Ya lo dijo Spiderman

El argumento de autoridad pasó una mala racha hasta la llegada de las infografías con citas de Paulo Coelho, Einstein y Gandhi.  Quedaba mal en una tertulia decir cosas como "eso es así porque lo dijo Aristóteles/Freud/Marx/Nietzsche" o "ya lo dijo Tertuliano" (de ahí vienen precisamente las tertulias).  Se consideraba que el que esgrimía semejantes argumentos era incapaz de demostrar lo que pretendía de forma rigurosa, científica y mensurable.  


Luego, como digo, llegó el tsunami Coelho y las aguas volvieron a su cauce.  Ahora cualquier idea bien infografiada, tenga o no tenga consistencia o faltas de ortografía y puntuación, puede ser esgrimida en las redes sociales sin el menor pudor.


Pero lo que he oído esta mañana sobrepasa los límites de la banalidad.  En un programa de radio daban un reportaje sobre los youtubers y una de ellas va y hace no sé qué declaración cargada de muletillas y remata la faena con un "ya lo dijo Spiderman ¿no?...".  No me he enterado de lo que dijo Spiderman porque mi cerebro ha sufrido un cortocircuito instantáneo.  Vale que los nuevos medios y las nuevas gentes tengan otros modelos de comunicación, otros referentes menos sesudos y polvorientos, más ligeros; vale que citen a Coelho sin haberlo leído más que en Twitter, pero de ahí a colocar a Spiderman como argumento de autoridad.  No sé.  Me ha parecido demasiado hipersuperultrapostmoderno.  Ahora bien, como dijo don Hilarión en aquella vieja zarzuela: "Los tiempos cambian que es una barbaridad".




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Verba volant

Ayer en un barrio de Málaga pasé junto a un trío de vecinas que rondaban los setenta años.  Dos de ellas oían atenta y silenciosamente a la tercera:

     --Hay personas que hacen más falta en este mundo que otras.

 

Ahí queda eso.  Los que quieran comentar la frasecita, que lean a Sir Francis Galton y aquel librito que escribió en la cárcel un cabo y pintor austriaco durante los años 20 del siglo ídem.

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¿Volverás a mí? (verba volant)

Ayer durante el paseo playero vespertino pasé cerca de una pareja que estaba en la arena, aprovechando los últimos rayos de sol.  Se estaban mirando.  Él, que parecía nativo, dijo lentamente:

 

--¿Tú volver a mí? Volver...

 

Y hacía un gesto para intentar explicar semejante concepto abstracto.

 

Ella callaba y miraba perpleja.

 

Esa escena, bajo un sol casi otoñal, encarnaba un doble tópico, el de los amores veraniegos interculturales y el de la impotencia políglota hispana.  

 

Alfredo Landa sigue entre nosotros.

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