De tripas y tramoyas

Si De los que hablo cuando hablo de correr fue un libro interesantísimo, incluso para mí (que hago menos deporte que un funcionario calvo de baja), este de ahora (De lo que hablo cuando hablo de escribir), lo es mucho más.

 

Con un lenguaje fácil Murakami es capaz de llevar al lector por los motivos y las técnicas que él utiliza para escribir.  Y digo "él", porque no es libro de teoría literaria al uso, que solo leen la mitad de los alumnos matriculados en teoría de la literatura (o menos).  De hecho se ha colocado en el número uno de no-ficción.  

 

De todos los detalles y anécdotas que cuenta, sin duda destaca el momento fulminante (que el zen llama satori) en el que decidió escribir su primera novela.  No se lo adelanto, pero les diré que las razones y ambiente no tenían que ver nada con la literatura.  Quizá por ello Murakami enganche a tantos lectores, porque, como cuenta en este libro, nunca se ha sentido parte de ese mundo endogámico de premios, firmas de libros, envidias y alabanzas (mayoritariamente falaces).  Él es más de pegar el culo a la silla sistemáticamente y trabajar, sobre todo trabajar, que para eso es japonés.

 

 

Vídeos de la presentación "De la palma al cerezo"

Aquí están los enlaces a los vídeos del concierta del 16 de mayo de 2017.

Todo fue grabado (a pulso) por Isabel Rojas Paredes.  Yo me he limitado a editarlo y ponerle carteles y musiquillas.

 

1.- Presentación de José A. Mesa Toré y José Luis González Vera.

https://www.youtube.com/watch?v=8oUG0_Mh-1M

 

2.- Recitado del autor e intervenciones musicales de Eduardo Retamero a la voz y la guitarra.

https://www.youtube.com/watch?v=TKNnIB-rkbI

 

3.- Segunda parte del recitado.

https://www.youtube.com/watch?v=nAyEf5kZlpA&t=24s

 

4.- Recitado de "Cantos cetáceos", acompañado de una composición de Cristina Gallego Fernández (al piano).

https://www.youtube.com/watch?v=XiRB26qhW9g&t=135s

 

5.- Final: "La canción que me encargaste" y "Cuando seamos felices".

https://www.youtube.com/watch?v=09ge52m04f4&t=485s

 

 

P.S.: Reseña de esta entrada por parte de la novelas y poeta Isabel Bono: 

http://algunascosasqueleo.blogspot.com.es/2017/05/angel-luis-montilla-poeta-y-cantautor.html 

 

 

 

 

Cuando me paro a pensar...

Playa de El Palo, ayer
Playa de El Palo, ayer

Cuando me paro a pensar que lo que pienso está hecho con información de fuentes tan diversas...  En los repliegues de mi cerebro conviven los cuentos de Andersen y los de Borges, las guerras púnicas y las de las galaxias, los anuncios de gazpacho y la novena de Beethoven, Hiroshima y Georgie Dann, el jabón de las manos y los sonetos de Garcilaso, el padrino y las pelusas de debajo de la cama, caricias e instancias, un tinto de verano y el acorde de mi menor en la guitarra, Treblinka y Torremolinos, Sancho Panza y John Travolta, las reglas de las tildes y las del fútbol callejero, los papas y los boquerones en vinagre, la quinta declinación y las quintas columnas, las leyes de Mendel y Gloria Fuertes, las Pléyades y orzuelos, las canciones del verano y un haiku de Issa, Marx y Groucho, Ortega y Manet, los partidos políticos y los de verdiales, Sansón y Manila, Kioto y La Palma, el vecino de la tos y los crepes que hacía mi madre, este blog y los huevos fritos con tomate...  

 

Cuando me paro a pensar en esto, no sé qué pensar.  Será el verano, que es como una apisonadora para el pensamiento.

 

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Frivolidades

Mucho tiempo ha pasado desde la última entrada.  Hasta de una año a otro hemos saltado.  Las razones son muchas y variadas.  La primera quizá es que, por pura pereza o comodidad, me he pasado al microblogging, sobre todo en Facebook.  Además he estado de viaje por ese país que ustedes imaginan.  Hemos visitado Osaka, la querida Kioto y el monte Koya, lugar sagrado, donde está enterrado (otros dicen meditando eternamente) Kobo Daishi, una especie de Leonardo japonés, que inventó, entre otras cosas el silabario hiragana.  Sufrí un microtrauma cuando creí que estaba perdiendo mi escaso japonés, pero es que había una cantidad ingente de chinos por todos lados y, claro, no cogía nada.   Bueno, la vida sigue y ando metido en varios saraos artísticos y profesionales que ya les iré contando si viene al caso.

 

Lo que me ha hecho volver al blog ha sido el incidente que llamaremos "del comentario de texto".  Como quizá sabrán, unos titiriteros han sido encarcelados por apología del terrorismo, debido a que aparecía cierto cartelito (pequeñito) en una obra no apta para todos los públicos ni, al parecer, poderes públicos.  No soy nadie para juzgar a un juez, pero los Jueces por la Democracia sí.  Ellos son quienes han dicho que no concurrían las circunstancias para el encarcelamiento.  Al final los han soltado, pero, oh absurdo de los absurdos, los títeres siguen bajo custodia policial.  Como si fuera muy difícil coger un trozo de tela y pegamento y volverlos a hacer.  Y para dar un giro más a la espiral esperpéntica, la policía ha identificado a un joven que iba vestido (¡en pleno carnaval!) de los títeres o titiriteros de marras.  No quiero ponerme pedante y profesoresco, pero, para resumir, la presencia de un elemento en una obra de ficción puede cumplir funciones muy distintas.  ¿Incitaba Shakespeare al suicidio con la famosa escena de Hamlet? ¿Lo hacia al asesinato el orondo Hitchcock cuando lo de la cortina de la ducha?  A parecer, el cartelito apologista era colocado por la policía para incriminar a alguien, no para reinvindicar el contenido del mismo.  Dejémoslo ahí.  Mejor será.

 

Lo políticamente correcto está empezando a secar y socavar la creatividad.  Un ejemplo reciente me lo confirma.  El paisano Rovira en la gala de los Goyas hizo una broma sobre cultura y yates (que si él no tenía uno y no le importaba que subieran los impuestos que los gravan).  Pues se lo pueden creer: la Asociación Nacional de Empresas Náutica ha protestado.  Por frivolizar.  Que si mucha gente vive de eso, que si tantos millones se mueven a babor y estribor...  Pero, vamos a ver, estimados armadores, carpinteros de ribera, infladores de zodiacs y demás, ¿en qué momento del chiste se dice algo mínimamente crítico, sarcástico, apologético, denigrante o lo que sea contra este floreciente negocio de las quillas y los atracaderos?

 

De modo que frivolizar es malo.  Ser serio, racional y comedido es bueno.  Apolo, bueno; Dionisos, caca.  Si Nietzsche levantara la cabeza...

 

Aquí les dejó algunas fotos del viaje.

 

 

Aeropuerto internacional de Kansai, con su puente y todo.
Aeropuerto internacional de Kansai, con su puente y todo.
Monje (occidental, por cierto) en el cementerio Okunoin del monte Koya.
Monje (occidental, por cierto) en el cementerio Okunoin del monte Koya.
Bodisatva del cementerio Okunoin del monte Koya.
Bodisatva del cementerio Okunoin del monte Koya.
Pagoda del templo principal del monte Koya.
Pagoda del templo principal del monte Koya.
Jardín seco de un templo del monte Koya.
Jardín seco de un templo del monte Koya.
Monje escribiendo/dibujando una caligrafía en un libro de caligrafías de templos.  Se pagan 100 o 200 yenes y lo hacen en estos libros en blanco que los peregrinos y turistas llevamos en nuestros periplos templarios.
Monje escribiendo/dibujando una caligrafía en un libro de caligrafías de templos. Se pagan 100 o 200 yenes y lo hacen en estos libros en blanco que los peregrinos y turistas llevamos en nuestros periplos templarios.
Pulpo a la brasa en restaurante de Kioto.
Pulpo a la brasa en restaurante de Kioto.
Pista de hielo en Osaka.
Pista de hielo en Osaka.
Puente sobre el río Kamo en el centro de Kioto.
Puente sobre el río Kamo en el centro de Kioto.
Templo Otagi, Arashiyama, Kioto.
Templo Otagi, Arashiyama, Kioto.
Arashiyama, Kioto.
Arashiyama, Kioto.
Árbol de kakis en Sekigahara.
Árbol de kakis en Sekigahara.
Osaka.
Osaka.
La revista gratuita que más gusta en los metros y trenes de Osaka.
La revista gratuita que más gusta en los metros y trenes de Osaka.
Araña en hoja de arce en el templo Rioanji de Kioto.
Araña en hoja de arce en el templo Rioanji de Kioto.
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Las puertas del infierno y las del paraíso

Allá entre los siglos XVII y XVIII vivió Hakuin Ekaku, que reformó las enseñanzas del zen Rinzai, haciendo hincapié más en los enigmáticos koan que en la meditación zazen.  De él se cuenta esta anécdota.


   Un soldado llamado Nobushige vino a ver al maestro Hakuin y le preguntó: "¿En verdad existen un paraíso y un infierno?".  

   Hakuin le preguntó: "¿Quién eres tú?".  

   "Soy un samurái", explicó el guerrero.  

   "¡Un soldado!, ¡pues pareces un mendigo!", exclamó Hakuin.

   Nobushige enfureció y sacó su espada para matar al monje.

   "Aquí están las puertas del infierno", dijo Hakuin tranquilamente.

   En ese momento el samurái comprendió el mensaje del maestro y envainó su espada.

  "Aquí están las puertas del paraíso", sentenció Hakuin. 



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Publicación en Japón

Hace unos meses, casi un año ya, el recientemente fallecido profesor Yamazaki me ofreció participar en un libro que conmemoraba el cuarto centenario de la publicación de la segunda parte del Quijote.  No tardé nada en aceptar.  Había distintas posibilidades de formato y género y al final propuse escribir un relato.  Me centré en un suceso posible, probable, pero no probado: el hipotético encuentro entre Cervantes y Hasekura Tsunenaga, responsable de la embajada Keicho, que visitó al rey Felipe III en Madrid en febrero de 1615.  Lo titulé de forma pendante, barroca o cervantina "Donde se refieren apócrifamente algunos tropiezos, diálogos y ocurrencias que acontecieron a don Miguel de Cervantes y otro suceso de felice recordación". 

 

Dado que el libro se pensó para la venta en Japón, el relato lo tradujo el profesor Yamazaki y ahí está, sin que lo entienda cabalmente ni el propio autor que les habla.  La editorial es Ronso Sha de Tokio y por lo que que he logrado traducir toscamente se titula La época de don Quijote.

 

No es mi primera publicación en Japón.  Al margen de varias colaboraciones en Acueducto y el blog Paralelo 36º, escribí unos artículos para un libro colectivo sobre España, que salió a la venta en 2013.  Pero este relato tiene un valor especial por tres razones: por ser creación literaria, por ser un homenaje a la segunda parte del Quijote (en mi opinión y en la de muchos, mejor que la primera) y por haber sido traducido por el profesor Yamazaki.

Aquí les dejo unas fotos al respecto:  

 

Este es el principio del relato.  Empezando por la derecha en vertical, el tercer renglón es mi nombre y el de al lado, el del traductor Shinzo Yamazaki.
Este es el principio del relato. Empezando por la derecha en vertical, el tercer renglón es mi nombre y el de al lado, el del traductor Shinzo Yamazaki.
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El Quijote de Japón

El profesor Yamazaki en un parque a las afueras de Kioto.
El profesor Yamazaki en un parque a las afueras de Kioto.

Ayer recibimos la triste noticia de la muerte del profesor Shinzo Yamazaki.  Hace unos años tuve la suerte de conocerlo en Kioto y les conté la anécdota en una entrada de este blog


Aquel hombre nos divirtió con sus chistes y sus peripecias en la España de los setenta, una de las cuales consistió en hacerle un par de llaves de yudo al mismísimo José Luis López Vázquez en ¡Cuidado con las señoras!


En los últimos meses de su estancia en Japón, Yamazaki resultó un apoyo personal muy agradable para nuestra corresponsal.  Luego seguimos en contacto y nos envió algunos de sus libros.  Se especializó en paremiología (estudios de refranes y proverbios) y en el Quijote.  De hecho se convirtió poco a poco en uno de los mayores paladines defensores y difusor del Quijote en Japón, con un toque sanchopancesco por aquello de su sentido del humor y su gusto por los refranes. 


Ha querido el azar, la fortuna, la serendipia o los kamis que fallezca el profesor Yamazaki el año del aniversario de la publicación de la segunda parte del Quijote, para el que preparaba un volumen homenaje en el que participan (¿participarán?) escritores y estudiosos españoles.  Ignoro qué será de este proyecto.  Me imagino que otros colaboradores lo culminarán, si no lo hizo él mismo con sus últimas fuerzas.

 

Descanse en paz este amigo de España y de todos los que lo conocieron.



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El tsunami de tsunami

Ayer me pasó la siguiente anécdota en clase.  Tocaba hablar de la literatura del siglo XVIII.  Les conté (¡aunque no viene en el libro!) que en aquel siglo se creó la Real Academia de la Lengua con su famoso lema detergente.  Les dije que uno de los problemas que abordó la institución fue la invasión de galicismos.  A continuación hablamos muy de pasada del Cándido de Voltaire y les conté (¡aunque no viene en el libro!) que en un momento de la famosa novela filosófica los protagonistas llegan a Lisboa, justo después de haber sido arrasada por el terremoto y tsunami de 1755.  Inmediatamente caí en la cuenta y maticé: "Bueno, en realidad entonces no se llamaba tsunami".  Una alumna brillante me miró con cara de sorprendida y me preguntó cómo se nombraba entonces a ese fenómeno natural.  Cuando dije "maremoto", las caras de sorpresa ya fueron generalizadas: parecía que había dicho nefalibata o esternocleidomastoideo.  


Y ahora que lo pienso, cuando tuvieron lugar los dos recientes maremotos del Índico y de Japón, nunca oí usar la palabra latina, a pesar de ser la hermana mojada y salada de terremoto.  Así que el tsunami de tsunami de los medios de comunicación barrió la palabra maremoto del vocabulario activo (y más tarde pasivo) de gran parte de la población española y, supongo, occidental.


La otra palabra japonesa que ha triunfado en los informativos ha sido kamikaze, aunque en este caso quizá se pueda excusar porque carecemos de una palabra para atacante suicida.  Lo mismo que hace más de un siglo nadie sabía cómo llamar a esos veintidós ingleses que corrían sudorosos y enrojecidos tras una pelota en las minas de Huelva.



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El día del tsunami

Han pasado cuatro años de aquel 11 de marzo.  Ya conté en su momento cómo vivimos aquellas convulsas horas.  Hubo algo entre simbólico (o meramente casual) en el hecho de que yo saliera del país justo cuando Japón estaba sufriendo uno de los peores momento de su historia desde el verano de 1945.  A veces he pensado si no debería haberme quedado allí.  A fin de cuentas la mitad de mi familia estaba en peligro de terremoto severo y, más tarde, de contaminación radioactiva.  Pero los acontecimientos se sucedieron con un tempo extraño, que no nos permitió percatarnos de lo que estaba pasando hasta unas horas más tarde.  En mi caso, fui plenamente consciente de lo sucedido cuando vi la portada de The Times en el avión de París a Málaga y la gente me miraba como si acabara de llegar del infierno.  No faltaron los que aseguraban ver a mi alrededor un inquietante halo verde fluorescente.  

 

Del poco tiempo que me tocó vivir en alerta nacional, lo que más me llamó la atención (a mí y al mundo entero) fue el civismo y la calma de la población.  Japón volvió a demostrar su raigambre zen (o confuciana o sintoísta) y afrontó el desastre con el aplomo y frialdad que necesitan este tipo de situaciones.

 

En el aeropuerto internacional de Kansai (desde el que salía mi vuelo a París) compartí en silencio una pantalla de televisión con un grupo de estudiantes que iba de viaje a ver catedrales y museos.  Allí pudimos ver escenas como las que les muestro en las fotos más abajo.

 

Meses más tarde volví a Japón y fuimos de viaje al norte, para solidarizarnos como turistas con la zona de Tohoku.  El tren-bala (shinkansen) se detuvo un minuto en la estación de Fukushima, capital de la provincia en la que se encuentra la famosa central nuclear.  Luego llegamos a nuestra amada Matsushima.  El muchacho de la oficina de turismo nos dijo que éramos de los primeros extranjeros que llegaban desde el tsunami. En el hotel, situado a orillas la bahía, estaban de reapertura, porque el agua había inundado toda la planta baja.  En muchos comercios del paseo marítimo había marcas de la altura a la que había llegado el mar: más de un metro y medio.  A pesar de todo, la vida continuaba.  La idea oriental de adaptabilidad a los cambios (tan parmenídea) resultó especialmente útil.

 

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Del otro 11M, del nuestro, también opiné en su momento y también la población dio un ejemplo de solidaridad y calma que mereció el respeto de resto del mundo.  Lo que pasa es que ese 11M me provoca en paralelo un malestar y una rabia que no me apetecen rememorar en estos momentos.

 

Civilizadas colas para llamar por teléfono en la estación Shinjuku de Tokio ante la caída de las redes de telefonía móvil.
Civilizadas colas para llamar por teléfono en la estación Shinjuku de Tokio ante la caída de las redes de telefonía móvil.
Información del gobierno en todas las televisiones (aeropuerto internacional de Kansai).  Las zonas rojas de la costa eran las alertas por tsunami de distintas alturas. El aeropuerto está justo donde termina la línea roja que va de noreste a sudeste.
Información del gobierno en todas las televisiones (aeropuerto internacional de Kansai). Las zonas rojas de la costa eran las alertas por tsunami de distintas alturas. El aeropuerto está justo donde termina la línea roja que va de noreste a sudeste.
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A vueltas con la crisis

Tocando la pared exterior del jardín seco de Rioan-ji (Kioto).
Tocando la pared exterior del jardín seco de Rioan-ji (Kioto).

Hay momentos en los que uno se cansa de pensar y opta por que otros piensen por uno. (NOTA: un buen ejemplo de "por que" separado y sin tilde para mi clase de ortografía).  De ahí viene la antigua costumbre de escuchar a los viejos alrededor de la hoguera, a los filósofos alrededor del ágora, a Coelho alrededor de Facebook...

Pues bien, les traslado a continuación un cuento zen que me he topado por esos e-mundos de e-Dios:

 

Un rey decidió poner a prueba a su pueblo y colocó una gran piedra en medio de un camino principal.  Los comerciantes ricos se la encontraron, la bordearon como pudieron y fueron a ver al rey para protestar porque no tenía limpias y en condiciones de "usabilidad" las vías de comunicación de su reino.

Otro día el mismo rey se escondió tras un arbusto para observar la reacción de sus súbditos ante el obstáculo.  Entonces llegó un chaval cargado de verduras.  Se paró y tras unos instantes de duda, se puso a empujar la piedra para quitarla.  Dado que no consiguió moverla, se fue a buscar un palo y, aplicando la idea de Arquímedes, hizo palanca y la sacó del camino.  Donde había estado la piedra, el niño encontró un paquete con un tesoro de monedas de oro y un mensaje del rey en el que explicaba que el premio era de quien quitara la piedra del camino.

Y la moraleja ya la pueden imaginar.  Solo tras superar las dificultades aparecen las recompensas.  O en otras palabras: nadie ata lo perros con longanizas, ni da duros a cuatro pesetas.

 

Para terminar les dejo un poema de A propósito, que incide también en la idea de la inevitabilidad de los malos tragos:

 

A PROPÓSITO DE LAS CRISIS

 

 

 

¿Hubo algún tiempo,

pregunto,

alguna época remota,

algún recóndito periodo,

algún mísero día,

algún ínfimo minuto,

alguna resplandeciente civilización,

oculta bajo toneladas

de escombros, de cenizas, de olvido,

que nunca entrara en crisis,

que nunca sintiera que todo lo que quiso

todo lo que amó, creyó o tuvo

era poco más que

verdura de las eras,

que una brizna de hierba

en medio de la tormenta?

 

 

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