Tiquismiquis now

Todos somos tiquismiquis.  Cada cual se molesta cuando se le toca el más mínimo matiz de su incumbencia.  Los gramáticos abominan de las "portavozas", los obispos, de las blasfemias en distinto grado; las feministas, de los matices acerca de la presunción de inocencia.  Y así los taurinos, los antitaurinos, las nacionalistas, las por y los contras...

 

Nos creíamos que el apocalipsis iba a ser una fanfarria de caballería (de equinos o helicópteros wagnerianos), un hongo letal radioactivo, un ataque de naves extraterrestres, o una lenta degeneración del medio ambiente.  Y resulta que vamos camino de lo que el ensayista francés René Girard llama una "crisis sacrificial", una situación de caos en el que todos van contra todos porque todos son, en el fondo, iguales y  creen tener derecho a torear o a prohibir el toreo, a abortar o a defender al feto, a reírse de todo Cristo o a que nadie se ría de las creencias...  Se trata de una igualdad insoportable que sólo se resuelve con la aparición de un "chivo expiatorio", un "otro", un "marcado", normalmente el extranjero, el "loco", el "raro"...  Ignoro quién pagará semejante pato, pero sospecho que a fecha de hoy los no tiquismiquis son los que tienen más papeletas.  En ocasiones me imagino a los chivos expiatorios en sus despachos, en sus palacios, en sus mansiones tropicales, frotándose las pezuñas y repitiéndose el mantra que los mantiene con vida: "Divide y vencerás".