El piano de Chernóbil

Ayer vi en un documental sobre Chernóbil una escena en la que un antiguo habitante de la zona volvía al bloque de apartamentos donde había vivido hasta el 26 de abril de 1986.  El cámara y él paseaban por un laberinto apocalíptico de paredes putrefactas, suelos levantados, escombros, hierbas insospechadas colándose por cualquier ranura...  Y en un giro fugaz de la cámara, que duraba un segundo o menos, se veía una habitación en la que alguien había olvidado un piano de pared.

 

Hay imágenes que llaman poderosamente la atención, que contactan con zonas arcanas del inconsciente individual o colectivo y con un poco de suerte acaban convirtiéndose en símbolos.  Dejo a los imaginólogos el trabajo de estudiar a fondo ese misterioso proceso.

 

La cuestión es que ese piano me provocó cuatro ideas que paso a explicarles.

 

La primera, de carácter socio-histórico, fue que en viviendas tan humildes como esas hubiera un lugar y un tiempo para la música.  El pueblo ruso ha demostrado con creces a lo largo de la historia su apego a esta arte intangible y ni el materialismo soviético se atrevió a menospreciarla.

 

La segunda, de carácter poético, fue la primera estrofa de la rima VII de Bécquer, que uso en clase para explicar que el orden sintáctico normativo es más ilógico que el orden irracional de la poesía:

 

    Del salón en el ángulo oscuro,

    de su dueño tal vez olvidada,

    silenciosa y cubierta de polvo,

    veíase el arpa.

 

La tercera, de carácter histórico-naval, fue la famosa imagen (o idea) de los músicos del Titanic, tocando valses vieneses mientras el mundo se iba a pique.  El contraste entre el abandono del piano y el tesón de los músicos activó un puñado de neuronas que no sabían muy bien qué conclusión sacar de todo aquello, así que desistieron y se pusieron a pensar en otras cosas.

 

La cuarta me llevó al presente.  Las neuronas antes mencionadas se volvieron a congregar para comparar la imagen del documental con los conciertos multitudinarios en medio de la segunda ola, los teatros semivacíos y otras noticias relacionadas con las artes, que nos llegan mientras tomamos infusiones y leemos por fin a los clásicos, tanto tiempo postergados.  Al final, las pobres volvieron a desistir y se pusieron a recordar atardeceres, a retocar versos, a cortar calabacines y a escribir artículos como este, que no tiene ni mucho pie ni mucha cabeza.  Es decir, casi como la vida misma.

 

Ustedes perdonen.

 

 

 

Non multa sed multum

Cuando estábamos a punto de sufrir ya el síndrome de abstinencia, por fin llega otra ley de educación. ¿Qué haríamos docentes, familias, alumnado y "tertulianado" sin una nueva ocasión para enfrentarnos, hablar sin saber demasiado y recordar aquella distorsionada época dorada llamada "en mis tiempos"?

 

Como las anteriores, esta ley viene cargada de buenas intenciones.  Como las anteriores, viene vacía de dinero (por el momento).  Y como dice un refrán que me acabo de inventar, sin guita nada se excita, nada se mueve.  Mientras no multipliquen por veinte el gasto que se han visto obligados a hacer en la situación actual, no habrá solución.  A nuestro centro (donde hay más de cien profesores/as) han llegado cuatro, cuando debieran haber llegado al menos ochenta para poder abordar de una vez por todas la tan deseada mejora real del sistema educativo.  Pero, bueno, tampoco vamos a pedirle plazas al olmo.  Eso supondría una inversión tan grande que ningún político estará nunca dispuesto a acometerla.

 

De esta reforma no me interesa el tema de la lengua vehicular, ni el de las tumultuosas relaciones del estado con la Iglesia y la enseñanza concertada.  Verán, no es que no me interese, es que es un tema tan rancio e irresoluble como el de la bajada de la ratio.

 

Lo que quiero comentar esta vez es lo de los contenidos.  A ver si me explico de la manera más clara posible: el currículum es inabarcable.  Demasiadas materias y demasiado contenido en cada materia.  No hay más que ver la radiografías de las columnas vertebrales de las chicas y chicos de doce años para darme la razón.  Esas mochilas no las levanta fácilmente ni el más corpulento profesor/a de Educación Física.  No ignoro que hay personas que opinan lo contrario, que los jóvenes no dan un palo al agua y que hay que fomentar la cultura del esfuerzo y demás.  Cuando me encuentro con ellos/as, los intento convencer con información atesorada durante los treinta años que llevo en el negocio de la tiza y el boli rojo.  Pedir más esfuerzo a los más débiles me parece una pedagogía espartana que quizás algunos/as no practican con ellos mismos/as.

 

Vaya por delante que me encanta la diversidad de saberes, pero hay un trecho entre que a mí me encante y la considere enriquecedora y que se la metamos en esas cabecitas por decreto y con métodos muchas veces arcaicos y contraproducentes.

 

Podría poner montones de ejemplos de saberes superfluos de cada materia .  Unos están en las leyes y hay que impartirlos con sabia contención, pero otros solo están en las cajas registradoras de las editoriales y las inercias de una parte del profesorado.  En cuanto un docente conoce los contenidos del docente de la puerta de al lado, los detecta.   Como dijo un compañero hace unos días en una reunión, si a las editoriales se le permite que un libro valga 30 euros, lo rellenarán con información no pertinente (enciclopédica que dijo la ministra) hasta que los valga.  Ellos a cobrar, el profesorado a recortar y el alumnado a soportar.  Todavía no conozco la ley como para saber si lo que se propone en este sentido es lo que yo quiero que se proponga, pero sonar ya me suena bien.

 

Para ir concluyendo, que ustedes tendrán otras cosas no superficiales que hacer: es mejor saber pocas cosas bien que muchas mal.  Un ejemplo: para saber en qué consiste el arte literario no es necesario conocer la biografía y clasificación de las obras de veinte o treinta escritores/as.  Basta con leer a fondo un poema de Lorca, degustando y descubriendo la inmensa belleza y sabiduría que contiene.  Tenemos que encender llamas, no ahogar en ríos de datos, fórmulas y conceptos.

 

Dicen que escribió Plinio el Joven: "Non multa sed multum":  No muchas cosas, sino pocas (y bien explicadas).  Quien mucho abarca, mucho aprieta.  Aunque quizá su Viejo pensaba lo contrario.  

 

 

 

 

Mariquita

Yo también creía que no iba a volver a escribir en este blog.  Han pasado siete meses más o menos sin que tuviera tiempo o algo que contar que no fuera darle vueltas al famoso tema que nos tiene acordonados, amordazados y estupefactos.  Una buena razón me ha traído de vuelta.  Durante este tiempo he podido reseñar varios libros y alguna película que me han gustado especialmente, pero al final ha sido por un libro conmovedor y cercano. 

 

Hace tres años en septiembre estaba en mi despacho de jefetura de estudios y recibí la visita de un profesor que venía a explicarme que no se podría incorporar porque tenía un problema médico que lo iba a llevar al quirófano.  Sonaba mal lo que me contaba, lo mismo que me sonaba mal tener una ausencia prolongada a principio de curso sin saber si habría rápida sustitución.  Me dio mala espina este inicio porque (el inconsciente es un tirano irracional) el profesor en cuestión se parecía físicamente a (y era de la misma materia que) otro anterior que había resultado un desastre total en todos los niveles posibles.  Al poco tiempo me enteré de que este profesor con ese problema de salud era youtuber, una ocupación que en esos días no conocía demasiado bien y que tenía asociada básicamente a niñatos hiperactivos adictos a los videojuegos.  Por momentos pensé que el día menos pensado el profesor se iba a enfadar con el centro por alguna ignota razón (ya digo el inconsciente es un... mejor me callo) y nos iba a poner de vuelta y media en el e-mundo.  Pasó el tiempo y lo que ocurrió fue exactamente lo contrario de lo que el inconsciente había previsto.  Juan Naranjo, conocido extramuros del instituto como Juanito Libritos, resultó ser un excelente profesor y compañero, presto a arrimar el hombro.  Durante mi primer año como director le pedí que llevara la coeducación en el centro.  Se puso manos a la obra y lo hizo muy bien.

 

Un día estábamos en la sala de profesorado hablando de literatura y me confesó que estaba escribiendo algo así como una novela.  Otro día lo vi con una especie de cartapacio lleno de hojas y me concretó que se trataba de una novela gráfica.  Pasó el tiempo, contactó con una editorial y fue dando pinceladas de lo que contenía.  Y ayer, por fin, tras varios aplazamientos por el tema de marras, se presentó oficialmente Mariquita.  Ha llegado a mis manos esta mañana y ya (son las 20:23 de la tardenoche) la he acabado.

 

Se trata de un relato autobiográfico terapéutico magistral en el que conviven rasgos de humor de alta calidad con momentos desgarradores.  El lector se siente en una montaña rusa de emociones, llevado por los carriles de una prosa ágil, fresca, divertida, inteligente y honesta que no puede dejar indiferente a nadie. Los dibujos, deliberadamente ingenuos, acompañan, enmarcan y subrayan una narración que no languidece en ningún momento. 

 

No cabe duda de que Juan Naranjo ha sufrido y disfrutado escribiéndola y esos disfrutes y sufrimientos los ha transmitido a la perfección a los lectores.

 

Por el título quizá adivinarán que el tema central es la homosexualidad y que esta historia que les comento es una sucesión de acoso, insultos, frustraciones y descubrimientos, de decepciones y esperanzas que nos emocionan fuertemente. 

 

Pero lo mejor es el final.  No lo voy a contar, pero ustedes lo pueden imaginar si el autor es quien es, un profesional de la educación con varias carreras y autor de un libro como este.

 

Para mí y para mis compañeros/as es un honor compartir aulas, pasillos y salas con un autor que ha tenido el valor de sacar su primer libro en este maldito año que estamos deseando que concluya.  Dentro de diez, de quince diremos: "Ah, 2020, el maldito año de la pandemia; sí, el año esperanzador en el que se publicó Mariquita".

 

 

 

 

 

Y se quedaron los pájaros cantando

Esta mañana a una hora a la que usualmente solo se oyen coches, motos y máquinas cortacésped, el trino de los pájaros era el único sonido que reinaba en la calle.  La disminución del tráfico rodado y peatonal ha permitido oír lo que casi nunca oímos.  De igual modo en Venecia parece que las aguas se han aclarado y se pueden ver peces donde antes corría un agua verdosa y triste, decadente, como esa ciudad.  

 

Así que esta mañana me he acordado de aquel gran poema de Juan Ramón Jiménez, "El viaje definitivo", en el que los pájaros son el símbolo de lo eterno, de lo espiritual, de lo que permanece cuando el ruido y la furia, el anhelo, la gloria y la mezquindad del ser humano desaparecen:

 

          ...Y yo me iré.  Y se quedarán los pájaros

          cantando.

 

Es un poema que habla de la extinción del ser, del ego, pero no es un canto de desesperación ni amargura.  Al contrario, propugna la trascendencia de la naturaleza y de la propia poesía, que, en realidad, conociendo a Juan Ramón, es más bien la suya.  Pero, bueno, perdonémosle este pequeño atisbo de vanidad y disfrutemos de un poema que se parece tanto a estos días que hoy vivimos, en los que la presencia del ser humano se ha visto minimizada y la realidad tiene unos tintes fantasmagóricos.  De no ser por el aplauso de las ocho de la tarde, podríamos decir que nuestra sociedad solo existe virtualmente, como un Matrix sobrevenido.

 

Muchas ideas me están viniendo estos días, frutos de la perplejidad casi todas ellas.  Quizá

otro tarde las saque a pasear por aquí.  O quizá aproveche el paseo para tirarlas a la basura.  Mientras tanto sigamos oyendo a los pájaros, que son los que se han quedado solos, cantando.

 

 

 

 

 

Jekyll, Hyde y Alcàsser.

A principio de los noventa yo era un joven profesor con pelo y sin triglicéridos que veía poquísima televisión, pero no pude abstraerme de lo que pasó en Alcàsser. Pronto tuve la intuición ética o estética de que el circo de Nieves Herrero en el salón de conciertos cruzaba una frontera que aún no estaba bien marcada.  Me repelió tanto que en los siguiente meses y años no quise volver a saber nada del asunto.  La serie de Netflix, muy bien realizada, me ha servido para ponerme al día y refrescar algunos datos que, pese a mi huelga de espectador, me fueron llegando. 

 

Como quizá ya intuyen, no es mi estilo ponerme a despotricar perogrullescamente sobre la crueldad indescriptible de los asesinos, cuyo estudio pormenorizado quizá sería de gran ayuda para intentar evitar crímenes tan horrendos.  Tampoco soy de los que van pidiendo patíbulos portátiles al calor de las noticias.  La misma plebe que pedía pena de muerte en directo con Nieves Herrero, años más tarde clamaba por cruzar "el Misisipi" para liberar al único detenido, por otras razones, más mediáticas todavía.

 

Después de ver los reportajes de la serie me ha asaltado una idea.  Los asesinos (fueren quienes fueren) se movían por instintos primigenios, menos que animales.   Algo radicalmente malévolo, insano y cruel surgía de una parte de su cerebro no controlada por... nada, ni los circuitos de la moralidad, ni los de la ética, ni los de la misma supervivencia, porque arriesgaban sus vidas o libertades cometiendo estos actos.  Por otra parte, en el juicio se desarrollaron argumentos hiperbólicamente racionales, burocráticos, científicos: que si la fecha de una orden de registro, que si la morfología de unos pelos, que si el tamaño de unas larvas, que si pistas falsas, que si manchas o no manchas, que si testigos que callan, que si alfombra persa o moqueta nacional, que si el fiscal construye frases que hacen que el acusado incurra ante la sala en contradicciones...  Todo un despliegue de sutilezas químicas, retóricas y forenses, que contrastan con las simples intenciones de los que cometieron las violaciones y asesinatos.  (Semi)analfabetos irracionales, frente a cultos letrados y catedráticos.  Un cóctel que dice mucho de la condición humana jekylhaydeana.  No nos extrañe, pues, que en nuestras pantallas convivan productos como esta serie y tanta, tanta, tanta, telebasura.