Jekyll, Hyde y Alcàsser.

A principio de los noventa yo era un joven profesor con pelo y sin triglicéridos que veía poquísima televisión, pero no pude abstraerme de lo que pasó en Alcàsser. Pronto tuve la intuición ética o estética de que el circo de Nieves Herrero en el salón de conciertos cruzaba una frontera que aún no estaba bien marcada.  Me repelió tanto que en los siguiente meses y años no quise volver a saber nada del asunto.  La serie de Netflix, muy bien realizada, me ha servido para ponerme al día y refrescar algunos datos que, pese a mi huelga de espectador, me fueron llegando. 

 

Como quizá ya intuyen, no es mi estilo ponerme a despotricar perogrullescamente sobre la crueldad indescriptible de los asesinos, cuyo estudio pormenorizado quizá sería de gran ayuda para intentar evitar crímenes tan horrendos.  Tampoco soy de los que van pidiendo patíbulos portátiles al calor de las noticias.  La misma plebe que pedía pena de muerte en directo con Nieves Herrero, años más tarde clamaba por cruzar "el Misisipi" para liberar al único detenido, por otras razones, más mediáticas todavía.

 

Después de ver los reportajes de la serie me ha asaltado una idea.  Los asesinos (fueren quienes fueren) se movían por instintos primigenios, menos que animales.   Algo radicalmente malévolo, insano y cruel surgía de una parte de su cerebro no controlada por... nada, ni los circuitos de la moralidad, ni los de la ética, ni los de la misma supervivencia, porque arriesgaban sus vidas o libertades cometiendo estos actos.  Por otra parte, en el juicio se desarrollaron argumentos hiperbólicamente racionales, burocráticos, científicos: que si la fecha de una orden de registro, que si la morfología de unos pelos, que si el tamaño de unas larvas, que si pistas falsas, que si manchas o no manchas, que si testigos que callan, que si alfombra persa o moqueta nacional, que si el fiscal construye frases que hacen que el acusado incurra ante la sala en contradicciones...  Todo un despliegue de sutilezas químicas, retóricas y forenses, que contrastan con las simples intenciones de los que cometieron las violaciones y asesinatos.  (Semi)analfabetos irracionales, frente a cultos letrados y catedráticos.  Un cóctel que dice mucho de la condición humana jekylhaydeana.  No nos extrañe, pues, que en nuestras pantallas convivan productos como esta serie y tanta, tanta, tanta, telebasura.