El regreso del buen tiempo

Muchos somos los culpables de que José A. Mesa Toré haya tardado casi veinte años en volver a publicar un libro.  Lo dice el mismo autor con un haiku en la página 145:

 

     Libros ajenos.

     En ellos se perdió

     tu poesía.

 

Su labor en el Centro Cultural de la Generación del 27, muchos de cuyos años ha sido director, ha truncado el ritmo de publicaciones de este poeta. Quiero entender con esto que el "buen tiempo" somos los demás (invirtiendo la máxima sartriana de que el infierno son los otros), aquellos y aquellas que, gracias a su labor editora y su gestión cultural, hemos dado recitales, presentado y publicado libros.  En este sentido he de confesar que me alivia especialmente la aparición de este poemario, ya que mitiga mi mala conciencia por haber sido parte del buen/mal tiempo que impidió su escritura y publicación. 

 

El título del volumen, Exceso de buen tiempo, proviene de una excusa/explicación que dio Emilio Prados a Manuel Ángeles Ortiz ante el retraso de la salida de Litoral ("La revista no ha salido por exceso de buen tiempo").  La vinculación de José. A. Mesa Toré con esta prestigiosa publicación es muy estrecha, hasta el punto de que, según contó en la presentación, la foto de la portada es una alusión al transatlántico, una de sus señas de identidad.

 

Pero centrándonos ya en el libro hay que decir que ha merecido la pena esperar.  Con una tesitura cercana a la narrativa pero profundamente lírica, Mesa Toré camina por las vicisitudes de la vida con intensidad y elegancia.  No creo que este sea el espacio adecuado para tentar a su paciencia y hacerles un estudio pormenorizado del libro, amplio en volumen, temas y formas.  Resaltaré unas cuantas cosas que me han gustado especialmente:

 

1.- Su capacidad para transformar lo supuestamente apoético en poético.  Para mí es uno de los asuntos clave de la poesía.  El autor, por ejemplo, aprovecha una soledad coyuntural convaleciente para regalarnos una colección de haikus memorables, en los que los más ínfimo trasciende su propia realidad y nos conmueve, como hicieran Isa, Buson o el propio maestro Matsuo Basho.

 

2.- La intertextualidad, el diálogo a veces sutil y secreto, a veces fehaciente, con sus maestros poéticos ("La voz del poeta (Brines)", "Niños fotografiados por Cernuda"...).  Hay una metáfora axial en este libro que sería bonito desarrollar en un análisis más sesudo que el presente: el hilo como imagen de la sutil correspondencia entre las voces, los hechos, las personas.

 

3.- Su valentía para relatar y reflexionar sobre asuntos de la vida íntima: el matrimonio ("Familienstammbuch"), la introspección ("Mísero Mesa Toré"), la paternidad ("Madre Rusia").  La tarde de la presentación provocó más de una lágrima entre el público con un poema de esta sección.

 

 

Y por lo demás, qué quieren que les diga de un libro plagado de haikus de cabo a rabo, que me gusta por ese mero hecho.  Los hay a la japonesa, descriptivos, sugerentes y elípticos:

 

     En un garaje

     el parasol, la hamaca,

     aquel verano

 

 

     Se está bañando

     en la alberca vacía

     la luna llena.

 

Los hay deslumbrantes y definitivos, como el que lo inaugura:

 

     Ah, nuestra vida

     esos días de luz

     en los que llueve.

 

Cómo pueden caber tanta sabiduría, madurez y sensibilidad en tan pocas sílabas.

 

En resumen, este ha sido un libro que, como he contado más arriba, me ha aliviado por razones personales y que me ha encantado como lector.  Ese tipo de libros al que uno acaba haciéndole pliegues en los picos para marcar poemas memorables.  Lo estoy mirando ahora mismo, mientras escribo esto y casi no veo página sin marcar.  Estoy por ponerles una foto.  O mejor, vayan, cómprenselo y comprueben que no estoy exagerando.