Neologismos

Lo advierto desde el principio: a pesar de la foto, esta entrada es un fistro de entrada, un amatoma diodenal de la pradera, así que relájense físicamente, moralmente.

 

Los neologismos de verdad son, como su nombre indica, palabras nuevas, inventadas ab nihilo o casi.  No son préstamos, como cruasán o fútbol, barbarismos, como software, acrónimos, como ADN o INRI, etc.  Se trata de un viejo recurso retórico creativo, propio de rétores y autores desde la mismísima antigüedad.  Al neologismo si no vuelve a usarse  se le llama hápax legómenon.  Es famoso en inglés el Honorificabilitudinatibus, empleado por Shakespeare una sola vez en Trabajos de amor perdidos.  En español quizá el más prestigioso inventor de palabras sea Quevedo: nabal, garcivolallas, quintainfamia, diabliposa, Gongorra, alcamadres, libropesía, marivinos, archinariz, cornicantano, caraluisas, nalguimántico, pelijudas...  Este don Franciso es que es un pozo sin fondo.  Más cercanas a nosotros quedan las jitanfáforas del mexicano Alfonso Reyes: 

 

     Filiframa alabe cundre

     ala olalúnea alífera

     aveolea jitanjáfora

     liris salumba salífera.

 

Y ya casi ayer, como quien dice, el glíglico del capítulo 68 de la mítica Rayuela de Cortázar: "Apenas él le amalaba el noema, a ella se la agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes".

 

El llorado Fernando Merlo también se apuntó al carro de la arreferencialidad en algunos de sus poemas:

 

     cuda nada lisa

     repi nita sava

     le quandinaruba

     le nuconte taca

     adignón sutiva...

 

Enemigos también de la denotación y la exactitud, más por su sintaxis o su semántica que por su léxico, andan Marx (Groucho), Antonio Ozores y los grandes Marianos,  Moreno "Cantinflas" y Rajoy, pero ese es un asunto que se sale de nuestro campo de estudio, en esta ocasión estrictamente lexicológico.

 

Todo esto viene al caso de la reciente defunción de otro gran lexigénico (aquí va otro neologismo por cierto), Gregorio Esteban Sánchez Fernández, cuyo nombre artístico, musical y humorístico, fue Chiquito de la Calzada.

 

Recuerdo la mezcla de perplejidad y condescendencia que practicaron (practicamos) muchos cuando inició su andadura a golpe de apiticain y gradenauers.  Nos pareció un producto más de la fugaz fábrica de fenómenos que suele ser la televisión, pero erramos.  Chiquito dio con la clave de un asunto profundo como pocos: la falacia de la comunicación.  Desde que Quevedo se reía a diestro y siniestro de viejas, borrachos y poetas cordobeses narizados hasta hoy, siempre hemos sospechado que detrás de las palabras hay muchas verdades ocultas que sólo se desvelan tras prolijas investigaciones, introspecciones, delaciones y casualidades.  El lenguaje puede servir para unir a emisor y receptor, pero también demasiadas veces lo que hace es distanciarlos y alejarlos a ambos de los referentes, la cosas de las que se supone que estamos hablando.  Cuando se habla y se habla y no se dice nada que sirva para nada o se oculta lo que debiera decirse, entonces se descubre el pastel y entra en funcionamiento el neologismo y la arreferencialidad.  Si no estamos diciendo nada interesante, si estamos tapando con las palabras, desmontemos (deconstruyamos, que diría un pedante neologista) el tinglado y veamos las palabras tal como son, meros sonidos convencionales, fonemas, entonaciones, garabatos negros sobre fondo blanco.  Hartémonos de reír viendo sin complejos al rey desnudo. 

 

Chiquito, que vivió dos años en la incomunicación verbal, aprendió en Japón a esbozar lo que se dice, a decir sin palabras (pura pragmática), a caminar como una geisha de Kioto, a insinuar como un maestro de pintura zen o un actor de teatro noh. 

 

Por todo eso y por su arte andalú ha llegado a convertirse en un eje que vertebra a este país intrísecamente centrífugo: reyes, derechas e izquierdas han lamentado su muerte, desbancando de las redes sociales ese fistro de problema que tenemos encima.

 

Sé que la RAE no nos va atender en la demanda de meter en el diccionario ninguna de las palabras que inventó.  De hecho no sabría ni cómo definirlas.  En aquella colina de la calle Felipe IV son todos unos pecadores de la pradera.  Hasta luego, Gregorio.

 

 

 

Raros

Cansa ya tanta falta de información y perspectiva.  En relación con el temita del semen de pulpo y otras rarezas gastronómicas japonesas, en un muy pequeño paseo por redes sociales me encuentro otras supuestas rarezas japonesas (u orientales en general): que si niños embutidos en paraguas gigantes, que si mujeres-mesa sobre las que se come sushi...  Un no parar.

 

Como ya he dicho un montón de veces, en Japón hay pocas cosas raras, al menos a la vista, en las calles y lugares más o menos cotidianos (no digo que no haya frikeríos en algunos barrios de Tokio).  Muy al contrario, la normalidad y la tranquilidad inundan la vida cotidiana de aquel país, incluso en grandes urbes como Osaka, que es la que más conozco.  Es más, cuando uno se acostumbra a que los trenes, autobuses y aviones lleguen y salgan a su hora, cuando uno ve como normal que le resuelvan los pocos problemas que surgen (derivados casi siempre por nuestra incompetencia lingüística o cultural) con tranquilidad y predisposición positiva, cuando el camarero da un salto para reponer un palillo que se te ha caído antes de que casi toque al suelo, cuando... entonces vas y tienes una iluminación: los raros somos nosotros, que no paramos de meter palos en las ruedas, de postergar, de protestar, de escindirnos, de envidiar, de (casi) prohibir las placas solares, de decir que "esa pieza hay que pedirla a Alemania" y... Bueno, mejor lo dejo, que luego dicen que no soy patriota, o español o lo que sea que se supone que debo ser.  Además, ya lo conté hace seis años en un post del viejo Monte Coronado.

 

En otras palabras: nos reímos de las rarezas de los otros, quizá para no lamentar las nuestras, tan evidentes que no las vemos o no queremos verlas.  Vigas y pajas, pajas y vigas.

 

 

 

Semen a la brasa, ninjas, geishas y toreros

La paella (paeria dice el cartel en katakana) del bufé del hotel de Sounkyo.
La paella (paeria dice el cartel en katakana) del bufé del hotel de Sounkyo.

Justo antes de salir para Japón hace dos semanas leí una noticia.  El chef Dabiz Muñoz iba para allá también, imagino que en business, con sus tatuajes, rapados y pendientes antisistema.  Como otros tantos, va periódicamente a vampirear ideas.  Como tiene que ser, por otra parte.  La historia es un flujo de ideas o no es nada.

 

Desde allí retransmitió que había probado por primera vez el semen.  Eso decía el titular, que (lo sabemos ya de sobra) es una reducción antibalsámica de la verdad.  El semen que había probado era de pulpo.  Si el titular contribuía a cuestionar la heterosexualidad del cocinero, el desarrollo de la noticia remarcaba el carácter "extraño" de la cocina japonesa y, por extensión, de lo japonés.  Luego hubo una contranoticia.  Entrevistaron a cocineros japoneses que trabajan en España y afirmaron que ni el semen de pulpo ni las hormigas vivas son algo que se coma normalmente en Tokio, Asahikawa o Hiroshima.  Hay que ir a buscarlos a ciertos sitios recónditos y/o exquisitos.  Además lo de las hormigas vivas es un invento de un chef danés que tiene el gorro puesto en Chiba o por ahí.

 

Desmontado el artificio, queda desnuda la verdad, la que hemos vivido en este último viaje a Hokaido y que no es otra que: patatas fritas, sandías, melones, ramen, edamame, sashimi, algo de sushi (poco), huevas de salmón, pescado a la brasa, helados... hasta paella había en el bufé del hotel.  Ni geishas, ni toreros, ni ninjas, ni semen de cachalote... Gente normal viviendo vidas normales debajo de un misil intercontinental.  Pero esa es otra historia que contaré otro día, como digo, si tengo tiempo y ganas.

 

Aquí les dejo fotos de algunas comidas y bebidas consumidas en este viaje:

 

Shishiamo, un pescado exquisito que se sirve a la brasa, pero aquí está en versión seca de paquete de supermercado, igualmente sabrosa.
Shishiamo, un pescado exquisito que se sirve a la brasa, pero aquí está en versión seca de paquete de supermercado, igualmente sabrosa.
"Té" de maíz sin cafeína.  El maíz abunda en Hokaido, sobre todo como pasto para su famosas vacas.
"Té" de maíz sin cafeína. El maíz abunda en Hokaido, sobre todo como pasto para su famosas vacas.
Bebida gaseosa con aloe y un 5% de alcohol.
Bebida gaseosa con aloe y un 5% de alcohol.
Sandía, melón y palomitas con miel.  Las frutas de Hokaido están consideradas entre las mejores de Japón y son tan buenas, o más, como las de por aquí.
Sandía, melón y palomitas con miel. Las frutas de Hokaido están consideradas entre las mejores de Japón y son tan buenas, o más, como las de por aquí.
Karage de nankotsu.  Esto sí que puede considerarse, hasta cierto punto, una rareza habitual.  El karage es frito y el nankotsu son tendones o ternillas, que aquí también se consumen, junto a un amplio espectro de casquería, que en Japón no se come.
Karage de nankotsu. Esto sí que puede considerarse, hasta cierto punto, una rareza habitual. El karage es frito y el nankotsu son tendones o ternillas, que aquí también se consumen, junto a un amplio espectro de casquería, que en Japón no se come.
Sashimi variado: pulpo, gambas, dorada, salmón, kagi (molusco) e hígado de algún pescado.  Sólo falta el atún y el bonito para ser un clásico.
Sashimi variado: pulpo, gambas, dorada, salmón, kagi (molusco) e hígado de algún pescado. Sólo falta el atún y el bonito para ser un clásico.
El ramen es una comida de origen chino que es muy popular en Japón.  Este lleva algas, brotes de bambú y no sé qué más que ya me había comido.
El ramen es una comida de origen chino que es muy popular en Japón. Este lleva algas, brotes de bambú y no sé qué más que ya me había comido.

De tripas y tramoyas

Si De los que hablo cuando hablo de correr fue un libro interesantísimo, incluso para mí (que hago menos deporte que un funcionario calvo de baja), este de ahora (De lo que hablo cuando hablo de escribir), lo es mucho más.

 

Con un lenguaje fácil Murakami es capaz de llevar al lector por los motivos y las técnicas que él utiliza para escribir.  Y digo "él", porque no es libro de teoría literaria al uso, que solo leen la mitad de los alumnos matriculados en teoría de la literatura (o menos).  De hecho se ha colocado en el número uno de no-ficción.  

 

De todos los detalles y anécdotas que cuenta, sin duda destaca el momento fulminante (que el zen llama satori) en el que decidió escribir su primera novela.  No se lo adelanto, pero les diré que las razones y ambiente no tenían que ver nada con la literatura.  Quizá por ello Murakami enganche a tantos lectores, porque, como cuenta en este libro, nunca se ha sentido parte de ese mundo endogámico de premios, firmas de libros, envidias y alabanzas (mayoritariamente falaces).  Él es más de pegar el culo a la silla sistemáticamente y trabajar, sobre todo trabajar, que para eso es japonés.

 

 

Vídeos de la presentación "De la palma al cerezo"

Aquí están los enlaces a los vídeos del concierta del 16 de mayo de 2017.

Todo fue grabado (a pulso) por Isabel Rojas Paredes.  Yo me he limitado a editarlo y ponerle carteles y musiquillas.

 

1.- Presentación de José A. Mesa Toré y José Luis González Vera.

https://www.youtube.com/watch?v=8oUG0_Mh-1M

 

2.- Recitado del autor e intervenciones musicales de Eduardo Retamero a la voz y la guitarra.

https://www.youtube.com/watch?v=TKNnIB-rkbI

 

3.- Segunda parte del recitado.

https://www.youtube.com/watch?v=nAyEf5kZlpA&t=24s

 

4.- Recitado de "Cantos cetáceos", acompañado de una composición de Cristina Gallego Fernández (al piano).

https://www.youtube.com/watch?v=XiRB26qhW9g&t=135s

 

5.- Final: "La canción que me encargaste" y "Cuando seamos felices".

https://www.youtube.com/watch?v=09ge52m04f4&t=485s

 

 

P.S.: Reseña de esta entrada por parte de la novelas y poeta Isabel Bono: 

http://algunascosasqueleo.blogspot.com.es/2017/05/angel-luis-montilla-poeta-y-cantautor.html 

 

 

 

 

Cuando me paro a pensar...

Playa de El Palo, ayer
Playa de El Palo, ayer

Cuando me paro a pensar que lo que pienso está hecho con información de fuentes tan diversas...  En los repliegues de mi cerebro conviven los cuentos de Andersen y los de Borges, las guerras púnicas y las de las galaxias, los anuncios de gazpacho y la novena de Beethoven, Hiroshima y Georgie Dann, el jabón de las manos y los sonetos de Garcilaso, el padrino y las pelusas de debajo de la cama, caricias e instancias, un tinto de verano y el acorde de mi menor en la guitarra, Treblinka y Torremolinos, Sancho Panza y John Travolta, las reglas de las tildes y las del fútbol callejero, los papas y los boquerones en vinagre, la quinta declinación y las quintas columnas, las leyes de Mendel y Gloria Fuertes, las Pléyades y orzuelos, las canciones del verano y un haiku de Issa, Marx y Groucho, Ortega y Manet, los partidos políticos y los de verdiales, Sansón y Manila, Kioto y La Palma, el vecino de la tos y los crepes que hacía mi madre, este blog y los huevos fritos con tomate...  

 

Cuando me paro a pensar en esto, no sé qué pensar.  Será el verano, que es como una apisonadora para el pensamiento.

 

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Frivolidades

Mucho tiempo ha pasado desde la última entrada.  Hasta de una año a otro hemos saltado.  Las razones son muchas y variadas.  La primera quizá es que, por pura pereza o comodidad, me he pasado al microblogging, sobre todo en Facebook.  Además he estado de viaje por ese país que ustedes imaginan.  Hemos visitado Osaka, la querida Kioto y el monte Koya, lugar sagrado, donde está enterrado (otros dicen meditando eternamente) Kobo Daishi, una especie de Leonardo japonés, que inventó, entre otras cosas el silabario hiragana.  Sufrí un microtrauma cuando creí que estaba perdiendo mi escaso japonés, pero es que había una cantidad ingente de chinos por todos lados y, claro, no cogía nada.   Bueno, la vida sigue y ando metido en varios saraos artísticos y profesionales que ya les iré contando si viene al caso.

 

Lo que me ha hecho volver al blog ha sido el incidente que llamaremos "del comentario de texto".  Como quizá sabrán, unos titiriteros han sido encarcelados por apología del terrorismo, debido a que aparecía cierto cartelito (pequeñito) en una obra no apta para todos los públicos ni, al parecer, poderes públicos.  No soy nadie para juzgar a un juez, pero los Jueces por la Democracia sí.  Ellos son quienes han dicho que no concurrían las circunstancias para el encarcelamiento.  Al final los han soltado, pero, oh absurdo de los absurdos, los títeres siguen bajo custodia policial.  Como si fuera muy difícil coger un trozo de tela y pegamento y volverlos a hacer.  Y para dar un giro más a la espiral esperpéntica, la policía ha identificado a un joven que iba vestido (¡en pleno carnaval!) de los títeres o titiriteros de marras.  No quiero ponerme pedante y profesoresco, pero, para resumir, la presencia de un elemento en una obra de ficción puede cumplir funciones muy distintas.  ¿Incitaba Shakespeare al suicidio con la famosa escena de Hamlet? ¿Lo hacia al asesinato el orondo Hitchcock cuando lo de la cortina de la ducha?  A parecer, el cartelito apologista era colocado por la policía para incriminar a alguien, no para reinvindicar el contenido del mismo.  Dejémoslo ahí.  Mejor será.

 

Lo políticamente correcto está empezando a secar y socavar la creatividad.  Un ejemplo reciente me lo confirma.  El paisano Rovira en la gala de los Goyas hizo una broma sobre cultura y yates (que si él no tenía uno y no le importaba que subieran los impuestos que los gravan).  Pues se lo pueden creer: la Asociación Nacional de Empresas Náutica ha protestado.  Por frivolizar.  Que si mucha gente vive de eso, que si tantos millones se mueven a babor y estribor...  Pero, vamos a ver, estimados armadores, carpinteros de ribera, infladores de zodiacs y demás, ¿en qué momento del chiste se dice algo mínimamente crítico, sarcástico, apologético, denigrante o lo que sea contra este floreciente negocio de las quillas y los atracaderos?

 

De modo que frivolizar es malo.  Ser serio, racional y comedido es bueno.  Apolo, bueno; Dionisos, caca.  Si Nietzsche levantara la cabeza...

 

Aquí les dejó algunas fotos del viaje.

 

 

Aeropuerto internacional de Kansai, con su puente y todo.
Aeropuerto internacional de Kansai, con su puente y todo.
Monje (occidental, por cierto) en el cementerio Okunoin del monte Koya.
Monje (occidental, por cierto) en el cementerio Okunoin del monte Koya.
Bodisatva del cementerio Okunoin del monte Koya.
Bodisatva del cementerio Okunoin del monte Koya.
Pagoda del templo principal del monte Koya.
Pagoda del templo principal del monte Koya.
Jardín seco de un templo del monte Koya.
Jardín seco de un templo del monte Koya.
Monje escribiendo/dibujando una caligrafía en un libro de caligrafías de templos.  Se pagan 100 o 200 yenes y lo hacen en estos libros en blanco que los peregrinos y turistas llevamos en nuestros periplos templarios.
Monje escribiendo/dibujando una caligrafía en un libro de caligrafías de templos. Se pagan 100 o 200 yenes y lo hacen en estos libros en blanco que los peregrinos y turistas llevamos en nuestros periplos templarios.
Pulpo a la brasa en restaurante de Kioto.
Pulpo a la brasa en restaurante de Kioto.
Pista de hielo en Osaka.
Pista de hielo en Osaka.
Puente sobre el río Kamo en el centro de Kioto.
Puente sobre el río Kamo en el centro de Kioto.
Templo Otagi, Arashiyama, Kioto.
Templo Otagi, Arashiyama, Kioto.
Arashiyama, Kioto.
Arashiyama, Kioto.
Árbol de kakis en Sekigahara.
Árbol de kakis en Sekigahara.
Osaka.
Osaka.
La revista gratuita que más gusta en los metros y trenes de Osaka.
La revista gratuita que más gusta en los metros y trenes de Osaka.
Araña en hoja de arce en el templo Rioanji de Kioto.
Araña en hoja de arce en el templo Rioanji de Kioto.
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Las puertas del infierno y las del paraíso

Allá entre los siglos XVII y XVIII vivió Hakuin Ekaku, que reformó las enseñanzas del zen Rinzai, haciendo hincapié más en los enigmáticos koan que en la meditación zazen.  De él se cuenta esta anécdota.


   Un soldado llamado Nobushige vino a ver al maestro Hakuin y le preguntó: "¿En verdad existen un paraíso y un infierno?".  

   Hakuin le preguntó: "¿Quién eres tú?".  

   "Soy un samurái", explicó el guerrero.  

   "¡Un soldado!, ¡pues pareces un mendigo!", exclamó Hakuin.

   Nobushige enfureció y sacó su espada para matar al monje.

   "Aquí están las puertas del infierno", dijo Hakuin tranquilamente.

   En ese momento el samurái comprendió el mensaje del maestro y envainó su espada.

  "Aquí están las puertas del paraíso", sentenció Hakuin. 



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Publicación en Japón

Hace unos meses, casi un año ya, el recientemente fallecido profesor Yamazaki me ofreció participar en un libro que conmemoraba el cuarto centenario de la publicación de la segunda parte del Quijote.  No tardé nada en aceptar.  Había distintas posibilidades de formato y género y al final propuse escribir un relato.  Me centré en un suceso posible, probable, pero no probado: el hipotético encuentro entre Cervantes y Hasekura Tsunenaga, responsable de la embajada Keicho, que visitó al rey Felipe III en Madrid en febrero de 1615.  Lo titulé de forma pendante, barroca o cervantina "Donde se refieren apócrifamente algunos tropiezos, diálogos y ocurrencias que acontecieron a don Miguel de Cervantes y otro suceso de felice recordación". 

 

Dado que el libro se pensó para la venta en Japón, el relato lo tradujo el profesor Yamazaki y ahí está, sin que lo entienda cabalmente ni el propio autor que les habla.  La editorial es Ronso Sha de Tokio y por lo que que he logrado traducir toscamente se titula La época de don Quijote.

 

No es mi primera publicación en Japón.  Al margen de varias colaboraciones en Acueducto y el blog Paralelo 36º, escribí unos artículos para un libro colectivo sobre España, que salió a la venta en 2013.  Pero este relato tiene un valor especial por tres razones: por ser creación literaria, por ser un homenaje a la segunda parte del Quijote (en mi opinión y en la de muchos, mejor que la primera) y por haber sido traducido por el profesor Yamazaki.

Aquí les dejo unas fotos al respecto:  

 

Este es el principio del relato.  Empezando por la derecha en vertical, el tercer renglón es mi nombre y el de al lado, el del traductor Shinzo Yamazaki.
Este es el principio del relato. Empezando por la derecha en vertical, el tercer renglón es mi nombre y el de al lado, el del traductor Shinzo Yamazaki.
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El Quijote de Japón

El profesor Yamazaki en un parque a las afueras de Kioto.
El profesor Yamazaki en un parque a las afueras de Kioto.

Ayer recibimos la triste noticia de la muerte del profesor Shinzo Yamazaki.  Hace unos años tuve la suerte de conocerlo en Kioto y les conté la anécdota en una entrada de este blog


Aquel hombre nos divirtió con sus chistes y sus peripecias en la España de los setenta, una de las cuales consistió en hacerle un par de llaves de yudo al mismísimo José Luis López Vázquez en ¡Cuidado con las señoras!


En los últimos meses de su estancia en Japón, Yamazaki resultó un apoyo personal muy agradable para nuestra corresponsal.  Luego seguimos en contacto y nos envió algunos de sus libros.  Se especializó en paremiología (estudios de refranes y proverbios) y en el Quijote.  De hecho se convirtió poco a poco en uno de los mayores paladines defensores y difusor del Quijote en Japón, con un toque sanchopancesco por aquello de su sentido del humor y su gusto por los refranes. 


Ha querido el azar, la fortuna, la serendipia o los kamis que fallezca el profesor Yamazaki el año del aniversario de la publicación de la segunda parte del Quijote, para el que preparaba un volumen homenaje en el que participan (¿participarán?) escritores y estudiosos españoles.  Ignoro qué será de este proyecto.  Me imagino que otros colaboradores lo culminarán, si no lo hizo él mismo con sus últimas fuerzas.

 

Descanse en paz este amigo de España y de todos los que lo conocieron.



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