Propinas y pobreza

En ocasiones las buenas intenciones conducen a nuevas malas situaciones. La historia nos enseña que el cómputo global es positivo, a no ser que alguien considere que es mejor (Woody Allen dixit) permitir que el dentista nos saque una muela sin anestesia, como hacía el padre de Cervantes.  El caso que les traigo hoy es el de la liberación de los esclavos de Estados Unidos, allá por la segunda mitad del siglo XIX.  Cuenta Matthew Desmond en Pobreza made in USA que, una vez acabada la Guerra de Secesión, los esclavos tenían dos alternativas: emigrar al norte en busca de trabajo o quedarse en el sur haciendo el mismo trabajo, pero sin ser mantenidos y hospedados por sus dueños.  Los que optaron por esta modalidad, se vieron trabajando en el sector servicios a cambio de... casi nada.  A fin de cuentas era lo que había estado pasando hasta entonces.  Así que los trabajadores ex-esclavos prácticamente vivían de las propinas, las cuales se hicieron de facto obligatorias hasta hoy en una cuantía que ronda el 20%.

 

Lo que acaban de leer es la propina adelantada de la reseña del libro que he mencionado.  Matthew Desmond dio clases en Harvard y ahora imparte Sociología en Princeton.  Vamos, que no es precisamente un outsider revolucionario.  No obstante, lo que cuenta en el libro es impresionante.  A base de datos apabullantes, estudios científicos (no solo lo son los que llevan bata blanca) exhaustivos y experiencias reales pone sobre el tapete que el tema de la pobreza es un asunto de voluntad política y social.  Ahí van algunos.

 

La pobreza causa tristeza y dolor: "El personal de los almacenes de Amazon tiene a su disposición máquinas expendedoras de ibuprofeno y paracetamol gratis".  

 

Condicionantes raciales y educativos:

- "...casi siete de cada diez hombres negros que no hayan acabado el instituto habrán estado entre rejas en algún momento". 

- "Durante los días posteriores a un asesinato, los niños que viven en el edificio en el que se han producido obtienen resultados peores en las pruebas cognitivas".

- "...los hombres negros pobres de Estados Unidos tienen una esperanza de vida similar a la de los hombres de Pakistán y Mongolia".

 

Tras la avalancha de casos, normativas y usos incorrectos de los fondos destinados a paliar la pobreza, Desmond (que ha vivido en barrios humildes) llega a una conclusión nítida y preocupante: "La complejidad es el refugio del poder (...) la pobreza de un hombre es la riqueza de otro y que eso no tiene nada de complicado".  La práctica ausencia de organizaciones sindicales, unida a la desidia política y a los intereses de la clase media y alta, hacen que los índices de pobreza no bajen en décadas: "La afirmación de que la clase media estadounidense está subvencionando a los pobres con sus impuestos sin recibir nada a cambio es, sencillamente, falsa (...) la familia de clase media promedio percibió 7100 dólares más en ayudas gubernamentales de lo que pagó en impuestos federales (...) Cada año, las familias más ricas de Estados Unidos perciben casi un 40% más en subsidios gubernamentales que las familias más pobres del país".  En fin, que la desigualdad lleva a la "opulencia privada y la miseria pública (...) Más para mí, menos para nosotros".  No puedo terminar esta sarta de citas sin hacer una muñeca rusa y citar una del conmovido príncipe Tolstoi que cita, a su vez, el autor:

"Me subo a la espalda de un hombre, asfixiándolo y obligándolo a cargar conmigo y, sin embargo, me digo a mí mismo y a los demás que lo siento mucho por él y que deseo aliviar su condición por todos lo medios posibles, excepto bajándome de sus hombros".