De La Palma a Connecticut II

Aquí va la segunda y última entrega de las traducciones de cuatro de mis poemas que amablemente ha hecho Lucía Rodríguez García, aunque salga una entrada un poco larga: no quiero estirar más la cosa porque son piezas breves.

 

Pertenecen al libro A propósito, un término que en inglés se puede traducir como "by the way", cuando queremos meter un inciso en un discurso propio o ajeno, pero que también se puede trasladar como "about", que es la opción que ha adoptado con muy buen criterio la traductora, ya que ese es el sentido que tiene en este contexto.

 

Una vez más tengo que agradecer a Lucía y a su mediador padre que llevaran mis versos allende los mares y las lenguas.  Luego me darán los remordimientos budistas antiegocéntricos y me rasgaré las vestiduras.  Pero ya mañana si eso.  O el lunes que viene.

 

 

 

A propósito del sol entrando por la ventana

 

Más tarde o más temprano

todos los poetas,

acaban hablando del sol

que entra por sus ventanas,

metáfora, sin duda, de la inspiración

o metonimia, quizás,

de lo que hay fuera

y desdeñan.

 

 

About the sun that comes in through the window

 

Sooner or later

every poet

will end up writing about the sun

that comes in through their window,

a metaphor, no doubt, of their inspiration

or maybe a metonymy

of what is outside

which they disregard.

 

____

 

 

A propósito de un día cualquiera

 

Un día cualquiera

que estabas cortando ajos

o viendo una película antigua

o facturando maletas

en cualquier anodino aeropuerto,

nació un niño cualquiera

al que nunca conocerás

en cualquier hospital del mundo.

 

 

Tú no lo sabes, ni nunca lo sabrás,

pero será una de las personas

más importantes de tu vida

pues será el encargado

de sellar con silicona

tu tumba un día cualquiera.

 

 

 

About any given day

 

Any given day,

when you were cutting up garlic

or watching an old film

or checking in luggage

in a dull airport,

an ordinary child whom you

will never meet was born

in any old hospital in this world.

 

You do not and will never know,

but they will be one of the most important

people in your life

as they will be the one

to seal your coffin with silicon

any given day.

 

 

____

 

 

A propósito de las gloriosas batallas del pasado 

 

 

La sangre o los genes

de algún soldado victorioso

en Salamina o Waterloo

en Maratón o Guadalete,

corre por tus venas,

da forma a tu nariz

al color de tu pelo,

al timbre de tu voz.

 

Somos hijos de derrotas ajenas.

 

Nuestra vida se alza sobre los cadáveres

de aquellos a quienes asesinaron

nuestros crueles ancestros.

 

 

 

About glorious battles

 

The blood or the genes

of victorious soldiers

in Salamis or Waterloo

in Marathon or Guadalete,

runs through our veins,

give shape to our nose,

color to our hair,

and pitch to our voice.

 

We are the children of other’s defeats.

 

Our lives rise above the dead bodies

of those killed

by our cruel ancestors.

 

 

____

 

 

A propósito de la metafísica

 

Me pone de los nervios la metafísica.

 

¿Qué insolente despropósito es

querer saber qué se oculta

más allá de lo que ya existe?

 

¿Es que les parece poco

el misterio de una risa,

de una rosa, de un beso,

de un filete empanado,

de una canción tarareada

mientras se pasa la aspiradora?

 

¡Que no hay nada tras la pantalla!

 

¡Cómanse sus palomitas

y disfruten de la película!

 

 

 

About metaphysics

 

Metaphysics gets on my nerves.

 

What insolent nonsense it is

to want to know what is hidden

beyond what already exists.

 

Is the mystery of

a laugh, a rose, a kiss,

a breaded fillet,

a song being hummed

while hoovering

not enough?

 

There is nothing behind the screen!

 

Eat your popcorn

and enjoy the film!

 

 

 

 

 

De La Palma a Connecticut I

Esta es una historia de las buenas.  Tengo un amigo desde la juventud ochentera, José Luis Rodríguez Escalona, que se fue a Granada a estudiar traducción y, por cosas de la vida, acabó instalado en Escocia con su familia.  Su hija, Lucía Rodríguez García, como todas las hijas suelen hacer, creció y, como pocas, se fue a estudiar biomedicina (sic) a la Universidad de Edimburgo.  Hasta aquí puede parecer una historia casi prototípica de los muchos españoles y españolas que se han visto obligados a ejercer su excelente preparación fuera de este país que ahora mismo no quiero ponerme a calificar.  Lo más curioso viene ahora.  Lucía se va un semestre de intercambio a una universidad de Connecticut, uno de los cincuenta Estados que se encuentran Unidos en América del Norte.  Y la cosa tiene más gracia, porque, dentro del plan de estudios, se le ofrece la posibilidad de una materia de traducción de poesía.  Y va y se mete.  Va el padre, como homme de lettres que es,  y le recomienda algunos poemas y va e incluye algunos míos en el cesto.  Y heme aquí, tras esta serie de casualidades, traducido al inglés como quien no quiere la cosa.  Y bien traducido, en mi modesta opinión de usuario de inglés de "nivel medio".  En esta entrada sólo voy a presentar un poema, que lo poco gusta, pero lo mucho cansa.  Otros días pondré el resto.

 

 

 

 

 

 

 

 A estas alturas 

 

 

 

“Al mediar la carrera de nuestra vida…”

 

Dante Alighieri, Divina Comedia, Canto I

 

 

 

A estas alturas,

 

a más de diez mil pies

 

de nuestras más sublimes expectativas,

 

a treinta y pico de años del despegue,

 

con las esperanzas al aire,

 

las pistas perdidas

 

y el alma inflada

 

como un globo aerostático,

 

muy por encima de océanos y calamidades,

 

de huracanes y remordimientos;

 

a punto de traspasar

 

la invisible barrera de lo sórdido;

 

con las bodegas atestadas

 

de trienios y alopecia;

 

con la radio oxidada,

 

la brújula imantada

 

y sin más rumbo que la inercia,

 

a estas alturas,

 

a estas vertiginosas alturas

 

justo ahora que iniciamos

 

las arduas, las tristes,

 

las siempre inevitables

 

maniobras del descenso…

 

 

 

 

 

 

At this high time

 

At this high time,

over ten thousand feet

above our most sublime expectations,

thirtysomething years from take-off,

with our hope in the air,

our track lost

and our soul swollen

like a hot air balloon,

way above oceans and catastrophes,

hurricanes and remorse;

about to cross

the invisible barrier into vulgarity;

with the hold jam-packed

with seniority and alopecia:

with a rusty radio,

a useless compass

and only inertia to guide us,

at this high time,

at this inevitable time

the very moment that we commence

the strenuous, the miserable,

the always inevitable

descent procedure…

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Movimientos de tierra

Tal día como hoy en 1995 la tierra tembló en Japón con más intensidad de la normal.  Se le llamó el Gran Terremoto de Hanshin.   La ciudad de Kobe, cosmopolita y portuaria (en cierto sentido parecida a Málaga por la cercanía de las montañas a la costa) quedó devastada y murieron más de 5000 personas.  Hace unos años la visité por primera vez con unos amigos japoneses, que fueron testigos de aquel desastre.  Era de noche, se despertaron, salieron al exterior y la calle, tal como la conocían, casi había desaparecido.  Murakami (que vivió mucho tiempo en Nishinomiya, un pueblo cerca de Kobe) escribió más tarde una colección de seis magníficos relatos titulada Después del terremoto, cuya lectura recomiendo a todos/as ustedes.  

 

Y mientras tanto, por aquí se suceden también los movimientos telúricos, desagradables todos ellos.  Hay un cálculo renal que me tiene en estado de reclusión y hay un seísmo político muy relacionado con la tierra, esa cosa que está bajo nuestros pies y que algunos piensan que es suya por la única razón de haber nacido en ella, como si semejante acto tuviera algún mérito.  Más lo tienen los que arriesgan su vida en mares procelosos para llegar a estas montañas, llanos, mesetas y valles que llamamos nuestros.  

 

Es como si la tierra misma se hubiera enfadado con nosotros por patearla, ignorarla o usarla como estandarte y hubiera decidido llevarse a sus entrañas a un niño inocente provocándonos una angustia constante.

 

Les dejo un viejo poema de Múltiplos de uno, que quizá viene al caso.

 

 

    OCIO TELÚRICO

 

   La madre que nos parió

   esconde a veces secretos

   entre sus cantos rodados,

   o en el curso de las ráfagas

   de arena de los desiertos,

   o en los colores cambiantes

   de las rocas que se oxidan.

 

   Si escribimos, por ejemplo,

   nuestro nombre sobre el suelo

   calizo de una meseta

   y a los tres días volvemos

   y está completo o legible,

   es buen augurio.

   Si, en cambio,

   las letras han permutado

   sus puestos, esto es indicio

   de que la tierra no está

   contenta con nuestros pasos

   sobre su faz

   y nos requiere en sus minas,

   en sus cavernas profundas,

   para que le devolvamos

   el préstamo de la cal

   de nuestros huesos y el polvo

   en que nos convertiremos.

 

 

 

 

 

Trincheras

Monti Cruz en un fotograma de "El ambidiestro".
Monti Cruz en un fotograma de "El ambidiestro".

Entre quienes se la cogen con papel de fumar y la brocha gorda estamos salvados.  o sea, estamos aviados, que decía mi abuela.

 

Conviven en nuestros días, codo con codo, las opiniones de barra de bar y las de quisquillosos/as de toda índole, extremos que no se tocan porque andan atrincherados en sus respectivas ideas, ideologías o creencias. 

 

A los/as brochagordistas hay que alabarles el gusto por la simplificación contra una realidad confusa y demasiado líquida (en su opinión), pero cuando la simplificación deriva en simplicidad, muta a  imbecilidad.

 

A quienes abogan por el detallismo hay que aplaudirles su búsqueda de la verdad y la justicia, pero esta búsqueda puede incurrir en el ridículo y derribar todo lo conseguido.  Un último ejemplo.  En Alemania se ha prohibido el uso de un artilugio muy cómodo, que permite enviar órdenes a una web de compras cuando se acaba el papel higiénico o la pasta de dientes.  El problema es que en el contrato se habla de "pagador" no de "comprador" y eso acarrea que se pierdan los derechos del consumidor.

 

Hace años el director de cine Nono Palomino escribió y dirigió un magnífico cortometraje titulado El ambidiestro, que,  a la sazón, protagonizaba mi hermano Monti Cruz.  El argumento aborda la situación de un campesino desmemoriado por una explosión, que se encuentra atrapado entre dos trincheras de la Guerra Civil española.  Su imparcialidad amnésica lo convierte en enemigo de ambos bandos. 

 

En estos tiempos de violencia (sobre todo verbal) es más cómodo estar en la trinchera, al amparo de los tuyos, antes que exponerse al fuego cruzado de tirios y troyanos.

 

A pesar de que esta dicotomía no es exclusivamente hispana, vienen aquí pintiparados los versos del maestro Machado.  Él y su hermano también fueron víctimas de estas polarizaciones maniqueas (y que me perdone Mani, que en realidad no era tan maniqueo como cuentan).

 

     Españolito que vienes

     al mundo te guarde Dios.

     Una de las dos Españas,

     ha de helarte el corazón.

 

Hay quienes dirán que por qué "españolito" y no "españolita".  Otros dirán... Bueno, quizá no digan nada, porque no habrán llegado a leer a esta altura y ya se habrán atornillado a la barra del bar a hablar mal de los poetas y de los inmigrantes.  Y he aquí un ejemplo de lo que precisamente estaba argumentando. Quod era demostrandum.

 

 

 

 

 

 

Con papel de fumar

No cabe duda: vivimos un tiempo extraño.  No sé si es el mejor de los tiempos, no sé si es el peor de los tiempos, tomando palabras prestadas de Dickens.

 

En español castizo existe esta expresión un poco escatológica y cuasi soez: cogérsela con papel de fumar.  Alude a actitudes excesivamente pulcras, puristas, remilgadas, puntillosas, legalistas, pseudopuritanas...  

 

En este mundo digital (o no) del insulto instantáneo y de la reivindicación hiperbólica la primera baja ha sido el humor.  La irreverencia es políticamente incorrecta.  No se puede uno reír ni de su propia sombra.  Si bien es cierto que muchos chistes y expresiones partían de una situación pretérita, cargada de estereotipos rancios, que los cambios sociales han ido dejando atrás.  Los humoristas tienen que hacer un esfuerzo triple para buscar motivos de risa que no atenten contra ningún colectivo.  Todo el mundo quiere respeto, pero el respeto cuesta, como decían de la fama en Fama.  Lo que cuesta es que si no quieres que se rían de ti, pues no puedes reírte de nadie y, ya puestos, de nada.  

 

Esta búsqueda incansable de la comodidad y de la dignidad puede llevarnos a lugares insospechados.  Ahí están los que se molestan porque la gente hable como le han enseñado sus madres (de ahí lo de lengua materna) sea un idioma de los varios que se hablan en un país o un dialecto, que es una forma como cualquier otra de hablar una misma lengua.  

 

Hace poco vi una magistral película, Roma, de Alfonso Cuarón.  A mucha gente no le ha gustado y puede que lleven razón desde su punto de vista.  Quizá le sobren diez o quince o treinta minutos, sobre todo al principio.  No está el tiempo para derrocharlo viendo el agua de fregar (por poner el ejemplo de la toma inicial) yéndose por un sumidero, como nuestro propio tiempo.  Gustos aparte, lo interesante es que en cierta plataforma de vídeo y en algunos cines se ha presentado subtitulada en español "¡de España!".  Cuando la vi on line, no se me pasó por la cabeza que esa película necesitara subtítulos: hablaban en mexicano y si entendimos a inentendible Cantinflas, por qué no vamos a entender a gente normal de los años sesenta.  Antes debieran subtitular a algunos actores patrios que vocalizan deficientemente y que están sonorizados a veces de forma no completamente satisfactoria.

 

Y no es que yo esté en contra de la mejoras.  Lo que vengo a decir hoy es que sólo vamos a querer ver y oír lo que nos resulte más fácil y conforme a nuestros parámetros e imaginarios.  Sólo vamos a poder comer caviar en un cruasán de importación, regado con agua de las islas Fidji.

 

 

 

 

 

Personas que no tienen que venir a Japón

-Quienes crean que lo contrario de la ineficacia es la seriedad y la antipatía.

-Quienes odien comer carne, frutas y verduras de calidad.

-Quienes no sepan manejar los palillos.

-Quienes crean que van a encontrar robots por todas partes.

-Quienes amen los bares y restaurantes ruidosos, aunque, si se lo proponen, también pueden encontrarlos.

-Quienes odien la comida barata pero de calidad.

-Quienes estén en contra de que el servicio al cliente sea una prioridad total y absoluta en cualquier tipo de negocio cara al público.

-Quienes piensen que solo van a comer sushi.

-Quienes odien que los trenes, los autobuses y las calles estén siempre limpios.

-Quienes odien las cigarras en verano, los cerezos en flor en primavera y los arces rojos en otoño.

-Quienes consideren estúpido que los empleados de un banco cuiden las plantas que hay en los arriates que rodean la sucursal.

-Quienes crean que las telarañas son un síntoma de suciedad en lugar de un modo de dejar a la naturaleza autorregularse.

-Quienes piensen que los jóvenes japoneses están encerrados en sus casas videojugando y pidiendo pizza con una app.

-Quienes piensen que los deseos personales son más importantes que el respeto a los demás y la convivencia.

-Quienes odien que te agradezcan todo lo que haces.

-Quienes piensen que los japoneses son fríos y distantes porque no se abrazan en público.

-Quienes odien que en Osaka se puedan pedir por teléfono paellas mejores que las que se comen en muchos restaurantes de la madre patria.

-Quienes tengan el ego hipertrofiado.

-Quienes piensen que las papeleras son el único medio para mantener limpias las ciudades.

-Quienes odien que los trenes y los autobuses siempre lleguen a tiempo.

-Quienes odien que en las puertas de todas las casas y edificios haya flores o bonsáis.

-Quienes odien las bicicletas.

-Quienes amen la estridencia gratuita.

 

-Quienes crean que van a toparse por la calle con personajes de manga, samuráis y ninjas.  Geishas sí podrán ver en algunas zonas de Kioto.

-Quienes odien que se reverencie, respete y tema a la naturaleza.

 

NOTA: Empecé a escribir este post en Japón, de ahí los de "venir" en lugar de "ir".

 

 

 

Parábola del paramecio

Me imagino a mí mismo ante un ventanal. Veo un bosque con un río rumoroso, o una ciudad, o un digno desierto sin fin, quizá, no importa para este cuento.  Miro hacia abajo y hay un microscopio.  Alguien ha preparado un cultivo.  Acerco mi ojo derecho y observo multiplicidad de formas en una incesante orgía entrópica, comiéndose o evitándose las unas a las otras.  El espectáculo me causa vértigo y tengo que apartar la vista.

 

Esto es más o menos lo que se ve de España desde lejos: un pequeño pedazo del mundo agitado, convulso, caótico y, en cierto sentido, divertido.  Pero aquí no acaba la parábola.  Miro hacia arriba y observo que alguien me está observando tras una gran lente de aumento, porque yo soy uno de esos paramecios que eventualmente soñó que había salido del cultivo y era un poeta bloguero en oriente, aséptico y cosmopolita.  El pobre.

 

 

 

Cuestión de perspectiva

Cuando uno está lejos del objeto pasa como cuando está demasiado cerca.  Pongamos por caso "Las meninas": si te pones a verlas a un centímetro del lienzo no apreciarás la grandeza de Velázquez.  Si la ves desde lo alto de una noria un día nublado, pues tampoco.

 

Ahora que estoy lejos, el ruido que llega de la madre patria se oye distinto, como tamizado.  Y eso que lo hace con más nitidez que antes, vía internet: el prior falangista, la bebedora de leche cruda, el avión fiestero del presi, el atropellador de cruces, los abusos machistas...  La distancia sirve para filtrar un poco el grano de la paja y las vigas.  Incluso ha habido una frecuencia del ruido ibérico que provenía, precisamente, de aquí cerca de donde estoy escribiendo, de las botas con la bandera de España que se enfundó Iniesta en un partido en Kobe.

 

Y por otro lado, está James Rhodes, el pianista hispanófilo, que presenta "este país" (o sea, aquel) como un paraíso que no reconozco. Alaba a las señoras que hacen torrijas, las croquetas, a la gente esperando el semáforo en verde... en las antípodas de Max Estrella.

Quizá, como en aquel cuento de Borges, todo consista en ir al quinto infierno para buscar un tesoro y que, cuando llegues, alguien te diga que el tesoro está enterrado en el patio de tu casa.  Ese cuento, por cierto, quizá se lo pueda aplicar el mismo Rhodes, que echa pestes del Brexit y de un Londres orwelliano y triste.  

 

Hace años la sonda Cassini hizo una foto de la Tierra a 1400 millones de kilómetros, entre los inmensos anillos de Saturno.  ¡Qué ínfima mota de polvo! ¡Qué minúsculo Alejandro Magno! ¡Qué rifirrafe la Segunda Guerra Mundial! ¡Qué escuchimizado el increíble Hulk! ¡Qué risa ese mosquito que no te deja dormir hace semanas!

 

 

 

Profesionales serios

En España (puede que en otros sitios también) tendemos a confundir profesionalidad con aburrimiento según la siguiente fórmula: si eres profesional, eres un profesional serio, ergo no eres divertido, en consecuencia eres un tipo/a amargado, que no sabe disfrutar de la vida, que son tres días (y uno nublado).  Eso incluye, si me apuran, hasta a los payasos profesionales. 

 

Veo en bares, tiendas y gasolineras a muchos y muchas trabajadores de otros países que hacen sus tareas con ahínco y profesionalidad, con dedicación, concentración y, en el buen sentido de la palabra, seriedad.  Y observo el contraste con muchos compatriotas, para los que el trabajo es algo "demasiado serio", antivital casi, algo que les impide vivir plenamente su existencia de individuos libres: cajeras hablando sin parar sobre sus permisos o la fiebre de sus hijos, fontaneros que no traen las herramientas (¿Tendrá usted por ahí una escalerilla?), repuestos que siempre-hay-que-pedir-a-Barcelona, cartas extraviadas, citas médicas post mortem...

 

Creo (es una teoría endeble) que esta actitud indolente hacia el trabajo proviene de aquellos siglos en los que España creía merecer todo lo que llegaba en los barcos de América y todo el mundo se creía alguien ("Usted no sabe con quién está hablando.   Yo soy un concejal de Cuenca").  El trabajo era indecoroso para la nobleza y oneroso para el pueblo llano, limpio de sangre.  Sólo trabajaban los judíos (en las ciudades) y los moriscos (en el campo).  El resto era una pléyade de quijotes, sanchopanzas y lazarillos buscando el chollo, la prebenda, la herencia o la lotería.   Súmenle a esto la sobrecualificación: soy ingeniero y estoy vendiendo helados de dulce de leche, así que no me pidas que me dedique a esto con demasiada intensidad.  Max Weber ya dijo algo al respecto, pero relacionándolo con la religión. 

 

Vale, lo mismo son generalizaciones y hay inmigrantes que se escaquean y españolitos dando el callo.  Me callo, no vayan a pensar que soy un ensayista antiespañol, poco serio y profesional.

 

 

 

Seis libros, un año

La vida viene como viene y en las últimas semanas (meses casi), el nivel de trabajo y complicaciones de diverso tipo me han ido impidiendo el acceso a este blog.  Tenía especial interés en reseñar cuatro libros de autores a los que conozco y admiro.

 

Los otros dos a los que alude el título de esta entrada son los míos, De la palma al cerezo y En cuanto al otoño.  Del primero ya hablé en su momento (eran tiempos menos turbulentos).  Hubo una presentación en el Centro Cultural Mª Victoria Atencia y otros dos recitales, en la librería La Mínima y en el Ateneo de Málaga (al margen de uno previo que dimos en el Centro Internacional de Español de la UMA a principios de mayo). Incluso hubo reseñas de críticos y escritores como Isabel Bono, Antonio Rivero Taravillo, Arturo del Villar y Antonio Aguilar. 

 

Sin embargo, En cuanto al otoño, de reciente aparición, solo ha contado por el momento con una brevísima presentación en la redes sociales.  Cosas del mundo digital. Copio lo que conté allí:

 

"Y ya está aquí En cuanto al otoño, un libro digital que es una antología personal en la que he incluido poemas (muchos), relatos, teatro y aforismos (menos). 


Tengo que agradecer su aparición a varias personas. Ante todo el editor Guillermo Camacho y a Lucas Ruiz por su intercesión y revisiones. También a Emilio Lobato Montes y a Fina G. Naranjo, que han corregido y/o aportado consejos y fotos para la portada.


Como es publicación digital (y danesa), no podré firmar ejemplares (ni regalar, ni mandar a nadie...), pero también será más fácil acceder a ella. 


Gracias a todo ellos y ella y a ustedes, si lo compran, o por el mero hecho de haber leído hasta aquí.

Aquí va la síntesis/presentación:

 

"Esta antología reúne por primera vez obra poética, narrativa y dramática del escritor español Ángel L. Montilla Martos. Aunque es preponderante la poesía, el autor nunca ha abandonado desde sus orígenes la escritura de relatos y, más tardíamente, la de pequeñas obras teatrales que han sido estrenadas en diversos escenarios. Los poemas aquí recogidos abarcan más de treinta años ininterrumpidos de producción, desde versos escritos en la juventud hasta los más recientes. Se trata de una poesía muy variopinta, irónica, intelectual, sarcástica, culturalista y popularista a partes iguales, un caso verdaderamente anómalo en el panorama poético en lengua española. Montilla a veces es un constructor de sonetos, de romances, octavas reales o haikus y otras apuesta por un verso libre, cercano a la coloquialidad, con amplias referencias culturales y metalingüísticas. Otro elemento de la poética de nuestro autor es la tendencia muy generalizada a la síntesis y a la brevedad. Los dos relatos que recogemos en esta antología, dispares en su extension, coinciden en la temática histórica o historicista, otra de las aficiones del autor, sin dejar de abordar, como en sus poemas, contenidos metaliterarios (Calderón de la Barca, Garcilaso…). Los textos dramáticos, de más reciente creación, reinciden en las formas sintéticas y en el humor, mientras explora las relaciones de pareja o reflexiona sobre el devenir temporal y la relatividad del mundo cultural del que el ser humano es, al mismo tiempo, actor y espectador". 

 

 

En breve (no sé si podré antes de que termine el año) subiré las reseñas de los cuatro libros de los amigos.

 

Así que no me voy a quejar por este año tan prolífico en lo musical y lo literario.  Ojalá el que viene sea la mitad de fructífero que este.  Con eso me conformo.

 

Les deseo a todos que tengan un buen tránsito hacia el próximo año y que, ya puestos, la bonanza se prolongue durante los doce meses restantes o, por lo menos, hasta estas fechas en las que nos deseemos de nuevo lo mejor para el 19.

 

Y recuerden, si beben, tengan cuidado con el confeti que flota en el cava.