero, que los intelectuales padecen estiofobia y que el invierno es el hábitat natural de recitales y presentaciones de libros.  

 

Otra característica de este conciertal fue el reencuentro con ciertas amigas y amigos a los que hacía años que no veía.  Ellos saben quiénes son.

 

Además en esta ocasión contamos con la colaboración de Beatriz Cervera, que cantó, de verdad, una canción nueva en los conciertales, "Excusoteca".  Espero que ya abandone este barco lleno de aficionados. ("¡Vivan los aficionados!" exclamaba Erik Satie).

 

Pero lo más sorprendente de la tarde fueron los presentadores.  A pesar de que Fran Cuevas ya había demostrado su ingenio y capacidad emotiva en La Mínima, la combinación con el profesor y escritor Lucas Ruiz resultó explosiva y divertidísima.  Se desgranaron anécdotas personales colectivas, individuales y de pareja.  Entre bambalinas estábamos tronchándonos, pero detecté algo que me iba preocupando conforme avanzaba la presentación: no se hablaba mucho de nuestras compañeras de carrera.  Me dije: "No me cuadra. Nunca he tenido a Fran y Lucas por machistas, ni micromachistas siquiera".  En un momento Lucas, con un dominio total de la escena y del público, dio una pista y al poco, Fran remató la (dulce) faena haciendo un retrato y alabanza de alguien muy importante para mi carrera vital y literaria: Fina García Naranjo.  A quienes la conocen no les descubro su capacidad de trabajo, su entusiasmo con su profesión, su defensa de los alumnos, el cariño que demuestra con tantas personas...  A ella le debo, entre otras muchas cosas, mis largas estancias en Japón, cuya cultura y literatura siempre he admirado.  Y a ella le debe mucho el público de los conciertales, porque los ha animado, fomentado y casi organizado.  Aquello de que "detrás de una gran hombre..." es una falacia desfasada.  En este caso, habría que decir que delante de una canturreautor va una gran mujer.  Fue justo y merecido el homenaje que le hicieron los presentadores del conciertal.  Nada más por eso mereció la pena el esfuerzo de los ensayos, aunque la expresión no vale para el acto en sí, porque penas no hubo.

 

Así pues, si no lo impiden compromisos u otras vicisitudes, volveré a la caverna, en la que los escritores tenemos que meternos para enfrentarnos a nuestros retos, nuestros fantasmas y el papel en blanco.

 

Gracias a todos por leer hasta aquí.  Sigan sudando, entrando y saliendo del agua o pagando facturas de aire acondicionado.

 

Aquí van unas fotillos.  A ver si tengo tiempo y monto algún vídeo.

 

 

 

De izquierda a derecha: José Luis González Vera, Beatriz Cervera (vaya, riman!), un servidor y Eduardo Retamero.
De izquierda a derecha: José Luis González Vera, Beatriz Cervera (vaya, riman!), un servidor y Eduardo Retamero.
Los presentadores: Fran Cuevas Alzuguren y Lucas Ruiz.
Los presentadores: Fran Cuevas Alzuguren y Lucas Ruiz.
Si se fijan bien, en el bolsillo de mi camisa hay algo: es la bolsa con piedrecitas de la playa de Ítaca que me regaló Eduardo Retamero sobre el escenario.
Si se fijan bien, en el bolsillo de mi camisa hay algo: es la bolsa con piedrecitas de la playa de Ítaca que me regaló Eduardo Retamero sobre el escenario.

Conciertal de julio

Aquí va el cartel del último conciertal de presentación de De la palma al cerezo. Con él se cierra esta etapa de presentaciones.   De ahora en adelante presentaré nuevos libros, discos o disco-libros que estén por venir, o daré recitales genéricos a petición del respetable.  En esta ocasión habrá un presentador nuevo (más): el escritor Lucas Ruiz, llegado de Dinamarca, y una cantante invitada, Beatriz Cervera.  Por problemas de agenda no estará Cristina Gallego para acompañar el recitado de Cantos cetáceos. No obstante, sigue en marcha la idea del disco-libro, que muchos han reclamado.

 

Tengo que agradecer al Ateneo y, en especial, a su vocal de poesía, Inés María Guzmán, la colaboración en la cesión del local y la organización del evento.

 

Así pues, el jueves 20 de julio a las 20:00 horas en el número 2 de calle Compañía, de facto ya Plaza de la Constitución (Málaga), esperamos a quienes quieran pasar un rato al fresco oyendo música y poesía.  No sé si llenará, pero siempre queda bien lo de "hasta completar aforo".